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RHYTHM HEAVEN GROOVE – Reseña

Cuando Nintendo anunció Rhythm Heaven Groove, las expectativas eran enormes y nos da mucho gusto decir que cumple las expectativas

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Durante más de una década, los seguidores de Rhythm Heaven aprendieron a convivir con la idea de que Nintendo quizá nunca volvería a mirar hacia una de sus franquicias más originales.

Desde el lanzamiento de Rhythm Heaven Megamix en Nintendo 3DS, la serie desapareció silenciosamente mientras otros estudios intentaban ocupar el vacío que había dejado.

Juegos como Melatonin, Rhythm Doctor o Bits & Bops demostraron que todavía existía un enorme interés por los títulos musicales centrados en el ritmo puro, pero ninguno consiguió capturar esa mezcla tan particular de creatividad, humor absurdo y diseño elegante que convirtió a Rhythm Heaven en un clásico de culto.

Rhythm Heaven

Por eso, cuando Nintendo anunció Rhythm Heaven Groove, las expectativas eran enormes. No bastaba con recuperar una franquicia querida; también debía demostrar que seguía teniendo sentido en una industria donde los juegos musicales han evolucionado considerablemente durante los últimos años. La buena noticia es que Nintendo entendió perfectamente cuál era la esencia de la saga.

En lugar de reinventarla innecesariamente, Groove apuesta por perfeccionar todo aquello que hizo especial a sus predecesores. El resultado es una entrega que se siente inmediatamente familiar para los veteranos, pero también lo suficientemente accesible para conquistar a nuevos jugadores desde el primer compás.

El regreso de una serie que nunca dejó de marcar el compás

Lo primero que sorprende al comenzar Rhythm Heaven Groove es comprobar lo poco que necesita cambiar para seguir sintiéndose fresco. Mientras otros juegos musicales basan buena parte de su atractivo en enormes listas de canciones o complejos sistemas de puntuación, Nintendo continúa apostando por una filosofía mucho más sencilla: escuchar antes que mirar.

Puede parecer una idea simple, pero es precisamente esa sencillez la que convierte a la serie en algo único.

Rhythm Heaven nunca intenta que memorices largas secuencias de botones ni que reacciones a una lluvia constante de indicadores visuales. Su objetivo es mucho más interesante: enseñarte a sentir el ritmo hasta que tus manos respondan de manera casi automática. Poco a poco dejas de pensar en cada pulsación y empiezas a seguir la música de forma instintiva.

La dificultad nunca llega porque aparezcan más botones en pantalla, sino porque las canciones empiezan a jugar contigo. Introducen silencios inesperados, aceleran el tempo, cambian el patrón cuando ya creías haberlo comprendido o rompen deliberadamente el compás para obligarte a escuchar con más atención.

Incluso la propia cámara participa en ese proceso. En ocasiones cambia de perspectiva, se aleja del personaje principal o incluso oculta parte de la acción. En cualquier otro juego esta decisión resultaría frustrante, pero aquí sirve para reforzar la idea central: no debes depender de lo que ves, sino de lo que escuchas. Es una filosofía de diseño que muy pocos estudios se atreverían a mantener hoy en día y que sigue funcionando con una naturalidad sorprendente.

Cada minijuego es una pequeña genialidad cargada de personalidad

Si hay algo que define a Rhythm Heaven es su capacidad para sorprender constantemente al jugador. Cada nuevo nivel presenta una situación completamente distinta, con personajes, escenarios y reglas propias. En apenas unos minutos puedes estar lanzando un frisbee a un perro, ayudando a unas ranas a saltar, puliendo el suelo, sincronizando los limpiaparabrisas de un coche durante una tormenta, cazando insectos junto a tu hija o escondiéndote de una luna gigantesca que estornuda.

Sobre el papel parece una sucesión de ideas completamente aleatorias, pero Nintendo consigue que cada una tenga un propósito muy claro.

Ningún minijuego existe únicamente para hacer reír. Todos exploran una manera distinta de interpretar el ritmo y de relacionar la música con las acciones del jugador. Esa capacidad para transformar conceptos absurdos en mecánicas perfectamente funcionales sigue siendo uno de los mayores talentos del equipo de desarrollo.

