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Kingdom Come: Deliverance – Royal Edition | Reseña sin caídas de framerate
El mejor RPG/simulador de la vida medieval en Switch.
Después de seis años desde su lanzamiento, por fin llega a Nintendo Switch Kingdom Come: Deliverance – Royal Edition, un RPG que bien puede ser ya considerado un clásico o juego de culto que se ha ganado este título con el pasar de los años al aún tener un gameplay que muchos juegos del estilo envidiarían y que se sigue sintiendo actual y divertido; ahora, el port de este juego elogiado por la crítica y los fans llega (milagrosamente) a Nintendo Swicth junto a todos sus DLC´s ¿qué tal luce en la consola híbrida de Nintendo? ¿vale la pena adquirir esta versión? A continuación les cuento.

Un logro técnico.
Con todo y que la Nintendo Sitch ha sido la consola menos “potente” en términos técnicos, ello no ha impedido que juegos como Doom o Hogwarts Legacy lleguen a esta consola y que luzcan bien, claro, también ha habido ports que lucen muy mal (te estamos viendo MK1), por fortuna el port de Kingdom Come: Deliverance – Royal Edition se encuentra dentro de los buenos ports que llegan al Switch y si bien tiene sus detalles, su rendimiento es lo suficientemente bueno para disfrutar de este título.
El juego promete correr en 1080 a 30 cuadros por segundo, no obstante, esos 1080 son nada estables y el juego cuenta con caídas de framerate, esto hablando en el modo dock de la consola, pero aún con esas caídas el juego es estable y nunca interfieren con su rendimiento en el gameplay, es decir, el juego nunca se vuelve lento ni presentará retraso entre el tiempo que se ejecute la como y el momento en el que la vemos realizarse en pantalla, lo cual se agradece de sobremanera, ya que como saben (o no), su gameplay exige el siempre estar atento y encontrar el lugar y momento adecuado para atacar o defender, pero de eso ya hablaremos más adelante.
Asimismo cuenta con otros “errores” que espejaríamos de un port al Switch, como el que algunas texturas tarden en cargar, los rostros de los personajes luzcan de hace un par de generaciones o que estructuras lejanas aparezcan “de la nada” conforme vamos avanzando en los escenarios, pero insisto, nada que afecte su jugabilidad.o

Eso sí, su en su modo portátil el juego luce cono los juegos del primer Xbox, sí es jugable, pero se ve terrible, pero es un sacrifico si deciden estarlo jugando fuera de su sala habitación.
Claramente las mejores versiones del juego siguen siendo las de PlayStation, Xbox y PC, pero solo por cuanto a las gráficas, ya que su jugabilidad se sigue manteniendo igual de bien que en las otras plataformas, así que la opción de que esté en Switch es para quien solo tenga esta consola o se quiera aventurar a probarlo en portátil, donde el problema es que luce como juego de hace dos o tres generaciones.
¿De qué va?
Kingdom Come es la “clásica” historia del héroe, con un toque más de realismo: el juego nos sitúa en el año 1403 en el Reino de Bohemia (territorio de la actual República Checa), el rey Carlos IV ha muerto dejando el reino en manos de su hijo Wenceslao IV, un gobernante débil y que no esta a la altura de la sombra de su padre. Ante esta situación y dada la despreocupación de Wenceslao por sus labores reales, la nobleza acaba dándole la espalda y apoyando a su hermanastro Segismundo, Rey de Hungría, este no tardó en asaltar el poder, secuestrar a su hermanastro Wenceslao y hacerle abdicar, y reprimir brutalmente a todos los partidarios del anterior monarca y aquí es donde comienza el viaje de Henry, el hijo del herrero de Skalice que ve a su pueblo reducido a cenizas y a sus padres asesinados por el ejercito de Segismundo y jurará venganza por ello.

Un RPG/simulador de la era medieval, en un mundo abierto.
En cuanto a su gameplay y mecánicas se siguen sintiendo vigentes y muy únicas y es que a diferencia de otros títulos, en Kingdom Come no contaremos con una maestría en el combate desde un inicio, sino que tendremos que ir subiendo de nivel y adquirir varias habilidades para mejoras los stats de nuestro personaje y obtener habilidades únicas, las cuales iremos desbloqueando dependiendo de la clase que decidamos ir mejorando (espadachín, lancero, bardo, ladrón, etcétera), lo cual nos ayudará a que las batallas sean más sencillas o simplemente nos volvamos unos amos del sigilo, o combinar ambas u otras habilidades. Asimismo, situaciones como el dormir y el mantener bien alimentado al personaje, van a influir en su desempeño.

