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“THOR: AMOR Y TRUENO” (2022) | Reseña sin spoilers

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Taika Watiti regresa con una historia en la que pareciera no tuvo límites por parte del estudio, pero ¿eso es positivo o negativo para el Dios del Trueno? Acá te contamos.

El particular sentido del humor del director neozolandés funciona bastante bien en algunas ocasiones (“Lo que hacemos en las sombras”, “JoJo Rabbit”), pero en el caso específico de Thor, llevó al personaje a los límites de la parodia (“Thor: Ragnarok”) dividiendo incluso al público asiduo al Universo Cinematográfico Marvel, a pesar de las opiniones dispares, la película fue un éxito, y le aseguró su continuidad al frente del hijo de Odín, no solo eso, parece que el estudio le permitió que le diera rienda suelta a su imaginación y extravagancias con un presupuesto que se nota en pantalla.

El tráiler no hizo más que aumentar el hype, al regresar ciertos elementos que pensamos no veríamos en una película en solitario de Thor, así como una colorida y trepidante introducción aderezada por música rock de los ochentas para apelar a la nostalgia, tal como lo ha logrado la exitosa “Stranger Things” y como el propio Waititi lo hizo con Led Zeppelin en la escena más importante de Ragnarok. Pero es común que el tráiler y el hype sean traicioneros con respecto al resultado final, así que para tener un mejor panorama, te contamos los pros y los contras, sin ningún spoiler para que la disfrutes de principio a fin.

¿De qué trata “Thor: Love and Thunder”?

La película se ayuda del parlanchín Korg (doblado por el propio director) para situarnos en los eventos posteriores a Ragnarok y Endgame, en donde ahora Thor se encuentra en un estado casi zen, el cual solamente abandona cuando su ayuda es inminente, cosa que ocurre bastante rápido en pantalla y nos permite que la aventura se centre en la nueva amenaza: Gorr, El Carnicero de Dioses.

Como su nombre lo indica, Gorr es un imparable enemigo cuyas razones quedan bien establecidas al principio de la historia y que está causando caos en todo el universo conocido, ya que su paso no solo deja sin dioses a las civilizaciones, sino que además la destrucción y vulnerabilidad de los seres vivos que encuentran su camino de venganza es suficiente como para sacar permanentemente de su retiro al dios del Trueno y tome cartas en el asunto de manera personal.

Sin embargo no todo es miel sobre hojuelas en la vida del hijo de Asgard, la muerte y las decepciones lo han rondado de cerca desde incluso antes de su incorporación a Los Vengadores, todos esos miedos e indecisiones le persiguen y serán un obstáculo más a saltar en la ya complicada misión de salvar el universo.

LO BUENO

La película brilla por su fluidez, prácticamente no hay momento de descanso ya que incluso los ratos más apacibles están acompañados del humor de Taika Watiti (para bien o para mal).

Las constantes escenas de acción están aderezadas por un buen soundtrack que realza lo que vemos en pantalla y que de manera general están bien logradas, aunque quizá por la complejidad de las imágenes y ambición visual de lo que se quiere representar, por momentos se queda corta, en un nivel casi caricaturesco pero que no perjudicará la experiencia del público menos exigente.

Si bien la construcción es algo formulaica, la llegada del tercer acto cuenta con los suficientes elementos tanto de emoción como de emotividad para cerrar bien una historia que por lo demás ofrece poca originalidad, fuera de los excesos del director.

El nivel actoral es adecuado al tono casi fársico de la película, lo que no lo hace necesariamente malo, pero sobresale (quizá por lo mismo) la gran actriz Natalie Portman, quien posiblemente tenga los momentos de acción más elaborados, pero más aún, el comprometido Christian Bale que está en un rango actoral muy por encima de cualquier héroe o villano en Marvel, que hace que la amenaza se sienta real a pesar de su “frágil” aspecto.

