

Reseñas
Super Monkey Ball: Banana Rumble, review bananero / Reseña
Finalmente llegó a nuestras manos Super Monkey Ball: Banana Rumble, la primera entrada completamente nueva de la serie desde Banana Splits
Aunque no lo creas han pasado 12 años desde que salió a la luz el último Super Monkey Ball y a pesar de que SEGA no había renunciado a la franquicia no había sacado ninguna entrega totalmente nueva de la IP.
Si bien los fans podían saciar su hambre de bananas con versiones Remasters HD y remakes muchos esperaban con ansias una nueva entrada a la tierna franquicia.
Finalmente sucedió el milagro y llegó a nuestras manos Super Monkey Ball: Banana Rumble, la primera entrada completamente nueva de la serie desde Banana Splits de PS Vita.

Esta es una exclusiva de Switch que cuenta con 200 nuevos niveles y un modo Batalla para hasta 16 jugadores y si bien es cierto que mantiene toda la esencia de Super Monkey Ball hay una serie de problemas que dejarán decepcionados a los fans de la serie.
La aventura que vivirás en Super Monkey Ball: Banana Rumble
Super Monkey Ball: Banana Rumble en lugar de simplemente ofrecer una sucesión de etapas, el modo Aventura contiene escenas por primera vez en mucho tiempo de un modo historia que realmente es muy sencillo y básico.
Todo gira alrededor en torno a un nuevo mono llamado Palette, que quiere encontrar el plátano legendario recolectando siete artefactos especiales llamados OOPArts.
Cuando el antagonista principal se interpone en el camino, las cosas empiezan a ponerse un poco complicadas, pero el equipo habitual de Monkey Ball está allí para ayudar a Palette a explorar Juicy Island y encontrar el plátano legendario.

Hay 10 mundos temáticos y cada uno de los cuales consta de diez etapas. Cada mundo se muestra con una escena que presenta el tema y otra que muestra al grupo recogiendo el nuevo artefacto obtenido para así seguir continuando su viaje.
Una vez que se superan estas etapas, se desbloquean 100 más, lo cual es bueno porque las 100 iniciales no son las más difíciles del mundo y, además, tienen diseños de niveles bastante aburridos.
Se eleva el nivel de reto
Las etapas EX, que son esencialmente las etapas 101-200, comienzan un poco complicadas y terminan volviéndose particularmente exasperantes, al igual que el modo Monkey Ball. También son mucho más inventivos, con diseños de niveles más interesantes.
Una nueva incorporación al juego es un aumento de velocidad que se puede cargar con el botón B.
Al cargar el impulso y soltarlo en el momento adecuado, puedes obtener una pequeña sacudida de velocidad, lo cual es útil para superar pequeños lugares en el suelo, conseguir ese empuje extra para llegar a la cima de una pendiente o realizar un cambio de último minuto dirección para evitar caerse de un borde.

Los puristas se opondrán a esta nueva incorporación, pero es posible jugar la gran mayoría del juego sin presionar el botón B en absoluto.
Dicho esto, su incorporación sin duda también permitirá algunos trucos nuevos y divertidos entre la fiel comunidad de Monkey Ball.
Las físicas de las Bananas
Banana Rumble parece tener una física similar a Super Monkey Ball Banana Mania, la nueva versión de 2021 de los primeros tres juegos, que anteriormente decepcionó a algunos fanáticos porque no era una réplica exacta de la física original de Super Monkey Ball.
Las cosas todavía se sienten un poco más ligeras aquí, y aunque no hace que el juego sea un completo desastre y a nadie más que a los fanáticos hardcore de Monkey Ball realmente les importará mucho.
Un punto negativo del juego es su rendimiento. Super Monkey Ball es famoso por tener unos sólidos 60 fps por segundo en prácticamente todos los formatos; incluso el juego de DS Super Monkey Ball: Touch & Roll logró alcanzar los 60 fps.