El combate es otro punto muy interesante del juego y es que al tener la perspectiva en primera persona y los combates sean cuerpo a cuerpo, han permitido que las peleas se sientan más reales y no solo sean espadazos sin estrategia, ya que debemos estar atentos a la posición o postura del oponente para saber por dónde atacar o por dónde defender o esquivar, ya sea esperando recibir el ataque por alguno d ello flanco o por arriba o prestando atención a a en donde tiene descubierta su guardia. Lo mejor es que este sistema de combate se siente orgánico y más apegado a lo que era un combate a muerte en la época medieval y si bien, tiene una curva de aprendizaje un poco difícil, cuando la en endemia y dominamos, es muy satisfactorio el ganar las justas.
Por si fuera poco, el mundo abierto que se nos presenta se encuentra muy buen logrado, la música, efectos de sonido y escenarios terminan de darle los toques necesarios para hacernos sentir en una aventura/mundo ambiental, de igual manera la interacción con los NPC, conversaciones y consecuencias se encuentra bien escritos y añade ese algo para sentirnos en villas y castillos de los 1400’s.

Conclusión.
Kingdom Come: Deliverance -Royal Edition-, es en verdad un logro que llegue al Nintendo Switch y se vea y juegue muy bien para quienes no lo hubieran probado le den una oportunidad, sí es la versión técnica con mas downgrade, su gameplay divertido, retador y único se mantienen y aún en su versión portátil jamás se ve afectada , el juego principal toma unas 60 horas terminarlo, esto yéndonos apresurados, por lo que con sus DLC están garantizadas 100 horas de juego que nos hacen sentir cómo era la vida medieval.
Reseñas
ONIMUSHA: WAY OF THE SWORD | Reseña
Onimusha: Way of the Sword, un título que por sucalidad perfectamente podría colocarsed entre los candidatos a Juego del Año