En el terreno artístico, el director y su cinematógrafo Barry Baz Idoine (“The Mandalorian”) elevan las apuestas en cierta escena que se nota compleja en cuanto al uso de la luz y color, la cual no es perfecta pero puede volverse el segundo momento más memorable de la película.

LO MALO

Los excesos visuales y narrativos de la película van a dividir aún más a los espectadores en comparación a lo que sucedió con Ragnarok, ya que incluso para los que la hayan disfrutado podría parecer demasiado, es este mismo tono de constante humor (pero humor a la Waititi) lo que estorba en la construcción de situaciones más dramáticas que hagan que nos interesen más los personajes, es decir, las situaciones de drama están ahí, pero el humor opaca su desarrollo.

El tono que Taika Waititi le ha brindado a este personajes le parecerá ridículo a una parte del público, sobre todo aquellos que estén esperando algo distinto a lo que vimos en la entrega anterior, la mala noticia (para mí) es que no es igual, sino incluso peor.

La gran actuación de Christian Bale se ve perjudicada por su poca exposición (de otra forma se hubiera llevado la película), pero también por el arco argumental al que dirigen su personaje, uno de los pocos en todo el UCM que tiene un objetivo válido y proveniente enteramente del odio, en contra del final del cual no expondré nada más.

De manera muy general (salvo ciertos momentos) la película está más cercana a ser un pegote de sketches que una propuesta sólida, y podría ser entendible si ésta fuera totalmente familiar, porque mucho del nivel de comedia está a un nivel muy primario e infantil, sin embargo su clasificación PG-13 (al menos en Estados Unidos de Norteamerica) da pie al uso intermitente de temáticas más adultas, lo que lo vuelve un producto más bien confuso en cuanto a su objetivo de audiencia.

VEREDICTO

Es una verdadera lástima que la descripción constante para este tipo de películas sea el de “un escalón más” en el gran y ambicioso constructo del UCM ¿Cuántos “escalones” más podrá soportar la audiencia antes de que llegue (si es que llega) otra película memorable? Al parecer varios porque Disney/Marvel está estirando la cuerda hasta grados insospechados y la taquilla no parece verse afectada en lo más mínimo, por lo que “Thor: Love and Thunder” está destinado a ser igual de rentable que cualquiera, pero lejos de ingresar en las escalas más altas en cuanto a calidad y propuesta se refiere.

La película tiene mucho para agradar a un público variopinto, es rescatable, por ejemplo, la decepción ante los dioses y su aparente indiferencia (tema espiritual que ha aquejado a la humanidad desde que existe), pero es también el revoltijo de tonos en el que se convierte, tanto de humor como de narrativa visual, lo que le generará sus principales detractores, inteligentemente tienden la alfombra para una continuación que irremediablemente tendremos que ver también, pero Thor se ha convertido poco a poco en un chiste que está comenzando a gastarse (si no es que ya se gastó) y necesita urgentemente un cambio de rumbo en su siguiente movimiento si es que quiere salvar un barco que está por hundirse.

Definitivamente no es la peor película que he visto últimamente y se rescata apenas de convertirse en una pérdida de tiempo, como producto palomero y de entretenimiento es apenas cumplidor, sobre todo gracias a que se resiste a que el público se aburra (aunque con gags facilones y constantes), lo que la hacen un producto (apenas) aceptable, además de las grandes actuaciones que mencioné y los siempre reconfortantes easter eggs y cameos que hacen que todos asumamos la posición del meme de Leonardo DiCaprio.

Fuera de eso es una recomendación solo aceptable para todos los que estén atrapados por el UCM o no tengan una mejor opción en la sala de cine, pero como siempre será usted el que mejor juzgue si Taika Watiti merece o no seguir al frente de este proyecto y para ello lo invito a que acuda a su sala de cine preferida a partir del 7 de julio a nivel nacional.