Lo mejor es que el juego nunca estira demasiado una idea. Cada actividad dura exactamente el tiempo necesario para enseñar su mecánica, ponerla a prueba y dejarte con ganas de más antes de pasar a la siguiente. Ese ritmo constante evita cualquier sensación de repetición durante buena parte de la campaña y consigue que descubrir el siguiente minijuego sea casi tan divertido como superarlo.

La estructura de la aventura también contribuye enormemente a esa sensación de variedad. Las ocho fases principales presentan grupos de minijuegos completamente nuevos que culminan con los ya tradicionales Remix, auténticos exámenes finales donde el juego mezcla de forma brillante todas las mecánicas aprendidas hasta ese momento.

Cuando parece que todo ha terminado, Groove sigue ofreciendo razones para volver. El modo Flipside introduce nuevas versiones de muchas pruebas, aparecen desafíos adicionales para conseguir calificaciones perfectas y desbloquear medallas, mientras que pequeñas recompensas como tiras cómicas o contenido extra convierten cada partida impecable en un objetivo realmente apetecible.

Mucho más que una colección de canciones

Uno de los mayores aciertos de Rhythm Heaven Groove es que entiende perfectamente la diferencia entre cantidad y variedad. Más allá de los más de ochenta minijuegos disponibles para un jugador y los numerosos desafíos adicionales, Nintendo introduce pequeñas actividades secundarias que enriquecen la experiencia sin romper su ritmo.

La más interesante es Beatspell, un curioso experimento que mezcla mecánicas rítmicas con elementos propios de un RPG. Aquí los compases sirven para lanzar hechizos, curar aliados o atacar enemigos siguiendo diferentes combinaciones musicales.

El sistema resulta sorprendentemente entretenido y deja entrever el enorme potencial que tendría una propuesta más ambiciosa basada en esta idea.

Divertidas actividades

También encontramos pequeñas actividades pensadas simplemente para relajarse entre canción y canción.

Una caja de ritmos para experimentar libremente con distintos sonidos, minijuegos donde pateamos un zapato lo más lejos posible o situaciones tan absurdas como golpear un pez globo antes de lanzarlo a un acuario ayudan a reforzar el carácter juguetón de toda la experiencia.

Ninguna de estas propuestas pretende convertirse en el centro del juego, pero todas contribuyen a que el universo de Rhythm Heaven se sienta vivo y constantemente dispuesto a sorprender.

El modo multijugador también merece una mención especial. Compartir estos desafíos con otra persona multiplica el humor de muchas situaciones, especialmente cuando ambos jugadores pierden el ritmo al mismo tiempo.

Gracias a unos controles extremadamente sencillos, prácticamente cualquiera puede entender las mecánicas en cuestión de minutos, convirtiéndolo en uno de esos juegos ideales para sacar en reuniones familiares o con amigos sin necesidad de largas explicaciones.

Todo ello convierte a Groove en un título que funciona especialmente bien en Nintendo Switch. La duración de cada nivel invita a jugar partidas cortas, completar un par de canciones durante un descanso y regresar más tarde sin perder el hilo.

Una personalidad que ningún otro juego de ritmo ha conseguido imitar

Visualmente, Rhythm Heaven Groove demuestra que no necesita grandes alardes técnicos para resultar inolvidable.

Su dirección artística apuesta por personajes de diseño sencillo, animaciones exageradamente expresivas y un humor visual que recuerda inevitablemente a franquicias como WarioWare, aunque con una identidad propia mucho más relajada y musical.

Cada escenario parece construido alrededor de una única idea cómica llevada hasta sus últimas consecuencias.

Lo extraordinario es que nunca se siente forzado. Los gatos, las cebollas bailarinas, los robots, las ranas o los extraterrestres conviven con absoluta naturalidad dentro de un universo donde cualquier ocurrencia parece posible. Esa creatividad constante convierte cada nueva pantalla en una pequeña sorpresa y hace que descubrir el siguiente minijuego resulte casi tan emocionante como jugarlo.

La banda sonora vuelve a ser el auténtico corazón de la experiencia. Cada composición posee personalidad propia y adapta perfectamente su ritmo a la mecánica correspondiente.

