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Bionic Bay:La sorpresa del año-Reseña
Bionic Bay es un grandioso videojuego y se está apuntando para ser uno de los mejores videojuegos Indies del año.
Como platicaba en mis primeras impresiones, Bionic Bay es un grandioso videojuego y se está apuntando para ser uno de los mejores videojuegos Indies del año.
Bionic Bay – Donde el reto y el arte chocan
En un mundo distante al nuestro, donde la naturaleza y la tecnología colisionan violentamente, Bionic Bay nos pone en la piel de un protagonista sin nombre, que despierta en un complejo industrial abandonado. Sin memoria de su pasado, pero con la capacidad de manipular la física del entorno, deberá abrirse paso entre paisajes mecánicos y orgánicos, enfrentando trampas letales, estructuras colapsadas y máquinas hostiles que no dan tregua.

Con hambre de ser un gran títulos
Desde el primer momento, Bionic Bay evoca inevitablemente a títulos como Limbo e Inside. No solo por su enfoque visual y narrativo, sino porque, al igual que ellos, logra contar una historia perturbadora sin necesidad de palabras. Aquí, cada paso, salto y decisión se siente parte de un relato inquietante y profundo. Los escenarios del juego son lo más espectacular tanto visualmente como narrativamente, ya que hay pequeños guiños de que es lo que paso en este mundo tan desolado.
Un mundo que cautiva… y desconcierta
El apartado visual es uno de sus mayores logros. En su pixel art bidimensional, el juego combina de forma impresionante lo industrial con lo natural, creando un mundo visualmente impactante que transmite una tragedia latente. La iluminación juega un papel clave: crea atmósferas densas, oscuras y memorables que ayudan a que Bionic Bay destaque dentro del ya saturado género de los juegos de pixel art.
Aunque la música no es el foco principal del juego, sí cumple con su cometido. No busca robar protagonismo, pero acompaña bien los momentos clave, sumando a la experiencia sin distraer.
Un desafío constante
Aquí es donde el juego realmente se separa de otros. Lo que parece ser una experiencia de plataformas simple, pronto se convierte en un auténtico reto. Bionic Bay exige al jugador observación, paciencia y precisión. Los puzles son inteligentes, y aunque no todos son imposibles, sí requieren un nivel de atención y lógica que puede sorprender incluso a jugadores experimentados.

La movilidad del protagonista es otro punto fuerte. Las mecánicas como girar, teletransportarse o ralentizar el tiempo están perfectamente implementadas. Cada habilidad se siente natural, fluida y responsiva, por lo que si algo no sale bien, es porque el jugador cometió un error, no porque el juego falló. Esa precisión hace que cada victoria se sienta merecida.
Aun así, la dificultad nunca se siente injusta. El juego proporciona todas las herramientas necesarias para superar sus desafíos, pero no toma al jugador de la mano. Dependerá exclusivamente de tu habilidad y tu capacidad para adaptarte.
Minimalismo con significado
Bionic Bay adopta la filosofía de que menos es más. No tiene cinemáticas, no tiene voces, no tiene textos… y no los necesita. A través del diseño de niveles, el arte y la jugabilidad, el juego construye una narrativa poderosa que el jugador puede interpretar a su manera. Cada paso hacia adelante se siente como un logro, y cada mecánica nueva introduce posibilidades que mantienen la experiencia fresca y desafiante.

A pesar de su excelente diseño, a veces el estilo visual puede jugar en su contra. Hay momentos donde no es del todo claro hacia dónde ir o qué hacer, lo que puede provocar frustración. Del mismo modo, el hecho de que la historia sea completamente interpretativa puede no ser del gusto de todos. Pero si estás dispuesto a sumergirte en su propuesta, Bionic Bay tiene mucho que ofrecer.
Conclusión
Bionic Bay es una joya desafiante, precisa y profundamente artística. Aunque corre el riesgo de pasar desapercibido, tiene todo para convertirse en un título de culto. Su jugabilidad bien pensada, su apartado visual impactante y su forma de contar historias sin palabras lo convierten en un juego que vale la pena experimentar.
Es un juego imperdible, si quieres un juego corto, con mecánicas bastante buenas y que probablemente te deje más preguntas que respuesta este es tu juego, ya que 5 horas aproximadamente puedes terminar esta joyita.