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CLAYFACE | RESEÑA

Una tragedia convertida en un thriller de venganza con toques de body horror es lo que nos espera con Clayface

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Clayface

Una tragedia convertida en un thriller de venganza con toques de body horror y que demuestra que DC Studios sabe apostar por sus villanos.

Contra todo pronóstico, Clayface demuestra el cómo sí se puede hacer una buena cinta en solitario de un villano de cómic (sin que sea el Joker) y hasta aprovechando la propia naturaleza del personaje para salir de la tradicional película de cómic y en su lugar darnos un thriller; es por eso que Clayface es una de las mejores sorpresas del año en el cine, siendo una adaptación muy bien lograda de uno de los villanos más trágicos de DC Comics que entiende perfectamente a su protagonista, respeta los elementos que lo hicieron especial en los cómics y construye una historia de origen aterrizada a los tiempos modernos, sin necesidad de depender de Batman para mantenernos al filo del asiento de principio a fin.

No es terror, sino un thriller de venganza con toques de body horror.

Dirigida por James Watkins, esta producción de DC Studios apuesta por un thriller oscuro con elementos de horror corporal (body horror), una combinación que funciona mucho mejor de lo que podríamos imaginar y que nos atrapa de principio a fin; la historia sigue a Matt Hagen (Tom Rhys Harries), un actor que está a punto de alcanzar la cima de su carrera en Hollywood, sin embargo, su futuro cambia por completo cuando un violento encuentro con un jefe criminal lo deja horriblemente desfigurado, destruyendo no solamente su apariencia, sino también su carrera y buena parte de su vida.

Abandonado por quienes antes lo rodeaban y desesperado por recuperar lo que perdió, Matt encuentra una posible solución en la doctora Caitlyn Corr (Naomi Ackie), una científica que desarrolla un tratamiento experimental capaz de regenerar el tejido celular con nanotecnología, pero lo que parecía una segunda oportunidad, termina convirtiéndose en una auténtica pesadilla, pues el procedimiento tiene consecuencias inesperadas que transformarán a Hagen física y mentalmente, empujándolo hacia un camino de violencia y venganza.

La tragedia detrás del villano.

Lo interesante es que Clayface no presenta a su protagonista como un monstruo desde el primer momento, por el contrario, nos permite conocer al hombre que existe detrás de esa apariencia, comprender sus aspiraciones y sentir el peso de las tragedias que lo conducen hasta su inevitable transformación, una fórmula que ya ha sido probada que funciona muy bien cuando se sabe ejecutar (cof cof Batman La Serie Animada cof cof).

Y aquí es donde la película demuestra que entendió perfectamente al personaje, Matt Hagen no es simplemente un villano con poderes para modificar su rostro; es alguien cuya identidad, su vida, está profundamente ligada a su apariencia, de ahí el gran miedo al haberlo perdido y su gran desesperación por recuperarlo. Por ello su tragedia funciona, porque se lograr llevar de una manera muy coherente y sobretodo, entretenida, la caída en espiral de Matt hacia la obscuridad.

Ciertamente la dirección y fotografía elevan mucho a la película, así como las actuaciones, sobre todo la de nuestro protagonista Tom Rhys Harries, quien derrocha carisma y calidez, pero también sabiendo reflejar ese dolor y trauma que lo lleva a volverse un ser vengativo, haciendo entendible su transformación al monstruo que conoceríamos como Clayface.

Una adaptación que entiende los cómics.

El guion, escrito por Mike Flanagan y Hossein Amini, con una historia de Flanagan, encuentra la manera de ser un un thriller de venganza con toques de drama y por supuesto horror corporal, siendo de lo mejor el cómo se aprovecha al personaje para fusionar estos géneros y además, explotar las propias  habilidades de Clayface y entregarnos muertes creativas.

Debo ser muy enfático, NO es una película de terror, aunque sí cuenta con elementos de horror corporal, los cuales junto a los momentos más obscuros de la película, funcionan muy bien gracias a sus efectos visuales, logrando transmitir lo grotesco y perturbador de su nueva condición, pero también funcionan como una extensión de su deterioro emocional e incluso como recurso narrativo para darnos momentos incómodos, impactantes y visualmente inquietantes, sin perder de vista el drama que hay detrás de ellos.

