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SING 2 | Reseña sin spoilers

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¿Bono o Chayanne, de qué lado están? Los talentosos animales regresan para conquistar un escenario aún más grande. Acá te contamos cómo les fue.

Tal vez no sea la opinión más popular, pero cuando pude ver la primer entrega de “Sing” (2016) no me pareció para nada relevante, quizá algunos momentos tipo karaoke que hacen que valga la pena pero nada más, una película en general (para mí) olvidable. Es por eso que cuando salió esta secuela no fue algo que me emocionara, sin embargo (para bien o para mal) se separa un poco de la primera parte, apostando por aumentar el conflicto (aunque de manera algo forzada), la inclusión de nuevos personajes, entre ellos Bono, vocalista y líder de la banda irlandesa U2 en la versión de habla inglesa, pero compensando en el mercado latino con Chayanne “el supuesto padre de medio continente”, y en general una grandiosidad que se nota desde su animación y guion hasta su fastuoso cierre.

Tuvimos la oportunidad de asistir a la premier, donde Hanna y Ashley (del grupo “Ha*Ash”), Benny Ibarra, Roger González, Vadhir Derbez y el propio Chayanne (aunque en mensaje grabado) nos dieron la bienvenida y una sesión de preguntas y respuestas donde contaban lo que significó para ellos prestar de nuevo sus voces para estos personajes en su nueva aventura, quizá parte de que terminara disfrutando más la película, pero ya me estoy adelantando un poco.

¿DE QUÉ TRATA?

El talentoso equipo de simpáticos animales siguen triunfando en su teatro local, sin embargo eso no es suficiente para el siempre ambicioso y soñador Buster Moon (Benny Ibarra) quien pretende llevar su espectáculo a las grandes ligas, la majestuosa Redshore City (una especie de “Las Vegas”), para lo cual invita a la cazatalentos del poderoso Jimmy Crystal (Sebastián Martínez) quien le responde que no tiene lo necesario para dar el gran salto.

Por supuesto que Buster Moon no es de los que acepta un no por respuesta así que reúne a todo su equipo para dirigirse a Redshore City y buscar su gran oportunidad, la cual se les da gracias a la idea Gunter (Rubén Cerda), el problema es que el gancho de su show recae en la participación del gran Clay Calloway (Chayanne), una estrella retirada que no piensa regresar a los escenarios. Con un show que se va armando sobre la marcha, conflictos y nuevos retos personales, sin Clay Calloway de su lado, además de la presión del poderoso y maléfico Jimmy Crystal tras sus espaldas, es que se desarrolla esta nueva aventura, que pierde un poco de alma pero gana espectacularidad.

LO BUENO

Sin duda la superioridad técnica en comparación a su predecesora es muy evidente desde el principio (cinco años no pasan en vano), los colores se sienten mucho más vivos y la apuesta por grandes “coreografías” en majestuosos escenarios dejarán satisfechos a chicos y grandes.

El humor es otro de los temas que se revitaliza, los gags son más numerosos y aprovechan (sin necesariamente gastar) a su personaje más extravagante, sin embargo todos tienen su momento de brillar, lo cual beneficia constantemente una trama que en principio es algo simple y hasta repetitiva (nuevamente comparándola con su predecesora).

El entorno “karaoke” de la primera parte se mantiene pero esta vez pasa de manera más bien rápida y se va dejando lo mejor para el final, en realidad la fórmula es la misma, actualizando un poco los hits, pero cualquier producto que le presente a la niñez una canción de U2 o System of a Down en lugar de reggaetón, para mí tiene un punto extra.

El guion es efectivo y aprovecha lo construido en la primera parte como para que nos sintamos identificados con los personajes y lo que les ocurre, incluso con los nuevos, en ese sentido aunque apela a conflictos y resoluciones de manual, son suficientes tomando en cuenta que el target es el público infantil.