Hay temas relajados, melodías pegadizas, canciones cercanas al rock e incluso piezas que juegan deliberadamente con los silencios para poner a prueba la concentración del jugador. Los efectos de sonido tampoco están ahí únicamente para acompañar la acción; forman parte activa del ritmo y ayudan a interiorizar el compás sin que apenas nos demos cuenta.

La ya característica voz sintetizada regresa aportando ese encanto ligeramente extraño que los fans reconocerán inmediatamente, aunque Nintendo permite desactivarla para quienes prefieran una experiencia más tradicional.

A ello se suma un excelente sistema de calibración que facilita ajustar el retardo de imagen y sonido en televisión, un detalle imprescindible para un juego donde unas pocas milésimas de segundo pueden marcar la diferencia entre una interpretación perfecta y una mediocre.

El regreso de Rhythm Heaven Groove muestra que el ritmo nunca pasó de moda

Rhythm Heaven Groove no es una revolución para la franquicia, ni tampoco pretende serlo. Su mayor virtud consiste precisamente en entender qué hizo especial a la serie desde sus orígenes y potenciar esas cualidades con más contenido, mayor variedad y una producción mucho más cuidada. Nintendo demuestra que no siempre hace falta reinventar una fórmula cuando esta sigue funcionando con la misma eficacia que hace veinte años.

Eso no significa que sea un juego perfecto. Tras sesiones muy largas, la estructura basada en minijuegos puede llegar a resultar algo repetitiva, y propuestas como Beatspell dejan la sensación de que podrían haber ofrecido mucho más protagonismo.

Algunos jugadores quizá esperaban novedades más rompedoras después de once años de ausencia, pero Groove prefiere perfeccionar lo conocido antes que asumir riesgos innecesarios.

Rhythm Heaven sigue siendo una celebración del ritmo, del humor y del ingenio, una experiencia capaz de convertir las situaciones más absurdas en desafíos sorprendentemente satisfactorios. Mientras otros títulos musicales buscan impresionar con enormes catálogos de canciones o complejos sistemas de juego, Nintendo continúa defendiendo una idea mucho más elegante: escuchar, sentir el compás y dejar que la música haga el resto.

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Overall
4.6
  • Gráficos
  • Jugabilidad
  • Control
  • Soundtrack y audio

RHYTHM HEAVEN GROOVE - Reseña

Rhythm Heaven Groove no es una revolución para la franquicia, ni tampoco pretende serlo. Su mayor virtud consiste precisamente en entender qué hizo especial a la serie desde sus orígenes y potenciar esas cualidades con más contenido, mayor variedad y una producción mucho más cuidada. Nintendo demuestra que no siempre hace falta reinventar una fórmula cuando esta sigue funcionando con la misma eficacia que hace veinte años.

Eso no significa que sea un juego perfecto. Tras sesiones muy largas, la estructura basada en minijuegos puede llegar a resultar algo repetitiva, y propuestas como Beatspell dejan la sensación de que podrían haber ofrecido mucho más protagonismo.

Algunos jugadores quizá esperaban novedades más rompedoras después de once años de ausencia, pero Groove prefiere perfeccionar lo conocido antes que asumir riesgos innecesarios.

Rhythm Heaven sigue siendo una celebración del ritmo, del humor y del ingenio, una experiencia capaz de convertir las situaciones más absurdas en desafíos sorprendentemente satisfactorios. Mientras otros títulos musicales buscan impresionar con enormes catálogos de canciones o complejos sistemas de juego, Nintendo continúa defendiendo una idea mucho más elegante: escuchar, sentir el compás y dejar que la música haga el resto.

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QLIPHAH IN PROVIDENCE’S SHADOW | RESEÑA

Qliphah in Providence’s Shadow,  tiene muy claro que no quiere limitarse a repetir las fórmulas que durante años han definido a los JRPG

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Una interesante apuesta por reinventar el combate de los JRPG.

Uno de los géneros de más de nicho y que es complicado de recomendar son los JRPG de comandos por turnos, sin embargo en los últimos años se ha buscado reinvertar el mismo añadiendo elementos de acción para hacerlo más atractivo y gustar a un público más amplio, sin perder a la base de fans que amamos este género.