Tal cual, es el camino de la espada.
Hay años en los que una compañía parece empeñada en recordarnos porqué sigue siendo una de las grandes de la industria y 2026 está siendo, sin duda, el año de CAPCOM, y es que después de este mismo año darnos increíbles títulos, vuelve a demostrar que el videojuego single player todavía tiene muchísimo que ofrecer con Onimusha: Way of the Sword, un título que no solo rescata una de sus franquicias más queridas después de dos décadas de ausencia, sino que lo hace con una calidad que perfectamente podría colocarlo entre los candidatos a Juego del Año. Y es que Way of the Sword entiende algo fundamental: no necesita reinventar el género de acción para tener identidad propia, basta darnos un sistema de juego sólido, personajes entrañables, historia atrapante y música envolvente, todo fundamentado en en el propio “Camino de la espada”.
Lo más importante es pelear inteligente (en este caso jugar inteligente).
A primera vista, Onimusha: Way of the Sword podría parecer otro juego de acción en tercera persona en el que debemos avanzar por escenarios mientras acabamos con hordas de enemigos, sin embargo, basta pasar unos minutos con su sistema de combate para descubrir que aquí no se trata simplemente de lanzar ataques hasta que el enemigo caiga.
Como indica el propio título, este es el camino de la espada y eso significa aprender a pelear: durante los enfrentamientos tendremos que saber cuándo bloquear, cuándo esquivar, cuándo contraatacar, cuándo ejecutar un Issen, cuándo utilizar los poderes Oni y, sobre todo, cuándo absorber las almas que dejan nuestros enemigos y es que cada una de estas mecánicas tiene un propósito y aprender a combinarlas es lo que convierte al combate en uno de los mayores atractivos de la experiencia y que siempre se sienta divertido.
El juego premia la observación y el timing, no todos los ataques se enfrentan de la misma manera y, conforme aparecen enemigos más poderosos, resulta indispensable leer sus movimientos y reaccionar en consecuencia. Las paradas y contraataques pueden convertir un ataque enemigo en una oportunidad para hacer un daño enorme, mientras que las habilidades Oni permiten cambiar el ritmo de una batalla.
Lo mejor es que esto alcanza su máxima expresión durante los combates contra los jefes; cada enfrentamiento importante se siente como un examen de todo lo que hemos aprendido hasta ese momento (y sin duda estos son los mejores combates) y que nos obligan a utilizar las diferentes herramientas, estudiar patrones y entender cuándo atacar y cuándo simplemente esperar. Y cuando finalmente conseguimos derrotar a un jefe que nos puso en aprietos (aún cuando haya sido al primer intento) la satisfacción es enorme.
No es un “soulslike”, y eso es bueno.
Hay que hablar del “genma” en la habitación y es que es imposible la comparación de este juego con un Soulslike, ya que comparten ciertos elementos o aspectos especialmente por la importancia que tienen la defensa, los parries, el timing y la lectura de los enemigos, pero Onimusha no pretende ser un juego imposible de terminar y creo que esa fue la decisión correcta.
CAPCOM busca que Way of the Sword sea una experiencia capaz de llegar a un público mucho más amplio, pero eso no significa que podamos apretar un botón sin pensar y ganar todos los combates, al contrario, hay que saber jugar.
La diferencia es que el juego no utiliza la dificultad como una barrera de entrada; puedes disfrutar de la aventura aunque no seas un maestro del parry, pero si decides dominar todas sus mecánicas, el juego te recompensa. Los momentos más difíciles pueden exigir precisión, paciencia y conocimiento del enemigo, pero la intención nunca parece ser castigarnos por jugar y es una filosofía que funciona especialmente bien porque ya ciertamente ya hacía falta y es que hay que entender que una dificultad elevada no lo hace un mejor o peor juego, menos cuando cuenta con un sistema de combate sólido que es divertido con lo que ya ofrece.
Musashi y una historia que sabe atraparnos.
Onimusha: Way of the Sword nos lleva a un Japón de época Edo en el que Kioto ha sido deformada por la presencia de los Genma y una fuerza conocida como Malice. En medio de este caos encontramos a Miyamoto Musashi, un joven espadachín que termina entrando en contacto con el poder de los Oni y se ve obligado a enfrentarse a una amenaza sobrenatural que va mucho más allá de sus propios duelos.
La premisa puede parecer sencilla, pero funciona porque está acompañada por personajes que consiguen darle personalidad a la aventura y aquí es imposible no hablar de Musashi. A primera vista podría parecer un protagonista despreocupado, incluso un poco arrogante y bromista, sin embargo, conforme avanzamos descubrimos a un personaje honorable, de buen corazón y con una evolución que hace que queramos seguir acompañándolo.
A su lado está Shizuka, quien reside dentro de nuestro Onibrazal y termina convirtiéndose en una pieza fundamental durante la aventura. La relación entre ambos aporta algunos de los mejores momentos de la historia, especialmente porque sus personalidades contrastan de manera muy agradable.
El resto del elenco tampoco se queda atrás; cada personaje tiene una personalidad suficientemente marcada como para que podamos identificarlo inmediatamente, mientras que los antagonistas cuentan con motivaciones y diseños que los hacen destacar. La narrativa tampoco pretende reinventar las historias de samuráis, pero consigue algo mucho más importante: hacernos querer saber qué ocurrirá después.
Un apartado visual espectacular.
Si hay algo que CAPCOM parece dominar cada vez mejor es el RE Engine y Way of the Sword vuelve a demostrar hasta dónde puede llevarse esta tecnología: el juego luce espectacular, desde los escenarios de un Kioto corrompido hasta los modelos de personajes, las expresiones faciales, los efectos de iluminación y la manera en que los objetos reaccionan ante las condiciones del entorno, todo contribuye a construir una experiencia visual de primer nivel y a nivel de rendimiento el juego siempre corrió de manera impecable en PS5.