Sin duda el cierre (que además es bastante largo) es la cereza del pastel, el cual reúne las dosis de humor, drama y hasta emotividad que la película necesita para que toda clase de espectador salga contento de la sala.

LO MALO

Siendo fríos y justos, “Sing 2” es una secuela que no debió existir, que sabemos que está en salas por meras razones económicas, en ese sentido poco ofrece como continuación de una historia que incluso parece una historia aparte, algunos elementos rescatables de la primera parte se diluyen o por el contrario se exageran en la búsqueda de un mayor interés, lo que provoca que se pierda algo del corazón de los personajes, pero esto no será ningún problema para los niños o las personas que buscan una historia simple, fluida y entretenida.

En este sentido, la mayoría de las situaciones y conflictos que tienen que atravesar los personajes son muy forzados, es cierto que se compensa con la espectacularidad de las imágenes y alguno que otro toque tanto de humor como de sentimentalismo. En un tratamiento serio, el tenaz Buster Moon se va convirtiendo en un necio que logra su cometido a costa de lo que sea, la feminista Ash es reducida a una corista, la empoderada Rosita es ahora una temerosa cerdita a la que le dan chance de trabajar mientras el esposo puede cuidar a los niños, el carismático Johnny pasa a segundo lugar entre tantos personajes y así podría seguir con prácticamente todos los personajes. Evidentemente nada de ello será un obstáculo para que los niños la gocen pero en este sentido, el mensaje de la primera película era más claro y positivo.

Contrario a la primer película, la decisión de no doblar prácticamente ninguna canción al español será una decisión controversial, si bien yo estoy feliz de que no hayan destrozado una canción de U2, el mensaje (de nuevo) era más poderoso en la canción doblada de la primera parte, lo que en este caso solo servirá de alivio para los padres de los niños (y fanáticos de los irlandeses).

VEREDICTO

“Sing 2” pasa a formar parte de la lista de secuelas que superan a la original en muchos sentidos (flaquea en otros, como se señaló en párrafos anteriores), pero este sacrificio de profundidad por espectacularidad va a funcionar en taquilla, ya que su guion simple y forzado está apuntalado con buenas dosis de humor y escenas entretenidas que quizá no tienen otro sentido más que mantener a los niños despiertos (y a los adolescentes y adultos también) y en ese aspecto lo logra con creces.

Quizá no sea la película que mantenga a toda la sala cantando los hits (como quizá si logró la anterior), pero también les resta importancia al hacerlos parte de un espectáculo mayor que a final de cuentas resultará en ojos abiertos y expectantes por el destino de los personajes y sus dificultades para lograr sus sueños.

En resumen, creo que es una película que responde más a los acelerados tiempos en los que nos encontramos, en donde (al igual que la mayoría de canciones que aparecen) solo se busca generar la mayor ganancia en el menor tiempo posible mientras esté de moda, lo que en definitiva no la hace un producto perdurable pero si entretenido y que vale mucho la pena ver en pantalla grande, en lo particular yo disfruté mucho el recorrido de los personajes, a pesar de ser un camino que ya había visto con anterioridad, donde el mejoramiento del paisaje (y de un evidente presupuesto) hace que sea muy probable que ignoremos su falta de corazón, pero recibiremos gustosos un digno producto de entretenimiento que intentará suplir este corazón por algo más artificial, quizá tan cercano a lo original que ni cuenta nos daremos al salir de la sala, pero ya serán ustedes quienes juzguen si supera o no a su primera parte.

Encuentran “Sing 2” en salas nacionales a partir del 22 de diciembre, su papá Chayanne estará muy orgulloso de que acudan a verla.

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Jumanji: En el Mundo Real promete mucha acción

Sony Pictures ha lanzado un nuevo tráiler de Jumanji: En el Mundo Real, una entrega cargada de acción y momentos hilarantes.

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Jumanji

Sony Pictures ha lanzado un nuevo tráiler de Jumanji: En el Mundo Real, una entrega cargada de acción y momentos hilarantes.