Ahora llega Qliphah in Providence’s Shadow,  un juego que tiene muy claro que no quiere limitarse a repetir las fórmulas que durante años han definido a los JRPG, ni busca copiar a otros modernos, combinando una narrativa con estructura de novela visual e investigación. con un sistema de combate que intenta encontrar un punto medio entre los enfrentamientos por comandos y la acción en tiempo real y aunque esta apuesta no siempre termina de funcionar de la manera más intuitiva, hay que reconocer que estamos ante uno de los JRPG más frescos del año y que vale la pena jugar y a continuación les cuento el porqué.

Salvando lo que queda de Tokyo.

Desarrollado por UnitePlus y Arc System Works, Qliphah in Providence’s Shadow se sitúa en un Tokio al borde del cataclismo y que ha quedado marcado por la aparición de misteriosas criaturas conocidas como Aberraciones, Rena y Soma deberán enfrentarse a una amenaza sobrenatural que ha comenzado a alterar la realidad mientras investigan los acontecimientos detrás de este extraño fenómeno. Entre investigaciones, descubrimientos y enfrentamientos contra enemigos cada vez más peligrosos, ambos protagonistas tendrán que unir sus habilidades para descubrir la verdad detrás de una ciudad que se encuentra al borde del colapso.

Un sistema de combate que busca algo diferente.

La principal carta de presentación de Qliphah in Providence’s Shadow es su sistema “Tactical Counter-Timeline”, una propuesta que toma elementos de los RPG por comandos y los mezcla con mecánicas propias de un juego de acción; aquí no basta con seleccionar un ataque y esperar nuestro turno ya que los enfrentamientos se desarrollan en tiempo real, mientras una línea o barra de tiempo nos muestra los ataques que están preparando tanto nuestros personajes como los enemigos. La clave está en aprender a leer esa línea y colocar nuestras habilidades en el momento adecuado para interrumpir los ataques rivales.

La mecánica más importante son los contraataques por color y es que cada tipo de ataque, tanto nuestro como de los enemigos, está marcado con un color: Los enemigos anuncian sus ofensivas mediante ataques rojos, amarillos o azules, y nosotros debemos colocar una habilidad del mismo color para hacer coincidir ambos ataques en la línea temporal, si conseguimos hacerlo en el momento preciso, podremos contrarrestar la ofensiva y continuar nuestra propia cadena de ataques.

Lo interesante es que esto no se limita a esperar pasivamente a que el enemigo ataque, el juego nos incentiva a mantenernos constantemente activos, administrar los tiempos de recarga de nuestras habilidades y decidir cuándo conviene utilizar ataques normales, habilidades cargadas, contraataques o movimientos especiales.

Además, tenemos la posibilidad de detener o ralentizar el tiempo, una herramienta fundamental para poder analizar la situación y colocar nuestros comandos sin que el combate se convierta en una prueba de reflejos imposible. 

El resultado es una propuesta bastante original: mientras más dominamos sus sistemas, más se parece a una especie de coreografía en la que debemos anticiparnos a los movimientos enemigos, construir cadenas de ataques y aprovechar los momentos en los que conseguimos romper su defensa para causar una enorme cantidad de daño.

También resulta interesante que controlemos simultáneamente a Rena y Soma, en lugar de administrar un grupo enorme de personajes, lo cual simplifica la gestión del equipo y permite que el juego concentre buena parte de su estrategia en la coordinación entre ambos protagonistas, además de evitar que se vuelva más confuso su sistema de juego.

Una curva de aprendizaje que juega en su contra.

El problema es que esta originalidad también puede convertirse en su mayor obstáculo, Qliphah in Providence’s Shadow explica sus sistemas, pero no siempre consigue que realmente entendamos cómo quiere que los utilicemos. Hay tutoriales para buena parte de sus mecánicas, pero la información puede resultar fragmentada y algunas funciones terminan siendo mucho menos intuitivas de lo que deberían.