No reinventa el género, pero sí lo lleva a un nuevo nivel de madurez y complejidad. Ojalá logre llegar a más jugadores y consiga el reconocimiento que merece.
Nosotros lo jugamos en una ROG Ally Z1 Extreme, donde corrió sin ningún problema. Bionic Bay ya está disponible en PlayStation 5 y PC
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Cine
BATMAN: KNIGHTFALL – PARTE 1 | Reseña
Batman: Knightfall – Parte 1 adapta “La Caída del Murciélago”, y si bien condensa su historia, logra quedarse con sus elementos fundamentales

Cuando DC vuelve a demostrar que la animación sigue siendo uno de sus mejores terrenos.
Si hay algo que DC y Warner Bros. han hecho especialmente bien a lo largo de las décadas, es adaptar sus cómics a series y películas animadas; desde Batman: The Animated Series hasta algunas de sus películas animadas más ambiciosas como Batman: Under The Red Hood, Superman/Batman: Enemigos Públicos, Flashpoint, etcétera, la compañía ha encontrado en este formato una libertad que no siempre ha conseguido trasladar a sus producciones live action, al punto de que consiguieron un universo propio inspirado en The New 52 y aunque no necesariamente fue perfecto, sí fue una colección de historias que entendían mejor el tono, los personajes y, sobre todo, el material de los cómics en el que estaban basadas.
Por eso, cuando Warner Bros. Animation anunció una adaptación de Batman Knightfall, uno de los acontecimientos más importantes en la historia de Batman, la expectativa fue grande, pero también preocupante y es que ¿Cómo adaptar una historia que originalmente se extendió durante decenas de números y múltiples títulos sin terminar haciendo una versión excesivamente resumida? Bueno, la respuesta fue el dividirla en tres partes, cada una de ellas enfocándose en un cada momento importante dentro de esta saga, iniciando con Batman: Knightfall – Parte 1 que adapta “La Caída del Murciélago“, la cual si bien condensa su historia, logra quedarse con sus elementos fundamentales y construir una película que funciona como una buena adaptación como el primer capítulo de una historia mucho más grande.
La Caída del Murciélago.
Para entender el trabajo de adaptación hay que recordar que Knightfall no fue originalmente una historia sencilla. Publicada entre 1993 y 1994, la saga involucró múltiples títulos, personajes y equipos creativos, convirtiéndose en uno de los acontecimientos más extensos de Batman y más para su época.
La película toma ese enorme material y lo transforma en una historia mucho más directa, pasando directamente a lo que todos recordamos, con un Bruce Wayne agotado, cuya lucha constante contra el crimen comienza a cobrarle factura, al nivel de llegar al agotamiento debido a que Bane libera a los internos de Arkham, obligando a Batman a enfrentarse prácticamente de manera consecutiva con buena parte de su galería de villanos. Aquí hay algo que hace bien la película y es entender que no se trata de solo hacer gala de la variedad de villanos de Batman, sino que es parte de la estrategia de Bane para romper al Murciélago.
Y ahí está uno de los mayores aciertos de la película, reflejar ese cansancio y fragilidad de Batman como pocas veces hemos visto, para que en el climax de la película tengamos un Caballero Obscuro desgastado e incapaz de poder aguantar el ritmo de la que es sin dudas la mejor versión de Bane.
¿Adapta bien el cómic?
Batman: Knightfall – Parte 1 no intenta trasladar literalmente cada acontecimiento de los cómics a la pantalla y hacerlo sin duda hubiera sido un error por lo extensa que es, en cambio, la cinta toma los grandes momentos, personajes y conceptos de Knightfall y los reorganiza para construir una experiencia cinematográfica mucho más compacta, directa y entretenida. Conservando los elementos fundamentales del material original: el agotamiento de Batman, la liberación de los criminales de Arkham, la llegada de Bane, el progresivo desgaste físico y mental de Bruce y, finalmente, el enfrentamiento que todos sabemos que eventualmente tiene que ocurrir.