Hay momentos en los que resulta difícil no detenerse simplemente a observar lo que ocurre en pantalla. El nivel de detalle de los personajes también merece reconocimiento. CAPCOM consigue combinar realismo con una estética profundamente marcada por el cine japonés y las historias de samuráis. Incluso Musashi está inspirado visualmente en el legendario actor Toshiro Mifune, algo que ayuda a reforzar esa sensación cinematográfica. Y esto también se extiende al diseño de enemigos; los Genma no son simplemente criaturas creadas para llenar escenarios, muchos de sus diseños reflejan su personalidad, su naturaleza o incluso el origen de sus poderes. Los jefes, especialmente, son capaces de transmitir quiénes son incluso antes de que entendamos completamente su historia.
Una banda sonora a la altura.
La banda sonora cuenta con Nozomi Ohmoto como compositora principal, acompañada por Kota Suzuki y Tomoki Kameyama, además del trabajo de otros compositores y músicos involucrados en el proyecto. El resultado es una mezcla muy interesante entre instrumentación tradicional japonesa y elementos modernos, consiguiendo acompañar tanto los momentos contemplativos como las grandes batallas. Instrumentos como el shamisen, shakuhachi, koto y biwa conviven con una producción orquestal que le da a la aventura una escala mucho mayor.
Donde la espada pierde un poco de filo.
Onimusha: Way of the Sword no es perfecto, siendo su mayor problema precisamente en aquello que más contrasta con la excelencia de sus combates contra jefes: los enfrentamientos contra los enemigos comunes, los cuales en determinados momentos el juego puede sentirse demasiado fácil.
Hay grupos de Genma que parecen estar ahí simplemente esperando a que lleguemos para convertirse en sacos de boxeo. Incluso cuando estamos rodeados por varios enemigos (y entre ellos aparece alguno considerablemente más fuerte) en ocasiones la reacción de los enemigos resulta demasiado pasiva y lejos de transmitir una sensación real de peligro, se siente como una ayuda extra para conseguir almas.
Conclusión.
Onimusha: Way of the Sword es mucho más que el regreso de una franquicia que llevaba dos décadas esperando una nueva oportunidad; es la prueba de que CAPCOM todavía sabe tomar una fórmula clásica, actualizarla y darle una identidad propia sin perder aquello que la hacía especial.
Su sistema de combate es preciso, espectacular y, sobre todo, satisfactorio, porque recompensa al jugador que aprende a dominarlo en lugar de simplemente presionar botones. Sus enfrentamientos contra los jefes son de lo mejor de la aventura, mientras que Musashi se convierte en un protagonista carismático al que resulta fácil tomarle cariño y Shizuka, junto con el resto del elenco, consigue darle personalidad a una historia que, aunque sencilla, sabe atraparnos desde sus primeros minutos. A esto se suma un apartado visual espectacular gracias al RE Engine, un diseño artístico que combina con enorme acierto la tradición japonesa con la fantasía sobrenatural y una banda sonora que acompaña perfectamente cada momento de la aventura.
Es cierto que sus enemigos comunes y una curva de dificultad algo irregular impiden que estemos ante una experiencia perfecta, sin embargo, incluso esta decisión puede entenderse dentro de la intención de CAPCOM de crear una experiencia accesible para un público más amplio, porque al final, Onimusha: Way of the Sword entiende perfectamente lo que significa su nombre: El camino de la espada no consiste en atacar más rápido que el enemigo, sino en aprender a leerlo, esperar el momento adecuado y hacer que cada golpe cuente.
Onimusha: Way of the Sword ya está disponible en PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch 2 y PC.
Onimusha: Way of the Sword | Reseña sin spoilers
Overall
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Sistema de juego, control y mecánicas
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Gráficos y rendimiento
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Historia, guión
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Soundtrack
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Dirección de arte, diseño de personajes
Onimusha: Way of the Sword | Reseña sin spoilers
Onimusha: Way of the Sword es mucho más que el regreso de una franquicia que llevaba dos décadas esperando una nueva oportunidad; es la prueba de que CAPCOM todavía sabe tomar una fórmula clásica, actualizarla y darle una identidad propia sin perder aquello que la hacía especial. Su sistema de combate es preciso, espectacular y, sobre todo, satisfactorio, porque recompensa al jugador que aprende a dominarlo en lugar de simplemente presionar botones. Sus enfrentamientos contra los jefes son de lo mejor de la aventura, mientras que Musashi se convierte en un protagonista carismático al que resulta fácil tomarle cariño y Shizuka, junto con el resto del elenco, consigue darle personalidad a una historia que, aunque sencilla, sabe atraparnos desde sus primeros minutos. A esto se suma un apartado visual espectacular gracias al RE Engine, un diseño artístico que combina con enorme acierto la tradición japonesa con la fantasía sobrenatural y una banda sonora que acompaña perfectamente cada momento de la aventura.
Es cierto que sus enemigos comunes y una curva de dificultad algo irregular impiden que estemos ante una experiencia perfecta, sin embargo, incluso esta decisión puede entenderse dentro de la intención de CAPCOM de crear una experiencia accesible para un público más amplio, porque al final, Onimusha: Way of the Sword entiende perfectamente lo que significa su nombre: El camino de la espada no consiste en atacar más rápido que el enemigo, sino en aprender a leerlo, esperar el momento adecuado y hacer que cada golpe cuente.
Reseñas
STAR WARS: ZERO COMPANY – Reseña
Star Wars: Zero Company se vende por si solo: toma la fórmula de XCOM y llevala a una galaxia muy, muy lejana.