Sus pequeños tropiezos.

Aunque estamos ante una buena película, también tiene algunos detalles que pudieron trabajarse mejor; uno de ellos es el desarrollo del vínculo entre Matt y la doctora Caitlyn Corr y es que pareciera muy acelerada la manera en la que se desarrolla la atracción y el interés romántico que surgen entre ambos. Pese a que el propio guion ayuda a entender este conflicto, pareciera que faltó un poco de desarrollo, más cuando conforme avanza la trama, se vuelve fundamental para las decisiones de sus personajes.

El otro punto mejorable es el cierre; no porque sea un mal final, sino porque la película acelera ciertos acontecimientos cuando más necesita detenerse a explorar sus consecuencias emocionales y que de hecho es un tropiezo que se arrastra por lo señalado en el párrafo anterior.

Conclusión. 

Clayface es una de las mejores sorpresas del año y una demostración de que DC Studios puede encontrar grandes historias en personajes que no necesariamente gozan de la popularidad de Batman, Superman o el Joker. La película comprende a Matt Hagen, aprovecha su trasfondo y naturaleza para construir un thriller con horror corporal y venganza y que se disfruta aún más gracias a sus buenos efectos y nos recuerda que un villano no necesita ser el protagonista de una gran amenaza mundial para sostener una película en solitario. Basta con tener una historia interesante, un conflicto bien planteado y un equipo creativo que entienda qué hace especial al personaje. 

Clayface ya se estrenó en cines y no tiene escenas postcréditos.

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Clayface | Reseña
Overall
4.5
  • Guion e historia
  • Dirección
  • Actuaciones
  • Efectos

Clayface | Reseña

Clayface es una de las mejores sorpresas del año y una demostración de que DC Studios puede encontrar grandes historias en personajes que no necesariamente gozan de la popularidad de Batman, Superman o el Joker. La película comprende a Matt Hagen, aprovecha su trasfondo y naturaleza para construir un thriller con horror corporal y venganza y que se disfruta aún más gracias a sus buenos efectos y nos recuerda que un villano no necesita ser el protagonista de una gran amenaza mundial para sostener una película en solitario. Basta con tener una historia interesante, un conflicto bien planteado y un equipo creativo que entienda qué hace especial al personaje. 

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STREET FIGHTER | RESEÑA

Street Fighter es una película que parece entender qué hace reconocible a la franquicia pero se queda muy corta.

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Llega a los cines una nueva película de Street Fighter. ¿Qué tal está? Sin medias tintas, la puedes amar u odiar.

Las adaptaciones de videojuegos al cine no siempre salen bien y Street Fighter es un claro ejemplo de lo complicado que puede ser trasladar una franquicia tan querida a la pantalla grande, primero con una cinta que se volvió de culto por las razones “correctas” y después con una cinta sin alma. Ahora y titulada simplemente como Street Fighter, llega la que ha prometido ser “la mejor adaptación” en acción real de uno de los juegos más icónicos de la historia.

¿El problema? Que esta película de Street Fighter cree entender a la franquicia y a los fans más clavados, cuando en realidad apunta a los jugadores o fans más casuales o a quienes apenas y conocen este juego (lo cual para nada tiene algo de malo) siendo quienes encontrarán una película divertida y llena de acción; pero si eres un fan de hueso colorado que conoce el “lore” de esta increíble saga de videojuegos (y tu personaje favorito es Bison), te sugiero tomes tus precauciones.

El Torneo Mundial regresa.