Incluso se respeta a este Bane que está lejos de ser sólo músculo; es inteligente, calculador y físicamente aterrador, es decir que no se queda en el cliché que se volvió después de este cómic o que hemos visto en otras adaptaciones animadas. Incluso la película se toma tiempo para explorar su pasado, algo que ayuda a entender por qué este Bane es mucho más que una amenaza física.
Bane es el gran protagonista.
Aunque Batman sigue siendo el centro de la historia, uno de los mayores atractivos de esta primera parte es Bane, y es que Michael Mando consigue darle una presencia intimidante, pero lo más importante es que el guion entiende que el personaje funciona mejor cuando existe una estrategia detrás de sus músculos.
Bane estudia a Batman, entiende sus límites y construye un escenario diseñado específicamente para llevarlo hasta el punto de quiebre. Esto hace que la película se sienta menos como una sucesión de peleas y más como una especie de partida de ajedrez en la que Bruce empieza con una enorme desventaja, justo como en el cómic y mientras más avanza la historia, más evidente resulta que Batman está perdiendo, lo que ayuda a que la caída del murciélago tenga el impacto que necesita.
Violenta, oscura y muy noventera.
Otro aspecto que llama la atención es la decisión de recuperar buena parte del espíritu de los cómics de los años noventa, no solo es la estética, es la atmósfera que se construye, el diseño e incluso la intención de hacer caer a uno de los grandes héroes de DC, y eso hasta se ve reflejado en la violencia que se muestra.
Hay sangre y varias escenas que tienen una brutalidad que no siempre encontramos en las películas animadas del personaje, es decir que la clasificación C tampoco es gratuita: la cinta busca transmitir que Gotham se ha convertido en un lugar verdaderamente peligroso, dándole a la propia violencia tiene una función narrativa.
La estética también acompaña esa intención: los diseños de los personajes recuperan la apariencia exagerada de los cómics noventeros, con un Batman mucho más musculoso y una caracterización de Bane que recuerda directamente a la época en la que fue creado.
Visualmente, Knightfall – Parte 1 es una película bastante atractiva.
Los diseños son detallados, las peleas tienen fuerza y la puesta en escena consigue transmitir una Gotham violenta y caótica, sin embargo, aquí aparece uno de los pequeños problemas de la producción y que de hecho hemos en anteriores películas animadas y es que la animación no siempre tiene la fluidez que uno esperaría. Algunas secuencias presentan movimientos algo rígidos y ciertos personajes parecen perder naturalidad durante determinadas acciones. Es un detalle que resulta más evidente precisamente porque los diseños son tan elaborados.
Aun así, cuando la película entra en acción, consigue ofrecer algunos enfrentamientos bastante espectaculares y, sobre todo, una sensación de impacto físico que beneficia enormemente a la historia.
Conclusión.
Batman: Knightfall – Parte 1 es una muy buena adaptación de uno de los cómics más importantes de Batman y, sobre todo, un recordatorio de por qué la animación continúa siendo uno de los mayores fuertes de DC.
No es una reproducción exacta de Knightfall, ni pretende serlo, sino que es una versión condensada que toma una historia gigantesca y la transforma en un relato cinematográfico mucho más accesible, conservando sus momentos esenciales y, especialmente, la idea que hizo tan importante al cómic: Batman puede ser derrotado, inclusive recordándonos la verdadera naturaleza de Bane al ser un villano que va más allá de solo fuerza bruta, tanto así que ha sido el único que pudo quebrar al murciélago.
Batman: Knightfall – Parte 1 ya está disponible para compra digital en distintas plataforma como Apple TV, Prime Video o Google Play, con un costo aproximado de los $150.00 pesos MX.
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Batman: Knightfall Part 1: Knightfall | Reseña
Overall
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Animación
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Historia
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Guion/adaptación
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Dirección
Reseñas
ONIMUSHA: WAY OF THE SWORD | Reseña
Onimusha: Way of the Sword, un título que por sucalidad perfectamente podría colocarsed entre los candidatos a Juego del Año

Tal cual, es el camino de la espada.