Pero en el caso de Banana Rumble, algo se sintió un poco mal. No se sintió tan fluido como los juegos anteriores.
Es algo que sucede tan rápido que es posible que no lo notes mientras juegas, pero hace que el juego se vea y se sienta un poco menos fluido que los títulos anteriores de Monkey Ball
Los modos multiplayer afectados por el rendimiento
Super Monkey Ball: Banana Rumble ofrece cinco juegos multijugador para hasta 16 jugadores (puedes jugar en línea o agregar robots de CPU para completar los números.
Están Race (donde intentas llegar primero a la meta), Banana Hunt (donde intentas recolectar la mayor cantidad de plátanos), Ba-Boom (donde juegas a la mancha con bombas), Goal Rush (donde los equipos intentan atravesar la mayor cantidad de objetivos). como sea posible) y Robot Smash (donde los equipos ganan puntos por chocar contra robots a gran velocidad), y eso es todo.
El problema es que cada uno de estos juegos de Batalla, incluso si solo se juega en pantalla completa con un jugador y un bot, se ejecuta a 30 fotogramas por segundo.
Esto no sería un problema en la mayoría de los juegos sin embargo, para Super Monkey Ball, donde la velocidad y las reacciones rápidas están a la orden del día, estos juegos multijugador se sienten extraordinariamente lentos, especialmente si acabas de terminar de jugar el modo Aventura y estás cambiando a casi la mitad del cuadro.
Esta es una caída decepcionante en el rendimiento para una serie que se especializa en ella, especialmente considerando que es exclusiva de Switch.
Todo esto se combina para crear un juego que sigue siendo una entrada bastante divertida en la serie Super Monkey Bowl, pero que no estará en la lista de nadie de lo mejor que tiene para ofrecer.
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Reseñas
QLIPHAH IN PROVIDENCE’S SHADOW | RESEÑA
Qliphah in Providence’s Shadow, tiene muy claro que no quiere limitarse a repetir las fórmulas que durante años han definido a los JRPG