Sony Pictures ha presentado un nuevo avance de Jumanji: Open World, que ofrece un vistazo divertido y lleno de acción al capítulo final de esta trilogía (y, probablemente, a la última película de Jumanji con este reparto).

En este adelanto, vemos cómo Jumanji y el mundo real colisionan, liberando bestias prehistóricas y personajes de videojuegos en la ciudad de Boston.

La situación es especialmente crítica, ya que Spencer, su madre, su primo pequeño y un peculiar habitante local terminan encarnando a los ya conocidos avatares del videojuego.

En esta ocasión, el grupo debe completar el juego y derrotar al villano antes de que se agote el tiempo, todo ello sin contar con vidas adicionales.

En general, la película promete ser muy entretenida, manteniéndose fiel al estilo de sus predecesoras: cine pensado para disfrutar con palomitas.


El gran éxito de la franquicia de Jumanji


Jumanji: Welcome to the Jungle, estrenada en 2017, fue un éxito tanto de crítica como de público; obtuvo una puntuación del 76 % en Rotten Tomatoes y recaudó 963 millones de dólares a nivel mundial, partiendo de un presupuesto de 90 millones.

The Next Level, de 2019, recibió críticas algo menos entusiastas —un 71 % en Rotten Tomatoes—, pero aun así triunfó en taquilla al recaudar 802 millones de dólares en todo el mundo.

En conjunto, ambas películas sumaron más de 1700 millones de dólares, consolidando a la franquicia como una de las propiedades más rentables de Sony.

Tras un intervalo de siete años desde la entrega anterior, queda por ver si el público responderá a este tercer capítulo.

Jumanji: En el Mundo Real está protagonizada por Dwayne Johnson, Jack Black, Kevin Hart, Karen Gillan, Alex Wolff, Madison Iseman, Morgan Turner, Ser’Darius Blain, Rhys Darby, Nick Jonas y Danny DeVito.

La película está producida por Matt Tolmach, Jake Kasdan, Dwayne Johnson, Dany Garcia y Hiram Garcia. Los productores ejecutivos son Barry Waldman, Melvin Mar, William Teitler, Ted Field, Mike Weber, Chris Van Allsburg, Jeff Pinkner y Scott Rosenberg.

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CLAYFACE | RESEÑA

Una tragedia convertida en un thriller de venganza con toques de body horror es lo que nos espera con Clayface

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Clayface

Una tragedia convertida en un thriller de venganza con toques de body horror y que demuestra que DC Studios sabe apostar por sus villanos.

Contra todo pronóstico, Clayface demuestra el cómo sí se puede hacer una buena cinta en solitario de un villano de cómic (sin que sea el Joker) y hasta aprovechando la propia naturaleza del personaje para salir de la tradicional película de cómic y en su lugar darnos un thriller; es por eso que Clayface es una de las mejores sorpresas del año en el cine, siendo una adaptación muy bien lograda de uno de los villanos más trágicos de DC Comics que entiende perfectamente a su protagonista, respeta los elementos que lo hicieron especial en los cómics y construye una historia de origen aterrizada a los tiempos modernos, sin necesidad de depender de Batman para mantenernos al filo del asiento de principio a fin.

No es terror, sino un thriller de venganza con toques de body horror.

Dirigida por James Watkins, esta producción de DC Studios apuesta por un thriller oscuro con elementos de horror corporal (body horror), una combinación que funciona mucho mejor de lo que podríamos imaginar y que nos atrapa de principio a fin; la historia sigue a Matt Hagen (Tom Rhys Harries), un actor que está a punto de alcanzar la cima de su carrera en Hollywood, sin embargo, su futuro cambia por completo cuando un violento encuentro con un jefe criminal lo deja horriblemente desfigurado, destruyendo no solamente su apariencia, sino también su carrera y buena parte de su vida.