Hay años en los que una compañía parece empeñada en recordarnos porqué sigue siendo una de las grandes de la industria y 2026 está siendo, sin duda, el año de CAPCOM, y es que después de este mismo año darnos increíbles títulos, vuelve a demostrar que el videojuego single player todavía tiene muchísimo que ofrecer con Onimusha: Way of the Sword, un título que no solo rescata una de sus franquicias más queridas después de dos décadas de ausencia, sino que lo hace con una calidad que perfectamente podría colocarlo entre los candidatos a Juego del Año. Y es que Way of the Sword entiende algo fundamental: no necesita reinventar el género de acción para tener identidad propia, basta darnos un sistema de juego sólido, personajes entrañables, historia atrapante y música envolvente, todo fundamentado en en el propio “Camino de la espada”.
Lo más importante es pelear inteligente (en este caso jugar inteligente).
A primera vista, Onimusha: Way of the Sword podría parecer otro juego de acción en tercera persona en el que debemos avanzar por escenarios mientras acabamos con hordas de enemigos, sin embargo, basta pasar unos minutos con su sistema de combate para descubrir que aquí no se trata simplemente de lanzar ataques hasta que el enemigo caiga.
Como indica el propio título, este es el camino de la espada y eso significa aprender a pelear: durante los enfrentamientos tendremos que saber cuándo bloquear, cuándo esquivar, cuándo contraatacar, cuándo ejecutar un Issen, cuándo utilizar los poderes Oni y, sobre todo, cuándo absorber las almas que dejan nuestros enemigos y es que cada una de estas mecánicas tiene un propósito y aprender a combinarlas es lo que convierte al combate en uno de los mayores atractivos de la experiencia y que siempre se sienta divertido.
El juego premia la observación y el timing, no todos los ataques se enfrentan de la misma manera y, conforme aparecen enemigos más poderosos, resulta indispensable leer sus movimientos y reaccionar en consecuencia. Las paradas y contraataques pueden convertir un ataque enemigo en una oportunidad para hacer un daño enorme, mientras que las habilidades Oni permiten cambiar el ritmo de una batalla.
Lo mejor es que esto alcanza su máxima expresión durante los combates contra los jefes; cada enfrentamiento importante se siente como un examen de todo lo que hemos aprendido hasta ese momento (y sin duda estos son los mejores combates) y que nos obligan a utilizar las diferentes herramientas, estudiar patrones y entender cuándo atacar y cuándo simplemente esperar. Y cuando finalmente conseguimos derrotar a un jefe que nos puso en aprietos (aún cuando haya sido al primer intento) la satisfacción es enorme.
No es un “soulslike”, y eso es bueno.
Hay que hablar del “genma” en la habitación y es que es imposible la comparación de este juego con un Soulslike, ya que comparten ciertos elementos o aspectos especialmente por la importancia que tienen la defensa, los parries, el timing y la lectura de los enemigos, pero Onimusha no pretende ser un juego imposible de terminar y creo que esa fue la decisión correcta.
CAPCOM busca que Way of the Sword sea una experiencia capaz de llegar a un público mucho más amplio, pero eso no significa que podamos apretar un botón sin pensar y ganar todos los combates, al contrario, hay que saber jugar.
La diferencia es que el juego no utiliza la dificultad como una barrera de entrada; puedes disfrutar de la aventura aunque no seas un maestro del parry, pero si decides dominar todas sus mecánicas, el juego te recompensa. Los momentos más difíciles pueden exigir precisión, paciencia y conocimiento del enemigo, pero la intención nunca parece ser castigarnos por jugar y es una filosofía que funciona especialmente bien porque ya ciertamente ya hacía falta y es que hay que entender que una dificultad elevada no lo hace un mejor o peor juego, menos cuando cuenta con un sistema de combate sólido que es divertido con lo que ya ofrece.
Musashi y una historia que sabe atraparnos.
Onimusha: Way of the Sword nos lleva a un Japón de época Edo en el que Kioto ha sido deformada por la presencia de los Genma y una fuerza conocida como Malice. En medio de este caos encontramos a Miyamoto Musashi, un joven espadachín que termina entrando en contacto con el poder de los Oni y se ve obligado a enfrentarse a una amenaza sobrenatural que va mucho más allá de sus propios duelos.
La premisa puede parecer sencilla, pero funciona porque está acompañada por personajes que consiguen darle personalidad a la aventura y aquí es imposible no hablar de Musashi. A primera vista podría parecer un protagonista despreocupado, incluso un poco arrogante y bromista, sin embargo, conforme avanzamos descubrimos a un personaje honorable, de buen corazón y con una evolución que hace que queramos seguir acompañándolo.