Una interesante apuesta por reinventar el combate de los JRPG.
Uno de los géneros de más de nicho y que es complicado de recomendar son los JRPG de comandos por turnos, sin embargo en los últimos años se ha buscado reinvertar el mismo añadiendo elementos de acción para hacerlo más atractivo y gustar a un público más amplio, sin perder a la base de fans que amamos este género.
Ahora llega Qliphah in Providence’s Shadow, un juego que tiene muy claro que no quiere limitarse a repetir las fórmulas que durante años han definido a los JRPG, ni busca copiar a otros modernos, combinando una narrativa con estructura de novela visual e investigación. con un sistema de combate que intenta encontrar un punto medio entre los enfrentamientos por comandos y la acción en tiempo real y aunque esta apuesta no siempre termina de funcionar de la manera más intuitiva, hay que reconocer que estamos ante uno de los JRPG más frescos del año y que vale la pena jugar y a continuación les cuento el porqué.
Salvando lo que queda de Tokyo.
Desarrollado por UnitePlus y Arc System Works, Qliphah in Providence’s Shadow se sitúa en un Tokio al borde del cataclismo y que ha quedado marcado por la aparición de misteriosas criaturas conocidas como Aberraciones, Rena y Soma deberán enfrentarse a una amenaza sobrenatural que ha comenzado a alterar la realidad mientras investigan los acontecimientos detrás de este extraño fenómeno. Entre investigaciones, descubrimientos y enfrentamientos contra enemigos cada vez más peligrosos, ambos protagonistas tendrán que unir sus habilidades para descubrir la verdad detrás de una ciudad que se encuentra al borde del colapso.
Un sistema de combate que busca algo diferente.
La principal carta de presentación de Qliphah in Providence’s Shadow es su sistema “Tactical Counter-Timeline”, una propuesta que toma elementos de los RPG por comandos y los mezcla con mecánicas propias de un juego de acción; aquí no basta con seleccionar un ataque y esperar nuestro turno ya que los enfrentamientos se desarrollan en tiempo real, mientras una línea o barra de tiempo nos muestra los ataques que están preparando tanto nuestros personajes como los enemigos. La clave está en aprender a leer esa línea y colocar nuestras habilidades en el momento adecuado para interrumpir los ataques rivales.
La mecánica más importante son los contraataques por color y es que cada tipo de ataque, tanto nuestro como de los enemigos, está marcado con un color: Los enemigos anuncian sus ofensivas mediante ataques rojos, amarillos o azules, y nosotros debemos colocar una habilidad del mismo color para hacer coincidir ambos ataques en la línea temporal, si conseguimos hacerlo en el momento preciso, podremos contrarrestar la ofensiva y continuar nuestra propia cadena de ataques.
Lo interesante es que esto no se limita a esperar pasivamente a que el enemigo ataque, el juego nos incentiva a mantenernos constantemente activos, administrar los tiempos de recarga de nuestras habilidades y decidir cuándo conviene utilizar ataques normales, habilidades cargadas, contraataques o movimientos especiales.
Además, tenemos la posibilidad de detener o ralentizar el tiempo, una herramienta fundamental para poder analizar la situación y colocar nuestros comandos sin que el combate se convierta en una prueba de reflejos imposible.
El resultado es una propuesta bastante original: mientras más dominamos sus sistemas, más se parece a una especie de coreografía en la que debemos anticiparnos a los movimientos enemigos, construir cadenas de ataques y aprovechar los momentos en los que conseguimos romper su defensa para causar una enorme cantidad de daño.
También resulta interesante que controlemos simultáneamente a Rena y Soma, en lugar de administrar un grupo enorme de personajes, lo cual simplifica la gestión del equipo y permite que el juego concentre buena parte de su estrategia en la coordinación entre ambos protagonistas, además de evitar que se vuelva más confuso su sistema de juego.
Una curva de aprendizaje que juega en su contra.
El problema es que esta originalidad también puede convertirse en su mayor obstáculo, Qliphah in Providence’s Shadow explica sus sistemas, pero no siempre consigue que realmente entendamos cómo quiere que los utilicemos. Hay tutoriales para buena parte de sus mecánicas, pero la información puede resultar fragmentada y algunas funciones terminan siendo mucho menos intuitivas de lo que deberían.
Si bien durante las primeras horas es fácil limitarse a colocar ataques, esperar el ataque del enemigo y responder a los ataques dependiendo el color correspondiente y repetir el proceso sin comprender del todo cómo sacar provecho de las posibilidades que ofrece el sistema, sin embargo, hace falta pasar por varios enfrentamientos para comenzar a entender realmente cómo funcionan los tiempos de carga, los ataques encadenados, las habilidades y los contraataques y cuando finalmente todas estas piezas comienzan a encajar, el combate se vuelve mucho más satisfactorio.
Incluso algunas de sus decisiones de progresión pueden generar confusión ya que las mejoras de habilidades, nuevos movimientos y el sistema de desarrollo permiten modificar nuestras posibilidades de combate, no siempre dejan en claro el cómo funcionan para así adaptarlas al estilo de juego por el que hayamos optado.
Investigación, novela visual y combate.
Fuera de las batallas, Qliphah in Providence’s Shadow adopta una estructura completamente diferente, la historia se desarrolla principalmente mediante una estructura de novela visual, mientras recorremos distintos puntos de un Tokio afectado por el llamado Collapse, recopilamos información y seguimos las investigaciones de Rena y Soma.