En el universo de Star Wars hemos vivido duelos de sables de luz, batallas espaciales, persecuciones y suficientes explosiones como para llenar varias Estrellas de la Muerte. Sin embargo, había una perspectiva que la franquicia todavía podía explotar mucho más: la de un escuadrón táctico tratando de sobrevivir en medio del caos de las Guerras Clon.
Ahí entra Star Wars: Zero Company, desarrollado por Bit Reactor, un estudio formado por antiguos miembros de Firaxis Games. La premisa prácticamente se vende sola: tomar la fórmula de XCOM y llevarla a una galaxia muy, muy lejana.

El resultado es una aventura táctica bastante sólida que, aunque tiene algunos problemas importantes, ofrece una de las experiencias de Star Wars más interesantes de los últimos años. Su historia no siempre consigue estar a la altura de su premisa, pero cuando Hawks y su peculiar grupo de mercenarios entran en combate, Zero Company demuestra todo su potencial.
Una guerra en las sombras
La historia se desarrolla durante los últimos años de las Guerras Clon y nos pone en el papel de Hawks, un antiguo soldado de la República que ahora lidera un grupo de mercenarios conocido como Zero Company.
El equipo termina involucrado en un conflicto contra The Coil, una organización clandestina dirigida por la misteriosa Fathom. Su plan involucra una extraña enfermedad conocida como la Plaga de las Sombras, transmitida por insectos y capaz de provocar la muerte o conceder habilidades similares a las de la Fuerza.

Sobre el papel, tenemos todos los ingredientes para una gran historia de Star Wars: una amenaza secreta, una organización misteriosa y una conspiración que ocurre detrás de las Guerras Clon.
El problema es que la narrativa termina siendo bastante convencional. Fathom funciona como antagonista, pero nunca consigue convertirse en una villana particularmente memorable. Algunos giros son interesantes, pero el conflicto rara vez genera auténtica intriga.
La aparición de Anakin Skywalker y algunas misiones relacionadas con personajes conocidos elevan determinados momentos, aunque también generan una pregunta inevitable: si hay figuras tan importantes involucradas, ¿qué tan secreta podía ser realmente esta guerra?
Por suerte, Zero Company tiene algo mucho más interesante que su villano: sus personajes.
El verdadero corazón de Star Wars: Zero Company
El escuadrón es, sin duda, lo mejor de la experiencia.
Desde Cly, el misterioso mandaloriano, hasta Trick, el soldado clon aficionado a las cartas, el grupo está formado por personajes con personalidades y creencias muy diferentes. Y precisamente sus diferencias hacen que las conversaciones entre misiones sean tan entretenidas.

Trick puede preguntarle a una padawan Jedi si los Jedi pueden leer la mente de sus compañeros durante una partida de cartas, mientras que Kabb, un enorme alienígena azul, demuestra su pasión por las historias de space opera. Son pequeños momentos que hacen que el equipo se sienta como algo más que un conjunto de unidades.
Las relaciones entre los personajes también evolucionan. Algunos comienzan llevándose francamente mal, pero puedes enviarlos juntos a las misiones para fortalecer sus vínculos.
Y aquí está el detalle interesante: esas relaciones también tienen repercusiones durante los combates.
Esta dinámica hace que poco a poco el escuadrón se sienta como una familia disfuncional. En ese sentido, Zero Company recuerda a la tripulación de la Normandy de Mass Effect: personajes que terminan siendo tan importantes como la propia misión.
XCOM con sables de luz
Donde Zero Company realmente brilla es en el campo de batalla.
El ADN de XCOM está presente en el sistema de combate, con escenarios divididos en cuadrículas, coberturas, diferentes alturas y elementos del entorno que pueden aprovecharse estratégicamente.
Cada miembro del equipo dispone normalmente de tres puntos de acción por turno. Moverse, atacar y utilizar habilidades consume estos puntos, por lo que cada movimiento requiere pensar antes de actuar.