Dirigida por  por Kitao Sakurai  y ambientada en 1993, la historia sigue a Ryu (Andrew Koji) y Ken Masters (Noah Centineo), quienes tras los hechos del primer Torneo Mundial tomaron caminos separados y se han distanciados. Sin embargo ambos vuelven a la acción cuando la misteriosa Chun-Li (Callina Liang) los recluta para participar en el próximo Torneo Mundial organizado por M. Bison ( David Dastmalchian). Pero detrás de este Torneo, su organizador oculta un propósito siniestro para volverse el ser más poderoso, por lo que quienes alguna vez fueron los mejores amigos y rivales, tendrán que conciliar sus diferencias para salir adelante.

Lo bueno de Street Fighter: las peleas y el fanservice que los fans merecen.

Si hay algo que Street Fighter logra hacer muy bien es trasladar los combates de los videojuegos a la pantalla grande: las escenas de acción son uno de sus mayores aciertos, con coreografías muy bien ejecutadas que consiguen transmitir la intensidad de los enfrentamientos y, sobre todo, respetar los movimientos y ataques especiales que han definido a sus personajes durante décadas.

Sin embargo, lo más interesante llega con los flashbacks, que terminan siendo los momentos más sólidos de la película en cuanto a su relación con el material original. Es ahí donde la cinta demuestra un mayor respeto por el pasado de Ryu y Ken, recuperando elementos fundamentales de su historia y atreviéndose a llevar al terreno mainstream la relación que ambos mantienen con su maestro, Gouken, así como la presencia de Akuma (Joe “Roman Reigns” Anoa’i) en su legado. Estos momentos no solamente funcionan como un guiño para quienes conocen la franquicia, sino que también permiten acercar parte de su mitología a quienes nunca han profundizado demasiado en ella.

El fanservice también juega un papel importante, tanto en los ya citados movimientos, como en las referencias y los elementos reconocibles de los juegos están presentes para recordarnos por qué estos personajes se han convertido en iconos de la cultura popular. El problema es que ese mismo fanservice termina siendo un arma de doble filo: reconocer un ataque o identificar una referencia puede provocar una sonrisa, pero eso no necesariamente significa que el personaje esté bien adaptado o que la historia haga justicia a su legado, porque una cosa es reconocer a Ryu, Ken o Akuma en pantalla y otra muy distinta es sentir que estamos viendo a los personajes que conocemos.

Lo malo: demasiado humor (rayando en lo absurdo y personajes reducidos a una mala parodia).

El principal problema de Street Fighter: La Película es que cree entender lo que significa esta franquicia y lo que hay detrás, si bien es un juego que cualquier persona puede disfrutar sin necesidad de saber ni conocer que cada personaje tiene su historia y un interesante y rico lore, también es cierto que quienes somos fans de hueso colorado y conocemos ese trasfondo, nos tomamos muy en serio su historia por lo propiamente bien construidos que están sus personajes.

Porque sí, Street Fighter cuenta con una rica historia que ha sido muy bien contada a lo largo de seis juegos y tres precuelas, por lo que el ver que reduzcan a personajes tan importantes en esta película a mal logrados chistes, la verdad es que duele.

El gran problema de Street Fighter

Empecemos con el que es el más evidente problema: El exceso de humor. Ya que la película apuesta constantemente por los chistes, incluso en momentos que necesitan mayor seriedad y que hasta terminan rompiendo la solemnidad de situaciones que deberían tener un peso emocional o narrativo.

Lo que en ocasiones podría funcionar como una manera de aligerar el tono acaba convirtiéndose en una sucesión de situaciones absurdas que le restan fuerza a la historia.

Esto resulta especialmente evidente con Ryu y Ken, dos de los personajes más emblemáticos de la franquicia y es comprensible que la intención sea presentar versiones más jóvenes de ambos, con una personalidad más relajada y aterrizada al mundo real.

Sin embargo, una cosa es explorar una faceta distinta de los personajes y otra ridiculizarlos hasta el punto de que pierdan buena parte de su identidad.

El resultado puede provocar algunas risas, pero también deja la sensación de que la película no termina de comprender qué representan estos luchadores dentro del universo de Street Fighter.