Tenemos un “tablero de evidencias” que funciona como uno de los elementos que conectan esta investigación con la progresión y a medida que descubrimos información podemos reconstruir diferentes aspectos del mundo y desbloquear habilidades, mientras que determinados códigos y pistas escondidos en elementos como las publicaciones de redes sociales del juego añaden una capa adicional de investigación para quienes quieran profundizar en su universo.
Esta parte puede resultar interesante para quienes disfrutan del misterio y del lore, aunque también contribuye a que el ritmo sea bastante irregular. La estructura termina repitiendo varias veces un ciclo de investigar, leer, combatir y regresar al mapa, algo que con el paso de las horas puede sentirse demasiado predecible y tedioso.
Por fortuna la propia duración del juego, de alrededor unas 20 horas, ayuda a evitar ese tedio y al final tenemos una aventura concisa y entretenida.
Una dirección artística con mucha personalidad.
Donde Qliphah in Providence’s Shadow consigue destacar inmediatamente es en su apartado visual; el diseño de personajes de Tae Oonuma le da a Rena y Soma una identidad muy particular, mientras que el trabajo de Rolua en las ilustraciones principales ayuda a reforzar esa estética de manga urbano.
La propuesta visual funciona especialmente bien por el contraste: Por un lado tenemos protagonistas con diseños llenos de personalidad, expresivos y coloridos, que parecen salidos directamente de un anime de acción; por el otro están las Aberraciones, criaturas grotescas y perturbadoras que parecen pertenecer a una historia de horror completamente diferente.
El llamado Occult Shader, creado específicamente para el juego, utiliza sombras, contornos y efectos visuales inspirados en el manga de terror japonés para darle a los escenarios una apariencia extraña e inquietante.
El propio director Satoshi Hirayae ha mencionado influencias como Jujutsu Kaisen, Chainsaw Man y Tokyo Ghoul, además del manga de horror japonés.
No obstante, aquí también aparece una de las limitaciones de la producción: la calidad artística no siempre viene acompañada de variedad, hay pocos escenarios que se reutilizan con frecuencia, algunos fondos de las secuencias de novela visual son bastante estáticos y determinados enemigos terminan resultando demasiado familiares conforme avanzamos, denotando que se trata de un experimento indie por parte de Arc System Works.
Un soundtrack que eleva los enfrentamientos.
El apartado sonoro acompaña muy bien esta propuesta ya que su música sabe cuándo adoptar un tono más oscuro durante las investigaciones y cuándo elevar la intensidad durante los combates. Las batallas se benefician especialmente de temas con mayor energía, mientras que las canciones vocales que aparecen en determinados momentos de la historia ayudan a reforzar esa sensación de estar jugando un anime interactivo.
No necesariamente estamos ante una banda sonora que vaya a convertirse en el principal motivo para recordar el juego, pero sí cumple perfectamente su función: hacer que los enfrentamientos se sientan más espectaculares y reforzar la atmósfera sobrenatural de este Tokio en decadencia.
También destaca el doblaje japonés, particularmente el trabajo de Itsuki Tousi como Soma e Ikumi Hasegawa como Rena y lo mejor es que cuenta con subtítulos y menús en español.
Conclusión.
Qliphah in Providence’s Shadow se nota, ante todo, que es un experimento y es que no todos sus elementos funcionan con la misma eficacia, pero resulta refrescante encontrarse con un JRPG que no intenta simplemente replicar el sistema de combate de otras franquicias. Su Tactical Counter-Timeline tiene una idea genuinamente interesante: conservar la accesibilidad de los comandos mientras incorpora la tensión, velocidad y espectacularidad de un juego de acción y cuando finalmente comprendemos cómo combinar los ataques, leer la línea temporal, aprovechar los contraataques y administrar nuestros recursos, el sistema consigue ofrecer algunos de los mejores momentos de la aventura. El problema es que el juego no siempre sabe cómo enseñarnos a llegar hasta ahí ya que la curva de aprendizaje puede resultar confusa.
Qliphah in Providence’s Shadow ya está disponible en PlayStation 5, Nintendo Switch y PC (Steam/Epic Games Store).
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Qliphah in Providence’s Shadow | Reseña
Overall
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Jugabilidad
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Gráficos y dirección de arte
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Narrativa
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Soundtrack
Qliphah in Providence’s Shadow | Reseña
Qliphah in Providence’s Shadow se nota, ante todo, que es un experimento y es que no todos sus elementos funcionan con la misma eficacia, pero resulta refrescante encontrarse con un JRPG que no intenta simplemente replicar el sistema de combate de otras franquicias. Su Tactical Counter-Timeline tiene una idea genuinamente interesante: conservar la accesibilidad de los comandos mientras incorpora la tensión, velocidad y espectacularidad de un juego de acción y cuando finalmente comprendemos cómo combinar los ataques, leer la línea temporal, aprovechar los contraataques y administrar nuestros recursos, el sistema consigue ofrecer algunos de los mejores momentos de la aventura. El problema es que el juego no siempre sabe cómo enseñarnos a llegar hasta ahí ya que la curva de aprendizaje puede resultar confusa.
Reseñas
SHINOBI: ART OF VENGEANCE (NINTENDO SWITCH 2) – RESEÑA
SHINOBI: Art of Vengeance nos ofrece acción desenfrenada y ahora llega toda esa emoción llega a Nintendo Switch 2