La diferencia está en cómo Bit Reactor incorpora los elementos propios de Star Wars.
Existen ocho clases diferentes y los personajes pueden combinar especializaciones para crear configuraciones distintas. Además, cada integrante tiene habilidades únicas. Tel Rae puede utilizar poderes de la Fuerza como Empuje y Atracción, mientras que otros personajes cuentan con armas y técnicas completamente diferentes.
Uno de mis favoritos es Kabb y su gancho, capaz de mandar enemigos por los bordes del escenario. Porque, seamos honestos, lanzar a un enemigo por un precipicio con un alienígena gigante nunca pasa de moda.
La flexibilidad también resulta acertada. Puedes cambiar armas, granadas, equipo y clases sin quedar atrapado en una decisión tomada horas atrás. Esto fomenta la experimentación y permite adaptar el escuadrón a cada situación.
El principal inconveniente es que habría sido muy útil contar con configuraciones guardadas para cambiar rápidamente entre diferentes especializaciones.
Construye tu propio escuadrón
Zero Company también permite crear personajes personalizados para acompañar al equipo.
Puedes elegir entre diferentes especies, modificar su apariencia, ponerles nombre y seleccionar sus habilidades. Incluso puedes crear tu propio droide astromecánico y personalizar su diseño.
Es una herramienta que complementa muy bien la progresión porque permite construir un escuadrón que realmente se sienta propio.
La dificultad también está bien equilibrada. En normal, la experiencia ofrece algunos momentos de tensión, pero generalmente resulta accesible incluso para quienes no tienen demasiada experiencia con juegos tácticos.
Los veteranos de XCOM probablemente deberían comenzar en difícil para encontrar un reto mayor, mientras que el modo Historia funciona perfectamente para quienes simplemente quieren disfrutar del universo de Star Wars y conocer a sus personajes.

Eso sí, se echa de menos poder crear algunos de los personajes más particulares del universo, como un mandaloriano o un padawan personalizado. Tener estas opciones como recompensas después de terminar la campaña habría sido un excelente incentivo.
Una galaxia que necesita mantenimiento
Por desgracia, el apartado técnico es uno de los puntos débiles del juego.
Durante la experiencia en PC pueden aparecer pausas en las que los personajes permanecen inmóviles durante varios segundos antes de continuar con sus acciones. La cámara también puede comportarse de manera extraña, llegando a colocarse detrás de objetos o mostrando momentáneamente una pantalla negra.
En algunas ocasiones pueden producirse bloqueos completos que obligan a reiniciar el juego y pueden provocar pérdida de progreso. También aparecen errores visuales menores, como personajes deslizándose por el escenario o adoptando accidentalmente una T-Pose.

Estos últimos pueden resultar incluso graciosos, pero los problemas de rendimiento sí necesitan atención. En un juego táctico, donde cada decisión importa, que el juego se congele durante una acción rompe completamente el ritmo.
Otro problema es el contenido posterior a la campaña. Una vez terminada la historia, las razones para regresar son limitadas.
Es una oportunidad desaprovechada porque el sistema de combate tiene suficiente profundidad como para sostener más contenido.
Una misión que vale la pena aceptar
Star Wars: Zero Company no es perfecto. Su historia resulta predecible en algunos momentos, sus antagonistas no consiguen dejar demasiada huella y los problemas técnicos necesitan ser solucionados.
Pero quedarse únicamente con esas carencias sería injusto.
Cuando el escuadrón entra en combate, Zero Company demuestra por qué esta combinación de Star Wars y estrategia funciona tan bien. Las diferentes clases, habilidades, relaciones entre personajes y posibilidades tácticas hacen que las batallas sean entretenidas y, sobre todo, satisfactorias.
Pero su mayor triunfo está fuera de la estrategia pura: está en sus personajes.
Hawks y compañía demuestran que Star Wars no necesita depender constantemente de Jedi, Sith o de otra batalla por el destino de la galaxia. Un grupo de inadaptados con personalidades diferentes puede ser suficiente para construir una aventura memorable.
Bit Reactor tomó una fórmula conocida, la llevó a una galaxia muy, muy lejana y consiguió darle personalidad propia. Ahora solo falta que el estudio pula sus problemas técnicos y encuentre la manera de mantener vivo el juego después de terminar la campaña.
Porque después de acompañar a Zero Company durante toda esta aventura, queda una conclusión bastante clara: esta galaxia todavía tiene muchas misiones que contar.
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Overall
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GAMEPLAY
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GRÁFICOS
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AUDIO
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HISTORIA
STAR WARS: ZERO COMPANY - Reseña
Star Wars: Zero Company no es perfecto. Su historia resulta predecible en algunos momentos, sus antagonistas no consiguen dejar demasiada huella y los problemas técnicos necesitan ser solucionados.
Pero quedarse únicamente con esas carencias sería injusto.
Cuando el escuadrón entra en combate, Zero Company demuestra por qué esta combinación de Star Wars y estrategia funciona tan bien. Las diferentes clases, habilidades, relaciones entre personajes y posibilidades tácticas hacen que las batallas sean entretenidas y, sobre todo, satisfactorias.
Pero su mayor triunfo está fuera de la estrategia pura: está en sus personajes.
Hawks y compañía demuestran que Star Wars no necesita depender constantemente de Jedi, Sith o de otra batalla por el destino de la galaxia. Un grupo de inadaptados con personalidades diferentes puede ser suficiente para construir una aventura memorable.
Bit Reactor tomó una fórmula conocida, la llevó a una galaxia muy, muy lejana y consiguió darle personalidad propia. Ahora solo falta que el estudio pula sus problemas técnicos y encuentre la manera de mantener vivo el juego después de terminar la campaña.
Porque después de acompañar a Zero Company durante toda esta aventura, queda una conclusión bastante clara: esta galaxia todavía tiene muchas misiones que contar.
Reseñas
ORBITALS – Reseña
Orbitals nos demuestra como una aventura puede ser mucho más divertida cuando tienes a alguien a tu lado gracias a su gameplay.