A su lado está Shizuka, quien reside dentro de nuestro Onibrazal y termina convirtiéndose en una pieza fundamental durante la aventura. La relación entre ambos aporta algunos de los mejores momentos de la historia, especialmente porque sus personalidades contrastan de manera muy agradable.
El resto del elenco tampoco se queda atrás; cada personaje tiene una personalidad suficientemente marcada como para que podamos identificarlo inmediatamente, mientras que los antagonistas cuentan con motivaciones y diseños que los hacen destacar. La narrativa tampoco pretende reinventar las historias de samuráis, pero consigue algo mucho más importante: hacernos querer saber qué ocurrirá después.
Un apartado visual espectacular.
Si hay algo que CAPCOM parece dominar cada vez mejor es el RE Engine y Way of the Sword vuelve a demostrar hasta dónde puede llevarse esta tecnología: el juego luce espectacular, desde los escenarios de un Kioto corrompido hasta los modelos de personajes, las expresiones faciales, los efectos de iluminación y la manera en que los objetos reaccionan ante las condiciones del entorno, todo contribuye a construir una experiencia visual de primer nivel y a nivel de rendimiento el juego siempre corrió de manera impecable en PS5.
Hay momentos en los que resulta difícil no detenerse simplemente a observar lo que ocurre en pantalla. El nivel de detalle de los personajes también merece reconocimiento. CAPCOM consigue combinar realismo con una estética profundamente marcada por el cine japonés y las historias de samuráis. Incluso Musashi está inspirado visualmente en el legendario actor Toshiro Mifune, algo que ayuda a reforzar esa sensación cinematográfica. Y esto también se extiende al diseño de enemigos; los Genma no son simplemente criaturas creadas para llenar escenarios, muchos de sus diseños reflejan su personalidad, su naturaleza o incluso el origen de sus poderes. Los jefes, especialmente, son capaces de transmitir quiénes son incluso antes de que entendamos completamente su historia.
Una banda sonora a la altura.
La banda sonora cuenta con Nozomi Ohmoto como compositora principal, acompañada por Kota Suzuki y Tomoki Kameyama, además del trabajo de otros compositores y músicos involucrados en el proyecto. El resultado es una mezcla muy interesante entre instrumentación tradicional japonesa y elementos modernos, consiguiendo acompañar tanto los momentos contemplativos como las grandes batallas. Instrumentos como el shamisen, shakuhachi, koto y biwa conviven con una producción orquestal que le da a la aventura una escala mucho mayor.
Donde la espada pierde un poco de filo.
Onimusha: Way of the Sword no es perfecto, siendo su mayor problema precisamente en aquello que más contrasta con la excelencia de sus combates contra jefes: los enfrentamientos contra los enemigos comunes, los cuales en determinados momentos el juego puede sentirse demasiado fácil.
Hay grupos de Genma que parecen estar ahí simplemente esperando a que lleguemos para convertirse en sacos de boxeo. Incluso cuando estamos rodeados por varios enemigos (y entre ellos aparece alguno considerablemente más fuerte) en ocasiones la reacción de los enemigos resulta demasiado pasiva y lejos de transmitir una sensación real de peligro, se siente como una ayuda extra para conseguir almas.
Conclusión.
Onimusha: Way of the Sword es mucho más que el regreso de una franquicia que llevaba dos décadas esperando una nueva oportunidad; es la prueba de que CAPCOM todavía sabe tomar una fórmula clásica, actualizarla y darle una identidad propia sin perder aquello que la hacía especial.
Su sistema de combate es preciso, espectacular y, sobre todo, satisfactorio, porque recompensa al jugador que aprende a dominarlo en lugar de simplemente presionar botones. Sus enfrentamientos contra los jefes son de lo mejor de la aventura, mientras que Musashi se convierte en un protagonista carismático al que resulta fácil tomarle cariño y Shizuka, junto con el resto del elenco, consigue darle personalidad a una historia que, aunque sencilla, sabe atraparnos desde sus primeros minutos. A esto se suma un apartado visual espectacular gracias al RE Engine, un diseño artístico que combina con enorme acierto la tradición japonesa con la fantasía sobrenatural y una banda sonora que acompaña perfectamente cada momento de la aventura.