Y si hablamos de personajes maltratados, M. Bison (David Dastmalchian) se lleva una de las peores partes y es que en teoría, estamos ante el villano principal de la historia, una figura cuya presencia debería imponer respeto y transmitir una amenaza constante.

No obstante, la película lo convierte en una caricatura de villano genérico y un extraño fetiche por los pies, con una caracterización que poco tiene que ver con la imagen imponente que ha construido a lo largo de los años.

Su historia y sus motivaciones parecen un intento poco convincente de adaptar los elementos que conocemos de los videojuegos, mientras que su peculiar obsesión con los pies se convierte en uno de los recursos humorísticos más desconcertantes de la cinta, inclusive degradando su famoso Psycho Power a un simple poder que le quita a los demás y no me pueden decir que es una película para los fans si se le da un trato como este a uno de los villanos más icónicos de los videojuegos.

Street Fighter tiene momentos que demuestran el potencial de llevar esta franquicia al cine, pero también decisiones que evidencian lo fácil que es confundir el fanservice con una verdadera adaptación.

El problema no es únicamente que la película se tome libertades con Bison, sino que parece desconocer el peso que tiene como antagonista dentro de la franquicia. Su presencia debería ser una de las grandes fortalezas de la historia, pero termina diluida entre bromas y situaciones que lo alejan de la amenaza que representa en los juegos. Los chistes relacionados con los pies, además de repetitivos, resultan excesivos e incómodos, hasta el punto de convertirse en una distracción que perjudica al personaje en lugar de enriquecerlo.

La situación tampoco mejora demasiado con el resto del elenco, varios personajes importantes quedan relegados a apariciones breves, un par de chistes o alguna característica exagerada que parece diseñada únicamente para provocar una reacción inmediata. Incluso algunos recurren a extraños gestos faciales que refuerzan la sensación de estar ante una caricatura antes que ante una adaptación que busque desarrollar sus personalidades. Ken, por ejemplo, termina funcionando en demasiadas ocasiones como un simple objeto de comedia, con poco espacio para explorar sus conflictos, motivaciones o la complejidad de su relación con Ryu.

Y es precisamente ahí donde la película pierde una oportunidad importante. Street Fighter cuenta con un universo repleto de rivalidades, tragedias personales, conflictos de honor y personajes con historias que merecen ser exploradas. No era necesario convertir cada escena en un momento dramático, pero sí encontrar un equilibrio entre la comedia y el respeto por la identidad de sus protagonistas; en cambio, la cinta parece confiar demasiado en que las referencias y las situaciones absurdas serán suficientes para sostener una historia que necesitaba mucho más desarrollo.

Y es imposible no sentir pena ajena al denotar tantos “chistes” relacionados a un extraño fetiche por los pies.

Independientemente delo anterior, la cinta deja al aire muchos conceptos o explicaciones sobre las motivaciones o poderes de varios de los personajes asumiendo que el público las conoce, lo cual resulta contrastante pues insisto, los más fans, como su servidor, pueden llegar a sentirse alienado con la ejecución de esta adaptación.

Conclusión / ¿Para quién es esta película?

Al final, Street Fighter es una película que parece entender qué elementos hacen reconocible a la franquicia, pero no necesariamente entiende lo que la convierte en algo especial. Incluir cameos, reproducir los movimientos de los videojuegos, recuperar trajes emblemáticos y llenar la pantalla de referencias no equivale a comprender el legado de una de las sagas de lucha más queridas de la industria.

Si conoces poco o nada de su historia y disfrutas principalmente de los combates y las retas, lo cual está perfectamente bien, probablemente encontrarás una película entretenida, con buenas coreografías y suficiente espectáculo para pasar un buen rato.

Pero si son fans de hueso colorado, conocen el trasfondo de sus personajes y esperaban una adaptación que respete su identidad más allá de lo visual, es muy probable que salgan de la sala con algunas quejas. Street Fighter tiene momentos que demuestran el potencial de llevar esta franquicia al cine, pero también decisiones que evidencian lo fácil que es confundir el fanservice con una verdadera adaptación.