Si bien durante las primeras horas es fácil limitarse a colocar ataques, esperar el ataque del enemigo y responder a los ataques dependiendo el color correspondiente y repetir el proceso sin comprender del todo cómo sacar provecho de las posibilidades que ofrece el sistema, sin embargo, hace falta pasar por varios enfrentamientos para comenzar a entender realmente cómo funcionan los tiempos de carga, los ataques encadenados, las habilidades y los contraataques y cuando finalmente todas estas piezas comienzan a encajar, el combate se vuelve mucho más satisfactorio.

Incluso algunas de sus decisiones de progresión pueden generar confusión ya que las mejoras de habilidades, nuevos movimientos y el sistema de desarrollo permiten modificar nuestras posibilidades de combate, no siempre dejan en claro el cómo funcionan para así adaptarlas al estilo de juego por el que hayamos optado.

Investigación, novela visual y combate.

Fuera de las batallas, Qliphah in Providence’s Shadow adopta una estructura completamente diferente, la historia se desarrolla principalmente mediante una estructura de novela visual, mientras recorremos distintos puntos de un Tokio afectado por el llamado Collapse, recopilamos información y seguimos las investigaciones de Rena y Soma.

Tenemos un “tablero de evidencias” que funciona como uno de los elementos que conectan esta investigación con la progresión y a medida que descubrimos información podemos reconstruir diferentes aspectos del mundo y desbloquear habilidades, mientras que determinados códigos y pistas escondidos en elementos como las publicaciones de redes sociales del juego añaden una capa adicional de investigación para quienes quieran profundizar en su universo.

Esta parte puede resultar interesante para quienes disfrutan del misterio y del lore, aunque también contribuye a que el ritmo sea bastante irregular. La estructura termina repitiendo varias veces un ciclo de investigar, leer, combatir y regresar al mapa, algo que con el paso de las horas puede sentirse demasiado predecible y tedioso.

Por fortuna la propia duración del juego, de alrededor unas 20 horas, ayuda a evitar ese tedio y al final tenemos una aventura concisa y entretenida.

Una dirección artística con mucha personalidad.

Donde Qliphah in Providence’s Shadow consigue destacar inmediatamente es en su apartado visual; el diseño de personajes de Tae Oonuma le da a Rena y Soma una identidad muy particular, mientras que el trabajo de Rolua en las ilustraciones principales ayuda a reforzar esa estética de manga urbano.

La propuesta visual funciona especialmente bien por el contraste: Por un lado tenemos protagonistas con diseños llenos de personalidad, expresivos y coloridos, que parecen salidos directamente de un anime de acción; por el otro están las Aberraciones, criaturas grotescas y perturbadoras que parecen pertenecer a una historia de horror completamente diferente. 

El llamado Occult Shader, creado específicamente para el juego, utiliza sombras, contornos y efectos visuales inspirados en el manga de terror japonés para darle a los escenarios una apariencia extraña e inquietante. 

El propio director Satoshi Hirayae ha mencionado influencias como Jujutsu Kaisen, Chainsaw Man y Tokyo Ghoul, además del manga de horror japonés.

No obstante, aquí también aparece una de las limitaciones de la producción: la calidad artística no siempre viene acompañada de variedad, hay pocos escenarios que se reutilizan con frecuencia, algunos fondos de las secuencias de novela visual son bastante estáticos y determinados enemigos terminan resultando demasiado familiares conforme avanzamos, denotando que se trata de un experimento indie por parte de Arc System Works.

Un soundtrack que eleva los enfrentamientos.

El apartado sonoro acompaña muy bien esta propuesta ya que su música sabe cuándo adoptar un tono más oscuro durante las investigaciones y cuándo elevar la intensidad durante los combates. Las batallas se benefician especialmente de temas con mayor energía, mientras que las canciones vocales que aparecen en determinados momentos de la historia ayudan a reforzar esa sensación de estar jugando un anime interactivo.

No necesariamente estamos ante una banda sonora que vaya a convertirse en el principal motivo para recordar el juego, pero sí cumple perfectamente su función: hacer que los enfrentamientos se sientan más espectaculares y reforzar la atmósfera sobrenatural de este Tokio en decadencia.