Abandonado por quienes antes lo rodeaban y desesperado por recuperar lo que perdió, Matt encuentra una posible solución en la doctora Caitlyn Corr (Naomi Ackie), una científica que desarrolla un tratamiento experimental capaz de regenerar el tejido celular con nanotecnología, pero lo que parecía una segunda oportunidad, termina convirtiéndose en una auténtica pesadilla, pues el procedimiento tiene consecuencias inesperadas que transformarán a Hagen física y mentalmente, empujándolo hacia un camino de violencia y venganza.

La tragedia detrás del villano.

Lo interesante es que Clayface no presenta a su protagonista como un monstruo desde el primer momento, por el contrario, nos permite conocer al hombre que existe detrás de esa apariencia, comprender sus aspiraciones y sentir el peso de las tragedias que lo conducen hasta su inevitable transformación, una fórmula que ya ha sido probada que funciona muy bien cuando se sabe ejecutar (cof cof Batman La Serie Animada cof cof).

Y aquí es donde la película demuestra que entendió perfectamente al personaje, Matt Hagen no es simplemente un villano con poderes para modificar su rostro; es alguien cuya identidad, su vida, está profundamente ligada a su apariencia, de ahí el gran miedo al haberlo perdido y su gran desesperación por recuperarlo. Por ello su tragedia funciona, porque se lograr llevar de una manera muy coherente y sobretodo, entretenida, la caída en espiral de Matt hacia la obscuridad.

Ciertamente la dirección y fotografía elevan mucho a la película, así como las actuaciones, sobre todo la de nuestro protagonista Tom Rhys Harries, quien derrocha carisma y calidez, pero también sabiendo reflejar ese dolor y trauma que lo lleva a volverse un ser vengativo, haciendo entendible su transformación al monstruo que conoceríamos como Clayface.

Una adaptación que entiende los cómics.

El guion, escrito por Mike Flanagan y Hossein Amini, con una historia de Flanagan, encuentra la manera de ser un un thriller de venganza con toques de drama y por supuesto horror corporal, siendo de lo mejor el cómo se aprovecha al personaje para fusionar estos géneros y además, explotar las propias  habilidades de Clayface y entregarnos muertes creativas.

Debo ser muy enfático, NO es una película de terror, aunque sí cuenta con elementos de horror corporal, los cuales junto a los momentos más obscuros de la película, funcionan muy bien gracias a sus efectos visuales, logrando transmitir lo grotesco y perturbador de su nueva condición, pero también funcionan como una extensión de su deterioro emocional e incluso como recurso narrativo para darnos momentos incómodos, impactantes y visualmente inquietantes, sin perder de vista el drama que hay detrás de ellos.

Sus pequeños tropiezos.

Aunque estamos ante una buena película, también tiene algunos detalles que pudieron trabajarse mejor; uno de ellos es el desarrollo del vínculo entre Matt y la doctora Caitlyn Corr y es que pareciera muy acelerada la manera en la que se desarrolla la atracción y el interés romántico que surgen entre ambos. Pese a que el propio guion ayuda a entender este conflicto, pareciera que faltó un poco de desarrollo, más cuando conforme avanza la trama, se vuelve fundamental para las decisiones de sus personajes.

El otro punto mejorable es el cierre; no porque sea un mal final, sino porque la película acelera ciertos acontecimientos cuando más necesita detenerse a explorar sus consecuencias emocionales y que de hecho es un tropiezo que se arrastra por lo señalado en el párrafo anterior.

Conclusión. 

Clayface es una de las mejores sorpresas del año y una demostración de que DC Studios puede encontrar grandes historias en personajes que no necesariamente gozan de la popularidad de Batman, Superman o el Joker. La película comprende a Matt Hagen, aprovecha su trasfondo y naturaleza para construir un thriller con horror corporal y venganza y que se disfruta aún más gracias a sus buenos efectos y nos recuerda que un villano no necesita ser el protagonista de una gran amenaza mundial para sostener una película en solitario. Basta con tener una historia interesante, un conflicto bien planteado y un equipo creativo que entienda qué hace especial al personaje. 