Street Fighter se estrena este 15 de octubre en cines.

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Street Fighter (2026) | Reseña
Overall
3.5
  • Escenas de acción y fanservice
  • Dirección
  • Efectos especiales
  • Guion

Street Fighter (2026) | Reseña

Al final, Street Fighter es una película que parece entender qué elementos hacen reconocible a la franquicia, pero no necesariamente entiende lo que la convierte en algo especial. Incluir cameos, reproducir los movimientos de los videojuegos, recuperar trajes emblemáticos y llenar la pantalla de referencias no equivale a comprender el legado de una de las sagas de lucha más queridas de la industria. Si conoces poco o nada de su historia y disfrutas principalmente de los combates y las retas, lo cual está perfectamente bien, probablemente encontrarás una película entretenida, con buenas coreografías y suficiente espectáculo para pasar un buen rato. Pero si son fans de hueso colorado, conocen el trasfondo de sus personajes y esperaban una adaptación que respete su identidad más allá de lo visual, es muy probable que salgan de la sala con algunas quejas. Street Fighter tiene momentos que demuestran el potencial de llevar esta franquicia al cine, pero también decisiones que evidencian lo fácil que es confundir el fanservice con una verdadera adaptación.

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Godzilla Minus Zero lanza su trailer final

Se ha lanzado el tráiler definitivo de Godzilla Minus Zero, que presenta todo tipo de imágenes épicas y un adelanto de King Ghidorah

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Godzilla

Se ha lanzado el tráiler definitivo de Godzilla Minus Zero, que presenta todo tipo de imágenes épicas y un emocionante adelanto del esperado regreso de King Ghidorah a la gran pantalla.

Se ha publicado el tráiler final de Godzilla Minus Zero, mostrando más imágenes impresionantes de la muy esperada secuela dirigida por Takashi Yamazaki.

Uno de los momentos más impactantes ocurre cuando casas enteras son elevadas hacia el cielo —con personas aún en su interior— antes de ser arrojadas contra el suelo.

También se observa una descarga de energía amarilla que, casi con total seguridad, pertenece al aterrador King Ghidorah.

La apariencia del icónico kaiju se mantiene en secreto y es muy probable que siga oculta hasta el estreno de la película, dado que este es el último tráiler.

No obstante, aquí hay mucha acción de Godzilla, ya que el monstruo desatado acumula energía antes de lanzar su característico aliento atómico.

Todo apunta a otro gran éxito con Godzilla

Con 41 valoraciones contabilizadas, Godzilla Minus Zero ha debutado recientemente en Rotten Tomatoes con un 95%. Godzilla Minus One, estrenada en 2023, cuenta con un 99% basado en 213 críticas, por lo que resulta justo afirmar que el cineasta Takashi Yamazaki ha logrado una secuela a la altura.

La expectación ante esta continuación es enorme, y es fácil imaginar que la película recaude considerablemente más que los impresionantes 116 millones de dólares de su predecesora.

Dirigida por Takashi Yamazaki, la película está protagonizada por Ryunosuke Kamiki, Minami Hamabe, Yuki Yamada, Kuranosuke Sasaki, Jun Kunimura, Miou Tanaka, Sakura Ando, ​​Masami Nagasawa, Min Tanaka y Hidetaka Yoshioka.

Rodada íntegramente en Japón como la primera producción japonesa filmada para IMAX, Godzilla Minus Zero se grabó con cámaras digitales de alta definición certificadas por IMAX y cuenta con una optimización de imagen y sonido exclusiva para las pantallas de este formato.

El monstruo, adorado en todo el mundo, regresa a la gran pantalla alcanzando cotas más elevadas y aterradoras, lo que convierte a Godzilla Minus Zero en un auténtico acontecimiento cinematográfico imperdible.

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