Es cierto que sus enemigos comunes y una curva de dificultad algo irregular impiden que estemos ante una experiencia perfecta, sin embargo, incluso esta decisión puede entenderse dentro de la intención de CAPCOM de crear una experiencia accesible para un público más amplio, porque al final, Onimusha: Way of the Sword entiende perfectamente lo que significa su nombre: El camino de la espada no consiste en atacar más rápido que el enemigo, sino en aprender a leerlo, esperar el momento adecuado y hacer que cada golpe cuente.
Onimusha: Way of the Sword ya está disponible en PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch 2 y PC.
Onimusha: Way of the Sword | Reseña sin spoilers
Overall
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Sistema de juego, control y mecánicas
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Gráficos y rendimiento
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Historia, guión
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Soundtrack
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Dirección de arte, diseño de personajes
Onimusha: Way of the Sword | Reseña sin spoilers
Onimusha: Way of the Sword es mucho más que el regreso de una franquicia que llevaba dos décadas esperando una nueva oportunidad; es la prueba de que CAPCOM todavía sabe tomar una fórmula clásica, actualizarla y darle una identidad propia sin perder aquello que la hacía especial. Su sistema de combate es preciso, espectacular y, sobre todo, satisfactorio, porque recompensa al jugador que aprende a dominarlo en lugar de simplemente presionar botones. Sus enfrentamientos contra los jefes son de lo mejor de la aventura, mientras que Musashi se convierte en un protagonista carismático al que resulta fácil tomarle cariño y Shizuka, junto con el resto del elenco, consigue darle personalidad a una historia que, aunque sencilla, sabe atraparnos desde sus primeros minutos. A esto se suma un apartado visual espectacular gracias al RE Engine, un diseño artístico que combina con enorme acierto la tradición japonesa con la fantasía sobrenatural y una banda sonora que acompaña perfectamente cada momento de la aventura.
Es cierto que sus enemigos comunes y una curva de dificultad algo irregular impiden que estemos ante una experiencia perfecta, sin embargo, incluso esta decisión puede entenderse dentro de la intención de CAPCOM de crear una experiencia accesible para un público más amplio, porque al final, Onimusha: Way of the Sword entiende perfectamente lo que significa su nombre: El camino de la espada no consiste en atacar más rápido que el enemigo, sino en aprender a leerlo, esperar el momento adecuado y hacer que cada golpe cuente.
Reseñas
STAR WARS: ZERO COMPANY – Reseña
Star Wars: Zero Company se vende por si solo: toma la fórmula de XCOM y llevala a una galaxia muy, muy lejana.

En el universo de Star Wars hemos vivido duelos de sables de luz, batallas espaciales, persecuciones y suficientes explosiones como para llenar varias Estrellas de la Muerte. Sin embargo, había una perspectiva que la franquicia todavía podía explotar mucho más: la de un escuadrón táctico tratando de sobrevivir en medio del caos de las Guerras Clon.
Ahí entra Star Wars: Zero Company, desarrollado por Bit Reactor, un estudio formado por antiguos miembros de Firaxis Games. La premisa prácticamente se vende sola: tomar la fórmula de XCOM y llevarla a una galaxia muy, muy lejana.

El resultado es una aventura táctica bastante sólida que, aunque tiene algunos problemas importantes, ofrece una de las experiencias de Star Wars más interesantes de los últimos años. Su historia no siempre consigue estar a la altura de su premisa, pero cuando Hawks y su peculiar grupo de mercenarios entran en combate, Zero Company demuestra todo su potencial.
Una guerra en las sombras
La historia se desarrolla durante los últimos años de las Guerras Clon y nos pone en el papel de Hawks, un antiguo soldado de la República que ahora lidera un grupo de mercenarios conocido como Zero Company.
El equipo termina involucrado en un conflicto contra The Coil, una organización clandestina dirigida por la misteriosa Fathom. Su plan involucra una extraña enfermedad conocida como la Plaga de las Sombras, transmitida por insectos y capaz de provocar la muerte o conceder habilidades similares a las de la Fuerza.