Clayface ya se estrenó en cines y no tiene escenas postcréditos.

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Clayface | Reseña
Overall
4.5
  • Guion e historia
  • Dirección
  • Actuaciones
  • Efectos

Clayface | Reseña

Clayface es una de las mejores sorpresas del año y una demostración de que DC Studios puede encontrar grandes historias en personajes que no necesariamente gozan de la popularidad de Batman, Superman o el Joker. La película comprende a Matt Hagen, aprovecha su trasfondo y naturaleza para construir un thriller con horror corporal y venganza y que se disfruta aún más gracias a sus buenos efectos y nos recuerda que un villano no necesita ser el protagonista de una gran amenaza mundial para sostener una película en solitario. Basta con tener una historia interesante, un conflicto bien planteado y un equipo creativo que entienda qué hace especial al personaje. 

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STREET FIGHTER | RESEÑA

Street Fighter es una película que parece entender qué hace reconocible a la franquicia pero se queda muy corta.

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Llega a los cines una nueva película de Street Fighter. ¿Qué tal está? Sin medias tintas, la puedes amar u odiar.

Las adaptaciones de videojuegos al cine no siempre salen bien y Street Fighter es un claro ejemplo de lo complicado que puede ser trasladar una franquicia tan querida a la pantalla grande, primero con una cinta que se volvió de culto por las razones “correctas” y después con una cinta sin alma. Ahora y titulada simplemente como Street Fighter, llega la que ha prometido ser “la mejor adaptación” en acción real de uno de los juegos más icónicos de la historia.

¿El problema? Que esta película de Street Fighter cree entender a la franquicia y a los fans más clavados, cuando en realidad apunta a los jugadores o fans más casuales o a quienes apenas y conocen este juego (lo cual para nada tiene algo de malo) siendo quienes encontrarán una película divertida y llena de acción; pero si eres un fan de hueso colorado que conoce el “lore” de esta increíble saga de videojuegos (y tu personaje favorito es Bison), te sugiero tomes tus precauciones.

El Torneo Mundial regresa.

Dirigida por  por Kitao Sakurai  y ambientada en 1993, la historia sigue a Ryu (Andrew Koji) y Ken Masters (Noah Centineo), quienes tras los hechos del primer Torneo Mundial tomaron caminos separados y se han distanciados. Sin embargo ambos vuelven a la acción cuando la misteriosa Chun-Li (Callina Liang) los recluta para participar en el próximo Torneo Mundial organizado por M. Bison ( David Dastmalchian). Pero detrás de este Torneo, su organizador oculta un propósito siniestro para volverse el ser más poderoso, por lo que quienes alguna vez fueron los mejores amigos y rivales, tendrán que conciliar sus diferencias para salir adelante.

Lo bueno de Street Fighter: las peleas y el fanservice que los fans merecen.

Si hay algo que Street Fighter logra hacer muy bien es trasladar los combates de los videojuegos a la pantalla grande: las escenas de acción son uno de sus mayores aciertos, con coreografías muy bien ejecutadas que consiguen transmitir la intensidad de los enfrentamientos y, sobre todo, respetar los movimientos y ataques especiales que han definido a sus personajes durante décadas.

Sin embargo, lo más interesante llega con los flashbacks, que terminan siendo los momentos más sólidos de la película en cuanto a su relación con el material original. Es ahí donde la cinta demuestra un mayor respeto por el pasado de Ryu y Ken, recuperando elementos fundamentales de su historia y atreviéndose a llevar al terreno mainstream la relación que ambos mantienen con su maestro, Gouken, así como la presencia de Akuma (Joe “Roman Reigns” Anoa’i) en su legado. Estos momentos no solamente funcionan como un guiño para quienes conocen la franquicia, sino que también permiten acercar parte de su mitología a quienes nunca han profundizado demasiado en ella.