La historia nos coloca nuevamente en la piel de Joe, quien regresa a su hogar para descubrir que su clan ha sido destruido. Con la venganza como principal motivación, comienza un recorrido lleno de enemigos, obstáculos y enfrentamientos que pondrán a prueba nuestras habilidades como ninja.
Uno de los aspectos que más destaca es su apartado visual. Los escenarios tienen un estilo dibujado a mano que le da mucha personalidad a cada zona, mientras que las animaciones hacen que los combates se sientan dinámicos y llenos de movimiento. Es un juego que consigue llamar la atención incluso cuando simplemente estamos recorriendo sus escenarios.

Pero donde realmente brilla es en el combate. La katana, los kunais y las diferentes habilidades de Joe permiten crear enfrentamientos rápidos y variados. Aunque al principio resulta sencillo familiarizarse con los controles, conforme avanzamos es necesario aprender a combinar nuestras herramientas, esquivar ataques y encontrar el momento adecuado para contraatacar.
La exploración también tiene un papel importante. Los niveles esconden caminos alternativos y secretos que incentivan regresar a zonas anteriores cuando contamos con nuevas habilidades. Esto agrega una pequeña capa de profundidad que evita que la experiencia se limite únicamente a avanzar y derrotar enemigos.

En Nintendo Switch 2, la experiencia resulta especialmente cómoda para jugar en portátil. El estilo artístico luce muy bien en la pantalla de la consola y mantiene esa sensación de estar jugando una aventura clásica con una presentación completamente renovada.
Quizá su historia no sea el elemento más profundo de la experiencia, pero tampoco necesita serlo. SHINOBI: Art of Vengeance entiende que su principal atractivo está en ofrecer acción rápida, combates satisfactorios y escenarios que invitan a dominar cada movimiento.

SHINOBI: Art of Vengeance es un regreso acertado para Joe Musashi, capaz de recuperar la identidad de la saga sin quedarse atrapado en el pasado. Una aventura recomendable para quienes disfrutan los juegos de acción 2D y buscan un reto que premie aprender y mejorar.
Como dato curioso la version Delux incluye un DLC que introduce nuevos escenarios y enfrentamientos en los que aparecen Goro Majima, Dr. Eggman y Death Adder, personajes que aportan estilos y situaciones diferentes a la fórmula de acción y plataformas del juego. Cada encuentro está pensado para aprovechar las habilidades que Joe ha desarrollado durante su aventura, haciendo que dominar el combate vuelva a ser importante.

También se incorporan nuevos elementos para personalizar la experiencia, además de música y desafíos adicionales. A esto se suman modalidades enfocadas en los combates contra jefes, ideales para quienes buscan perfeccionar sus movimientos y conseguir mejores resultados.
Lo más divertido del contenido es precisamente su carácter de crossover. Ver a Joe Musashi enfrentándose a personajes provenientes de distintas franquicias de SEGA le da una personalidad especial a esta expansión y genera algunos de los momentos más curiosos de la aventura.
Calificación: 9/10
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Cine
QUIERO TU SEXO (I WANT YOUR SEX) | Reseña
Quiero tu sexo nos entrega una película irreverente y que a través de dicha irreverencia sabe tocar temas incómodos, checa nuestra reseña