También destaca el doblaje japonés, particularmente el trabajo de Itsuki Tousi como Soma e Ikumi Hasegawa como Rena y lo mejor es que cuenta con subtítulos y menús en español.

Conclusión.

Qliphah in Providence’s Shadow se nota, ante todo, que es un experimento y es que no todos sus elementos funcionan con la misma eficacia, pero resulta refrescante encontrarse con un JRPG que no intenta simplemente replicar el sistema de combate de otras franquicias. Su Tactical Counter-Timeline tiene una idea genuinamente interesante: conservar la accesibilidad de los comandos mientras incorpora la tensión, velocidad y espectacularidad de un juego de acción y cuando finalmente comprendemos cómo combinar los ataques, leer la línea temporal, aprovechar los contraataques y administrar nuestros recursos, el sistema consigue ofrecer algunos de los mejores momentos de la aventura. El problema es que el juego no siempre sabe cómo enseñarnos a llegar hasta ahí ya que la curva de aprendizaje puede resultar confusa.

Qliphah in Providence’s Shadow ya está disponible en  PlayStation 5, Nintendo Switch y PC (Steam/Epic Games Store).  

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Qliphah in Providence’s Shadow | Reseña
Overall
4
  • Jugabilidad
  • Gráficos y dirección de arte
  • Narrativa
  • Soundtrack

Qliphah in Providence’s Shadow | Reseña

Qliphah in Providence’s Shadow se nota, ante todo, que es un experimento y es que no todos sus elementos funcionan con la misma eficacia, pero resulta refrescante encontrarse con un JRPG que no intenta simplemente replicar el sistema de combate de otras franquicias. Su Tactical Counter-Timeline tiene una idea genuinamente interesante: conservar la accesibilidad de los comandos mientras incorpora la tensión, velocidad y espectacularidad de un juego de acción y cuando finalmente comprendemos cómo combinar los ataques, leer la línea temporal, aprovechar los contraataques y administrar nuestros recursos, el sistema consigue ofrecer algunos de los mejores momentos de la aventura. El problema es que el juego no siempre sabe cómo enseñarnos a llegar hasta ahí ya que la curva de aprendizaje puede resultar confusa.

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Reseñas

SHINOBI: ART OF VENGEANCE (NINTENDO SWITCH 2) – RESEÑA

SHINOBI: Art of Vengeance nos ofrece acción desenfrenada y ahora llega toda esa emoción llega a Nintendo Switch 2

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Shinobi

La historia nos coloca nuevamente en la piel de Joe, quien regresa a su hogar para descubrir que su clan ha sido destruido. Con la venganza como principal motivación, comienza un recorrido lleno de enemigos, obstáculos y enfrentamientos que pondrán a prueba nuestras habilidades como ninja.

Uno de los aspectos que más destaca es su apartado visual. Los escenarios tienen un estilo dibujado a mano que le da mucha personalidad a cada zona, mientras que las animaciones hacen que los combates se sientan dinámicos y llenos de movimiento. Es un juego que consigue llamar la atención incluso cuando simplemente estamos recorriendo sus escenarios.

Pero donde realmente brilla es en el combate. La katana, los kunais y las diferentes habilidades de Joe permiten crear enfrentamientos rápidos y variados. Aunque al principio resulta sencillo familiarizarse con los controles, conforme avanzamos es necesario aprender a combinar nuestras herramientas, esquivar ataques y encontrar el momento adecuado para contraatacar.

La exploración también tiene un papel importante. Los niveles esconden caminos alternativos y secretos que incentivan regresar a zonas anteriores cuando contamos con nuevas habilidades. Esto agrega una pequeña capa de profundidad que evita que la experiencia se limite únicamente a avanzar y derrotar enemigos.

En Nintendo Switch 2, la experiencia resulta especialmente cómoda para jugar en portátil. El estilo artístico luce muy bien en la pantalla de la consola y mantiene esa sensación de estar jugando una aventura clásica con una presentación completamente renovada.

Quizá su historia no sea el elemento más profundo de la experiencia, pero tampoco necesita serlo. SHINOBI: Art of Vengeance entiende que su principal atractivo está en ofrecer acción rápida, combates satisfactorios y escenarios que invitan a dominar cada movimiento.