El fanservice también juega un papel importante, tanto en los ya citados movimientos, como en las referencias y los elementos reconocibles de los juegos están presentes para recordarnos por qué estos personajes se han convertido en iconos de la cultura popular. El problema es que ese mismo fanservice termina siendo un arma de doble filo: reconocer un ataque o identificar una referencia puede provocar una sonrisa, pero eso no necesariamente significa que el personaje esté bien adaptado o que la historia haga justicia a su legado, porque una cosa es reconocer a Ryu, Ken o Akuma en pantalla y otra muy distinta es sentir que estamos viendo a los personajes que conocemos.

Lo malo: demasiado humor (rayando en lo absurdo y personajes reducidos a una mala parodia).

El principal problema de Street Fighter: La Película es que cree entender lo que significa esta franquicia y lo que hay detrás, si bien es un juego que cualquier persona puede disfrutar sin necesidad de saber ni conocer que cada personaje tiene su historia y un interesante y rico lore, también es cierto que quienes somos fans de hueso colorado y conocemos ese trasfondo, nos tomamos muy en serio su historia por lo propiamente bien construidos que están sus personajes.

Porque sí, Street Fighter cuenta con una rica historia que ha sido muy bien contada a lo largo de seis juegos y tres precuelas, por lo que el ver que reduzcan a personajes tan importantes en esta película a mal logrados chistes, la verdad es que duele.

El gran problema de Street Fighter

Empecemos con el que es el más evidente problema: El exceso de humor. Ya que la película apuesta constantemente por los chistes, incluso en momentos que necesitan mayor seriedad y que hasta terminan rompiendo la solemnidad de situaciones que deberían tener un peso emocional o narrativo.

Lo que en ocasiones podría funcionar como una manera de aligerar el tono acaba convirtiéndose en una sucesión de situaciones absurdas que le restan fuerza a la historia.

Esto resulta especialmente evidente con Ryu y Ken, dos de los personajes más emblemáticos de la franquicia y es comprensible que la intención sea presentar versiones más jóvenes de ambos, con una personalidad más relajada y aterrizada al mundo real.

Sin embargo, una cosa es explorar una faceta distinta de los personajes y otra ridiculizarlos hasta el punto de que pierdan buena parte de su identidad.

El resultado puede provocar algunas risas, pero también deja la sensación de que la película no termina de comprender qué representan estos luchadores dentro del universo de Street Fighter.

Y si hablamos de personajes maltratados, M. Bison (David Dastmalchian) se lleva una de las peores partes y es que en teoría, estamos ante el villano principal de la historia, una figura cuya presencia debería imponer respeto y transmitir una amenaza constante.

No obstante, la película lo convierte en una caricatura de villano genérico y un extraño fetiche por los pies, con una caracterización que poco tiene que ver con la imagen imponente que ha construido a lo largo de los años.

Su historia y sus motivaciones parecen un intento poco convincente de adaptar los elementos que conocemos de los videojuegos, mientras que su peculiar obsesión con los pies se convierte en uno de los recursos humorísticos más desconcertantes de la cinta, inclusive degradando su famoso Psycho Power a un simple poder que le quita a los demás y no me pueden decir que es una película para los fans si se le da un trato como este a uno de los villanos más icónicos de los videojuegos.

Street Fighter tiene momentos que demuestran el potencial de llevar esta franquicia al cine, pero también decisiones que evidencian lo fácil que es confundir el fanservice con una verdadera adaptación.

El problema no es únicamente que la película se tome libertades con Bison, sino que parece desconocer el peso que tiene como antagonista dentro de la franquicia. Su presencia debería ser una de las grandes fortalezas de la historia, pero termina diluida entre bromas y situaciones que lo alejan de la amenaza que representa en los juegos. Los chistes relacionados con los pies, además de repetitivos, resultan excesivos e incómodos, hasta el punto de convertirse en una distracción que perjudica al personaje en lugar de enriquecerlo.