Una aventura donde jugar acompañado no es una opción, es la misión
Hay juegos que buscan sorprendernos con gráficos espectaculares y mundos enormes. Orbitals apuesta por algo mucho más sencillo: demostrar que una aventura puede ser mucho más divertida cuando tienes a alguien a tu lado.
Desarrollado por Shapefarm, Orbitals es una aventura cooperativa exclusiva de Nintendo Switch 2 que nos pone en el papel de Maki y Omura, dos exploradores que deberán encontrar la manera de salvar su hogar mientras se enfrentan a puzles, plataformas, enemigos y diferentes desafíos.

Pero aquí hay una regla importante: no podemos hacerlo todo solos. La cooperación es el corazón de Orbitals. Cada jugador tiene herramientas y habilidades diferentes, por lo que avanzar requiere comunicación y coordinación constante.
Algunos puzles son sencillos, pero otros pueden provocar ese clásico momento de:
“¡Espera, no lo actives todavía!” Y aunque puede haber momentos de frustración, cuando ambos consiguen coordinarse y superar un obstáculo, la satisfacción es considerable.

El juego también combina exploración, plataformas y acción para evitar que la aventura se convierta únicamente en una sucesión de acertijos.
Visualmente, Orbitals es probablemente uno de sus mayores aciertos, su estética está inspirada en el anime de ciencia ficción de los años 80 y 90, con personajes, escenarios y animaciones que parecen sacados de una producción animada de aquella época, te recordara con facilidad a la pelicula de Daft Punk.
El resultado es un juego con una personalidad muy marcada. No intenta competir por ser el título más realista de Switch 2; quiere que sintamos que estamos jugando un anime retro interactivo.
La experiencia está pensada tanto para jugar en la misma consola como mediante las funciones de GameShare. Además, el Global Friend’s Pass permite invitar a alguien que no tenga el juego para acompañarnos durante la aventura.
Esto hace que Orbitals sea especialmente atractivo para quienes buscan un título que puedan disfrutar con pareja, amigos o familiares.

Eso sí, hay que tener claro que es una experiencia diseñada alrededor de dos jugadores, por lo que si prefieres jugar completamente en solitario probablemente tendrás que buscar otra alternativa.
Orbitals no intenta reinventar el género cooperativo, pero tampoco lo necesita. Su combinación de cooperación, puzles, acción y una espectacular estética de anime retro consigue crear una aventura con mucha personalidad.
Quizá algunos desafíos podrían ser más intuitivos y nos hubiera gustado conocer todavía más de su universo, pero cuando el juego consigue que ambos jugadores trabajen juntos, es cuando realmente brilla.
Orbitals es una aventura que no se disfruta solamente frente a la pantalla, sino junto a la persona que tienes al lado.
calificación: 8.5/10
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