SHINOBI: Art of Vengeance es un regreso acertado para Joe Musashi, capaz de recuperar la identidad de la saga sin quedarse atrapado en el pasado. Una aventura recomendable para quienes disfrutan los juegos de acción 2D y buscan un reto que premie aprender y mejorar.

Como dato curioso la version Delux incluye un DLC que introduce nuevos escenarios y enfrentamientos en los que aparecen Goro Majima, Dr. Eggman y Death Adder, personajes que aportan estilos y situaciones diferentes a la fórmula de acción y plataformas del juego. Cada encuentro está pensado para aprovechar las habilidades que Joe ha desarrollado durante su aventura, haciendo que dominar el combate vuelva a ser importante.

También se incorporan nuevos elementos para personalizar la experiencia, además de música y desafíos adicionales. A esto se suman modalidades enfocadas en los combates contra jefes, ideales para quienes buscan perfeccionar sus movimientos y conseguir mejores resultados.

Lo más divertido del contenido es precisamente su carácter de crossover. Ver a Joe Musashi enfrentándose a personajes provenientes de distintas franquicias de SEGA le da una personalidad especial a esta expansión y genera algunos de los momentos más curiosos de la aventura.

Calificación: 9/10

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Cine

QUIERO TU SEXO (I WANT YOUR SEX) | Reseña

Quiero tu sexo nos entrega una película irreverente y que a través de dicha irreverencia sabe tocar temas incómodos, checa nuestra reseña

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Una divertida batalla generacional sobre deseo, poder y sexualidad.

Es difícil ncontrar una divertida y bien lograda película o serie que hable sobre temas delicados como el sexo, en todas sus distintas facetas, y es que muchas producciones abordan el tema desde puntos de vista misóginos, burlones y hasta degradantes, creyendo que eso es “comedía” (te estoy viendo a ti Happy Madison con la mayoría de tus películas). Por fortuna con Quiero tu sexo, Gregg Araki nos entrega una película irreverente y que a través de dicha irreverencia sabe tocar temas incómodos dentro del sexo, y nos lo cuenta de una manera bastante particular tomando como premisa las diferencias entre generaciones alrededor del sexo, el deseo, el cambio de roles y las relaciones de poder, todo de una manera amena, bien cuidada e incluso rompiendo estereotipos, haciendo sátira de los estereotipos. 

La sexualidad sin tabúes. 

La historia sigue a Elliot Bell (Cooper Hoffman), un joven veinteañero inseguro, ingenuo y con poca experiencia sexual que consigue trabajar para Erika Tracy (Olivia Wilde), una reconocida y provocadora artista contemporánea. Lo que comienza como una oportunidad laboral rápidamente se transforma cuando Erika lo convierte en su musa sexual y, eventualmente, en su subordinado dentro de una relación dominada por ella.

Y precisamente aquí está uno de los mayores aciertos de Quiero tu sexo: invertir los roles que tradicionalmente ha presentado el cine dentro de este tipo de historias; en lugar de recurrir al habitual hombre mayor que seduce, controla o introduce a una mujer joven en un mundo sexual desconocido, Araki coloca a una mujer madura, segura de sí misma, exitosa y sexualmente empoderada, frente a un hombre joven que acepta una posición de sumisión.

Siendo esto el motor para hablar de cómo han cambiado las concepciones sobre el sexo entre generaciones: Erika representa una visión mucho más desinhibida y confrontativa, mientras que Elliot pertenece a una generación que observa el sexo, el consentimiento y los límites desde una perspectiva mucho más, digamos cautelosa, tomando en cuenta la hipersensbilidad de las nuevas generaciones en varios aspectos. 

La película se mantiene constantemente enfrentando ambas posturas y, en lugar de decidir quién tiene completamente la razón, encuentra humor precisamente en las contradicciones de ambos, pero también en los gustos de ambos por satisfacer sus deseos, siendo algo muy interesante es que logra este humor sin convertir la sumisión masculina en el objeto de la burla. Elliot puede ser ingenuo, torpe y estar constantemente sobrepasado por las situaciones en las que Erika lo introduce, pero la película no necesita ridiculizarlo por disfrutar de una posición tradicionalmente asociada con personajes femeninos, por lo que su vulnerabilidad se convierte en parte del humor, pero también de su desarrollo como personaje.