La situación tampoco mejora demasiado con el resto del elenco, varios personajes importantes quedan relegados a apariciones breves, un par de chistes o alguna característica exagerada que parece diseñada únicamente para provocar una reacción inmediata. Incluso algunos recurren a extraños gestos faciales que refuerzan la sensación de estar ante una caricatura antes que ante una adaptación que busque desarrollar sus personalidades. Ken, por ejemplo, termina funcionando en demasiadas ocasiones como un simple objeto de comedia, con poco espacio para explorar sus conflictos, motivaciones o la complejidad de su relación con Ryu.

Y es precisamente ahí donde la película pierde una oportunidad importante. Street Fighter cuenta con un universo repleto de rivalidades, tragedias personales, conflictos de honor y personajes con historias que merecen ser exploradas. No era necesario convertir cada escena en un momento dramático, pero sí encontrar un equilibrio entre la comedia y el respeto por la identidad de sus protagonistas; en cambio, la cinta parece confiar demasiado en que las referencias y las situaciones absurdas serán suficientes para sostener una historia que necesitaba mucho más desarrollo.

Y es imposible no sentir pena ajena al denotar tantos “chistes” relacionados a un extraño fetiche por los pies.

Independientemente delo anterior, la cinta deja al aire muchos conceptos o explicaciones sobre las motivaciones o poderes de varios de los personajes asumiendo que el público las conoce, lo cual resulta contrastante pues insisto, los más fans, como su servidor, pueden llegar a sentirse alienado con la ejecución de esta adaptación.

Conclusión / ¿Para quién es esta película?

Al final, Street Fighter es una película que parece entender qué elementos hacen reconocible a la franquicia, pero no necesariamente entiende lo que la convierte en algo especial. Incluir cameos, reproducir los movimientos de los videojuegos, recuperar trajes emblemáticos y llenar la pantalla de referencias no equivale a comprender el legado de una de las sagas de lucha más queridas de la industria.

Si conoces poco o nada de su historia y disfrutas principalmente de los combates y las retas, lo cual está perfectamente bien, probablemente encontrarás una película entretenida, con buenas coreografías y suficiente espectáculo para pasar un buen rato.

Pero si son fans de hueso colorado, conocen el trasfondo de sus personajes y esperaban una adaptación que respete su identidad más allá de lo visual, es muy probable que salgan de la sala con algunas quejas. Street Fighter tiene momentos que demuestran el potencial de llevar esta franquicia al cine, pero también decisiones que evidencian lo fácil que es confundir el fanservice con una verdadera adaptación.

Street Fighter se estrena este 15 de octubre en cines.

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Street Fighter (2026) | Reseña
Overall
3.5
  • Escenas de acción y fanservice
  • Dirección
  • Efectos especiales
  • Guion

Street Fighter (2026) | Reseña

Al final, Street Fighter es una película que parece entender qué elementos hacen reconocible a la franquicia, pero no necesariamente entiende lo que la convierte en algo especial. Incluir cameos, reproducir los movimientos de los videojuegos, recuperar trajes emblemáticos y llenar la pantalla de referencias no equivale a comprender el legado de una de las sagas de lucha más queridas de la industria. Si conoces poco o nada de su historia y disfrutas principalmente de los combates y las retas, lo cual está perfectamente bien, probablemente encontrarás una película entretenida, con buenas coreografías y suficiente espectáculo para pasar un buen rato. Pero si son fans de hueso colorado, conocen el trasfondo de sus personajes y esperaban una adaptación que respete su identidad más allá de lo visual, es muy probable que salgan de la sala con algunas quejas. Street Fighter tiene momentos que demuestran el potencial de llevar esta franquicia al cine, pero también decisiones que evidencian lo fácil que es confundir el fanservice con una verdadera adaptación.

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