Sobre el papel, tenemos todos los ingredientes para una gran historia de Star Wars: una amenaza secreta, una organización misteriosa y una conspiración que ocurre detrás de las Guerras Clon.
El problema es que la narrativa termina siendo bastante convencional. Fathom funciona como antagonista, pero nunca consigue convertirse en una villana particularmente memorable. Algunos giros son interesantes, pero el conflicto rara vez genera auténtica intriga.
La aparición de Anakin Skywalker y algunas misiones relacionadas con personajes conocidos elevan determinados momentos, aunque también generan una pregunta inevitable: si hay figuras tan importantes involucradas, ¿qué tan secreta podía ser realmente esta guerra?
Por suerte, Zero Company tiene algo mucho más interesante que su villano: sus personajes.
El verdadero corazón de Star Wars: Zero Company
El escuadrón es, sin duda, lo mejor de la experiencia.
Desde Cly, el misterioso mandaloriano, hasta Trick, el soldado clon aficionado a las cartas, el grupo está formado por personajes con personalidades y creencias muy diferentes. Y precisamente sus diferencias hacen que las conversaciones entre misiones sean tan entretenidas.

Trick puede preguntarle a una padawan Jedi si los Jedi pueden leer la mente de sus compañeros durante una partida de cartas, mientras que Kabb, un enorme alienígena azul, demuestra su pasión por las historias de space opera. Son pequeños momentos que hacen que el equipo se sienta como algo más que un conjunto de unidades.
Las relaciones entre los personajes también evolucionan. Algunos comienzan llevándose francamente mal, pero puedes enviarlos juntos a las misiones para fortalecer sus vínculos.
Y aquí está el detalle interesante: esas relaciones también tienen repercusiones durante los combates.
Esta dinámica hace que poco a poco el escuadrón se sienta como una familia disfuncional. En ese sentido, Zero Company recuerda a la tripulación de la Normandy de Mass Effect: personajes que terminan siendo tan importantes como la propia misión.
XCOM con sables de luz
Donde Zero Company realmente brilla es en el campo de batalla.
El ADN de XCOM está presente en el sistema de combate, con escenarios divididos en cuadrículas, coberturas, diferentes alturas y elementos del entorno que pueden aprovecharse estratégicamente.
Cada miembro del equipo dispone normalmente de tres puntos de acción por turno. Moverse, atacar y utilizar habilidades consume estos puntos, por lo que cada movimiento requiere pensar antes de actuar.

La diferencia está en cómo Bit Reactor incorpora los elementos propios de Star Wars.
Existen ocho clases diferentes y los personajes pueden combinar especializaciones para crear configuraciones distintas. Además, cada integrante tiene habilidades únicas. Tel Rae puede utilizar poderes de la Fuerza como Empuje y Atracción, mientras que otros personajes cuentan con armas y técnicas completamente diferentes.
Uno de mis favoritos es Kabb y su gancho, capaz de mandar enemigos por los bordes del escenario. Porque, seamos honestos, lanzar a un enemigo por un precipicio con un alienígena gigante nunca pasa de moda.
La flexibilidad también resulta acertada. Puedes cambiar armas, granadas, equipo y clases sin quedar atrapado en una decisión tomada horas atrás. Esto fomenta la experimentación y permite adaptar el escuadrón a cada situación.
El principal inconveniente es que habría sido muy útil contar con configuraciones guardadas para cambiar rápidamente entre diferentes especializaciones.
Construye tu propio escuadrón
Zero Company también permite crear personajes personalizados para acompañar al equipo.
Puedes elegir entre diferentes especies, modificar su apariencia, ponerles nombre y seleccionar sus habilidades. Incluso puedes crear tu propio droide astromecánico y personalizar su diseño.
Es una herramienta que complementa muy bien la progresión porque permite construir un escuadrón que realmente se sienta propio.
La dificultad también está bien equilibrada. En normal, la experiencia ofrece algunos momentos de tensión, pero generalmente resulta accesible incluso para quienes no tienen demasiada experiencia con juegos tácticos.
Los veteranos de XCOM probablemente deberían comenzar en difícil para encontrar un reto mayor, mientras que el modo Historia funciona perfectamente para quienes simplemente quieren disfrutar del universo de Star Wars y conocer a sus personajes.