Actuaciones que te pararán… de tu asiento.

Olivia Wilde se roba prácticamente cada escena como Erika, interpretando a una mujer exagerada, provocadora y consciente del poder que ejerce sobre quienes la rodean, pero sin reducirla a una caricatura. Hoffman, por su parte, encuentra el tono adecuado para un Elliot que constantemente parece preguntarse cómo terminó metido en semejante situación. Y todo esto funciona gracias a la química entre ambos sostiene buena parte de la película, con todo y los momentos subidos de tono.

Poniendo picante en el arte.

El humor es otro de sus grandes aciertos, ya que funciona como una herramienta para hablar de temas incómodos: las diferencias generacionales, el consentimiento, las relaciones de poder, lo políticamente correcto, la inseguridad y la manera en que cada generación entiende el deseo, sabiendo combinar comedia sexual con comentario social y una mirada satírica hacia las actitudes sexuales actuales.

Visualmente la película tiene un toque muy particular, logrando que las escenas subidas de tono y los desnudos logren manejarse de una madura, erótica y cómica.

El punto donde acabó el efecto de la píldora azul (dónde se cae).

Sin embargo, no todo funciona igual de bien, siendo su principal problema el cierre de la cinta que rompe con el tono crudo y realista que busca darnos la cinta, no digo que sea algo exagerado o que sea un final de fantasía, y aunque no arruina la experiencia, sí se siente desconectado de toda la película.

Asimismo varios de los personajes secundarios que parecían tener un mayor peso, simplemente quedan rezagados y poco desarrollados, dejando la sensación de que se les tuvo que  recortar tiempo en cámara por cuestiones de tiempo.

Aún así, se pueden dejar pasar ya que la cinta no pretende darnos una lección sobre la sexualidad ni pretende convertirse en el nuevo referente del thriller erótico; sino ser una comedía que utiliza el sexo con una dinámica de poder distinta a la que conocemos, mientras refleja la gran diferencia generacional que ahora existe.

Conclusión.

Quiero tu sexo funciona mejor cuando se deja llevar por su lado de comedia sexual y por la extraordinaria dinámica entre Olivia Wilde y Cooper Hoffman. Es una película divertida, provocadora y visualmente llamativa que consigue hablar de temas incómodos sin caer constantemente en los clichés del género, especialmente al presentar una mujer madura que ejerce el poder y un hombre joven que abraza una posición de sumisión sin convertirlo en objeto de humillación. Aunque su tercer acto pierde parte de la fuerza y el ingenio del resto de la película, y algunos personajes secundarios quedan desaprovechados, Gregg Araki consigue regresar con una obra fresca, descarada y sorprendentemente accesible que utiliza el sexo no solamente para provocar, sino para hablar de poder, consentimiento, deseo y, sobre todo, de las enormes diferencias entre la manera en que distintas generaciones entienden la sexualidad.

Quiero tu sexo ya se encuentra en las salas de cine de México.

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Quiero tu sexo (I want your sex) | Reseña
Overall
4.5
  • Dirección
  • Actuaciones
  • Guion
  • Escenas eróticas y desnudos

Quieto tu sexo | Reseña

Quiero tu sexo funciona mejor cuando se deja llevar por su lado de comedia sexual y por la extraordinaria dinámica entre Olivia Wilde y Cooper Hoffman. Es una película divertida, provocadora y visualmente llamativa que consigue hablar de temas incómodos sin caer constantemente en los clichés del género, especialmente al presentar una mujer madura que ejerce el poder y un hombre joven que abraza una posición de sumisión sin convertirlo en objeto de humillación. Aunque su tercer acto pierde parte de la fuerza y el ingenio del resto de la película, y algunos personajes secundarios quedan desaprovechados, Gregg Araki consigue regresar con una obra fresca, descarada y sorprendentemente accesible que utiliza el sexo no solamente para provocar, sino para hablar de poder, consentimiento, deseo y, sobre todo, de las enormes diferencias entre la manera en que distintas generaciones entienden la sexualidad.

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