Una divertida batalla generacional sobre deseo, poder y sexualidad.
Es difícil ncontrar una divertida y bien lograda película o serie que hable sobre temas delicados como el sexo, en todas sus distintas facetas, y es que muchas producciones abordan el tema desde puntos de vista misóginos, burlones y hasta degradantes, creyendo que eso es “comedía” (te estoy viendo a ti Happy Madison con la mayoría de tus películas). Por fortuna con Quiero tu sexo, Gregg Araki nos entrega una película irreverente y que a través de dicha irreverencia sabe tocar temas incómodos dentro del sexo, y nos lo cuenta de una manera bastante particular tomando como premisa las diferencias entre generaciones alrededor del sexo, el deseo, el cambio de roles y las relaciones de poder, todo de una manera amena, bien cuidada e incluso rompiendo estereotipos, haciendo sátira de los estereotipos.
La sexualidad sin tabúes.
La historia sigue a Elliot Bell (Cooper Hoffman), un joven veinteañero inseguro, ingenuo y con poca experiencia sexual que consigue trabajar para Erika Tracy (Olivia Wilde), una reconocida y provocadora artista contemporánea. Lo que comienza como una oportunidad laboral rápidamente se transforma cuando Erika lo convierte en su musa sexual y, eventualmente, en su subordinado dentro de una relación dominada por ella.
Y precisamente aquí está uno de los mayores aciertos de Quiero tu sexo: invertir los roles que tradicionalmente ha presentado el cine dentro de este tipo de historias; en lugar de recurrir al habitual hombre mayor que seduce, controla o introduce a una mujer joven en un mundo sexual desconocido, Araki coloca a una mujer madura, segura de sí misma, exitosa y sexualmente empoderada, frente a un hombre joven que acepta una posición de sumisión.
Siendo esto el motor para hablar de cómo han cambiado las concepciones sobre el sexo entre generaciones: Erika representa una visión mucho más desinhibida y confrontativa, mientras que Elliot pertenece a una generación que observa el sexo, el consentimiento y los límites desde una perspectiva mucho más, digamos cautelosa, tomando en cuenta la hipersensbilidad de las nuevas generaciones en varios aspectos.
La película se mantiene constantemente enfrentando ambas posturas y, en lugar de decidir quién tiene completamente la razón, encuentra humor precisamente en las contradicciones de ambos, pero también en los gustos de ambos por satisfacer sus deseos, siendo algo muy interesante es que logra este humor sin convertir la sumisión masculina en el objeto de la burla. Elliot puede ser ingenuo, torpe y estar constantemente sobrepasado por las situaciones en las que Erika lo introduce, pero la película no necesita ridiculizarlo por disfrutar de una posición tradicionalmente asociada con personajes femeninos, por lo que su vulnerabilidad se convierte en parte del humor, pero también de su desarrollo como personaje.
Actuaciones que te pararán… de tu asiento.
Olivia Wilde se roba prácticamente cada escena como Erika, interpretando a una mujer exagerada, provocadora y consciente del poder que ejerce sobre quienes la rodean, pero sin reducirla a una caricatura. Hoffman, por su parte, encuentra el tono adecuado para un Elliot que constantemente parece preguntarse cómo terminó metido en semejante situación. Y todo esto funciona gracias a la química entre ambos sostiene buena parte de la película, con todo y los momentos subidos de tono.
Poniendo picante en el arte.
El humor es otro de sus grandes aciertos, ya que funciona como una herramienta para hablar de temas incómodos: las diferencias generacionales, el consentimiento, las relaciones de poder, lo políticamente correcto, la inseguridad y la manera en que cada generación entiende el deseo, sabiendo combinar comedia sexual con comentario social y una mirada satírica hacia las actitudes sexuales actuales.
Visualmente la película tiene un toque muy particular, logrando que las escenas subidas de tono y los desnudos logren manejarse de una madura, erótica y cómica.
El punto donde acabó el efecto de la píldora azul (dónde se cae).
Sin embargo, no todo funciona igual de bien, siendo su principal problema el cierre de la cinta que rompe con el tono crudo y realista que busca darnos la cinta, no digo que sea algo exagerado o que sea un final de fantasía, y aunque no arruina la experiencia, sí se siente desconectado de toda la película.
Asimismo varios de los personajes secundarios que parecían tener un mayor peso, simplemente quedan rezagados y poco desarrollados, dejando la sensación de que se les tuvo que recortar tiempo en cámara por cuestiones de tiempo.
Aún así, se pueden dejar pasar ya que la cinta no pretende darnos una lección sobre la sexualidad ni pretende convertirse en el nuevo referente del thriller erótico; sino ser una comedía que utiliza el sexo con una dinámica de poder distinta a la que conocemos, mientras refleja la gran diferencia generacional que ahora existe.
Conclusión.
Quiero tu sexo funciona mejor cuando se deja llevar por su lado de comedia sexual y por la extraordinaria dinámica entre Olivia Wilde y Cooper Hoffman. Es una película divertida, provocadora y visualmente llamativa que consigue hablar de temas incómodos sin caer constantemente en los clichés del género, especialmente al presentar una mujer madura que ejerce el poder y un hombre joven que abraza una posición de sumisión sin convertirlo en objeto de humillación. Aunque su tercer acto pierde parte de la fuerza y el ingenio del resto de la película, y algunos personajes secundarios quedan desaprovechados, Gregg Araki consigue regresar con una obra fresca, descarada y sorprendentemente accesible que utiliza el sexo no solamente para provocar, sino para hablar de poder, consentimiento, deseo y, sobre todo, de las enormes diferencias entre la manera en que distintas generaciones entienden la sexualidad.
Quiero tu sexo ya se encuentra en las salas de cine de México.
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Quiero tu sexo (I want your sex) | Reseña
Overall
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Dirección
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Actuaciones
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Guion
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Escenas eróticas y desnudos
Quieto tu sexo | Reseña
Quiero tu sexo funciona mejor cuando se deja llevar por su lado de comedia sexual y por la extraordinaria dinámica entre Olivia Wilde y Cooper Hoffman. Es una película divertida, provocadora y visualmente llamativa que consigue hablar de temas incómodos sin caer constantemente en los clichés del género, especialmente al presentar una mujer madura que ejerce el poder y un hombre joven que abraza una posición de sumisión sin convertirlo en objeto de humillación. Aunque su tercer acto pierde parte de la fuerza y el ingenio del resto de la película, y algunos personajes secundarios quedan desaprovechados, Gregg Araki consigue regresar con una obra fresca, descarada y sorprendentemente accesible que utiliza el sexo no solamente para provocar, sino para hablar de poder, consentimiento, deseo y, sobre todo, de las enormes diferencias entre la manera en que distintas generaciones entienden la sexualidad.
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