Eso sí, se echa de menos poder crear algunos de los personajes más particulares del universo, como un mandaloriano o un padawan personalizado. Tener estas opciones como recompensas después de terminar la campaña habría sido un excelente incentivo.
Una galaxia que necesita mantenimiento
Por desgracia, el apartado técnico es uno de los puntos débiles del juego.
Durante la experiencia en PC pueden aparecer pausas en las que los personajes permanecen inmóviles durante varios segundos antes de continuar con sus acciones. La cámara también puede comportarse de manera extraña, llegando a colocarse detrás de objetos o mostrando momentáneamente una pantalla negra.
En algunas ocasiones pueden producirse bloqueos completos que obligan a reiniciar el juego y pueden provocar pérdida de progreso. También aparecen errores visuales menores, como personajes deslizándose por el escenario o adoptando accidentalmente una T-Pose.

Estos últimos pueden resultar incluso graciosos, pero los problemas de rendimiento sí necesitan atención. En un juego táctico, donde cada decisión importa, que el juego se congele durante una acción rompe completamente el ritmo.
Otro problema es el contenido posterior a la campaña. Una vez terminada la historia, las razones para regresar son limitadas.
Es una oportunidad desaprovechada porque el sistema de combate tiene suficiente profundidad como para sostener más contenido.
Una misión que vale la pena aceptar
Star Wars: Zero Company no es perfecto. Su historia resulta predecible en algunos momentos, sus antagonistas no consiguen dejar demasiada huella y los problemas técnicos necesitan ser solucionados.
Pero quedarse únicamente con esas carencias sería injusto.
Cuando el escuadrón entra en combate, Zero Company demuestra por qué esta combinación de Star Wars y estrategia funciona tan bien. Las diferentes clases, habilidades, relaciones entre personajes y posibilidades tácticas hacen que las batallas sean entretenidas y, sobre todo, satisfactorias.
Pero su mayor triunfo está fuera de la estrategia pura: está en sus personajes.
Hawks y compañía demuestran que Star Wars no necesita depender constantemente de Jedi, Sith o de otra batalla por el destino de la galaxia. Un grupo de inadaptados con personalidades diferentes puede ser suficiente para construir una aventura memorable.
Bit Reactor tomó una fórmula conocida, la llevó a una galaxia muy, muy lejana y consiguió darle personalidad propia. Ahora solo falta que el estudio pula sus problemas técnicos y encuentre la manera de mantener vivo el juego después de terminar la campaña.
Porque después de acompañar a Zero Company durante toda esta aventura, queda una conclusión bastante clara: esta galaxia todavía tiene muchas misiones que contar.
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Overall
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GAMEPLAY
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GRÁFICOS
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AUDIO
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HISTORIA
STAR WARS: ZERO COMPANY - Reseña
Star Wars: Zero Company no es perfecto. Su historia resulta predecible en algunos momentos, sus antagonistas no consiguen dejar demasiada huella y los problemas técnicos necesitan ser solucionados.
Pero quedarse únicamente con esas carencias sería injusto.
Cuando el escuadrón entra en combate, Zero Company demuestra por qué esta combinación de Star Wars y estrategia funciona tan bien. Las diferentes clases, habilidades, relaciones entre personajes y posibilidades tácticas hacen que las batallas sean entretenidas y, sobre todo, satisfactorias.
Pero su mayor triunfo está fuera de la estrategia pura: está en sus personajes.
Hawks y compañía demuestran que Star Wars no necesita depender constantemente de Jedi, Sith o de otra batalla por el destino de la galaxia. Un grupo de inadaptados con personalidades diferentes puede ser suficiente para construir una aventura memorable.
Bit Reactor tomó una fórmula conocida, la llevó a una galaxia muy, muy lejana y consiguió darle personalidad propia. Ahora solo falta que el estudio pula sus problemas técnicos y encuentre la manera de mantener vivo el juego después de terminar la campaña.
Porque después de acompañar a Zero Company durante toda esta aventura, queda una conclusión bastante clara: esta galaxia todavía tiene muchas misiones que contar.











