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“NAPOLEÓN” | Reseña

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La mirada de Ridley Scott sobre el emperador francés, quien es interpretado por Joaquín Phoenix ¿Quieres más razones para ver Napoleón? Entonces sigue leyendo.

Napoleón es una figura compleja que ha sido abordada por diversos directores a lo largo de la historia del cine, el proyecto más famoso (y jamás realizado) de Stanley Kubrick giraba precisamente en torno a este soldado que llegó a ser General y posteriormente Emperador de su nación. Como muchas figuras históricas, su vida y proceder tiene muchos claro oscuros, dando origen a fanáticos y detractores por igual que lo consideran un maestro de las tácticas de guerra o hasta un simple genocida.

Estamos viviendo tiempos gloriosos (y a la vez extraños) en los que grandes cineastas son cobijados por las grandes empresas del streaming, nombres como Martin Scorsese, Alfonso Cuarón, David Fincher (y ahora Ridley Scott) han dado rienda suelta a sus mayores sueños con presupuestos altísimos que no están recibiendo el mismo amor por parte de la taquilla (en el caso de salir a salas) ¿Correrá “Napoleón” con la misma suerte? Sigue leyendo para que saques tus propias conclusiones.

¿DE QUÉ TRATA “NAPOLEÓN”?

Francia está viviendo tiempos convulsos y la película rápidamente nos lo transmite al iniciar con el trágico final de la Archiduquesa de Austria de manera pública en la Plaza de la Concordia ante cientos de enfurecidos testigos, entre ellos un teniente de artillería de nombre Napoleón (aunque en realidad no estuvo ahí y es el primer indicio también de que el director no se inclinará por la exactitud histórica), a partir de ahí comienza una acelerada carrera en ascenso pero también las complicaciones históricas, políticas, amorosas y armamentistas que dieron paso a su leyenda.

De manera casi paralela la historia fija su atención en el gran amor de Napoleón (Joaquin Phoenix) por Josefina de Beauharnais (Vanessa Kirby), una relación algo enfermiza que muestra el lado más humano (y hasta pueril) de ambos personajes, cuyas acciones labraron para siempre un lugar en la historia mundial.

LO BUENO

El ganador del premio oscar Joaquin Phoenix tiene sobre sus espaldas gran parte del peso dramático de la historia y para nuestra entera satisfacción es efectivo en su entrega, además acompañado de Vanessa Kirby que no se queda atrás en un papel que merecía más tiempo y desarrollo en pantalla, así que huelo nominaciones, aunque vale la pena decir que quizá no sean los papeles por los que los recordaremos en el futuro.

La experiencia de Ridley Scott y el presupuesto son más que evidentes, la película nos muestra una gran manufactura y cuidado en el detalle, por lo que la parte técnica casi no tiene falla, el diseño de producción es ambicioso, el vestuario es más que adecuado, la fotografía de Dariusz Wolski (“Sweeney Todd”, “El último duelo”) es ejecutada de manera precisa para retratar todo tipo de ambientes en una época en la que (vale la pena señalar) no había luz artificial, así que la luz de las velas lucen espectaculares y suficientes para el desarrollo de la historia, sin dejar de mencionar las escenas nocturnas o en ambientes abiertos y con (supuesta) luz natural que llenan por completo la pantalla grande.

Un renglón aparte se merecen las secuencias de acción, las cuales no tardan en aparecer, pues a los pocos minutos de iniciada la película el director ya nos da una probada de lo que podremos esperar, y es que las batallas no hacen sino escalar en sus proporciones, crudeza, salvajismo y realismo, que no solo funcionan como mero escaparate o demostración del presupuesto bien ejercido, sino que se encargan de aportar a la propia narrativa, así como el desarrollo de la historia, avance (y posterior declive) de su personaje principal.

LO MALO

El corte es demasiado acelerado y mientras que, por un lado, habrá quienes estén contentos por la fluidez con la que se nos cuenta la historia, habrá otros que se decepcionen por la evidente apuesta del director por entretenernos más que construir a sus personajes o el propio drama (o dramas) que se les van presentando. Recordemos que el propio director ha declarado que su corte original ronda las cuatro horas y media, pero él mismo ha dicho también que dos horas y media es lo que considera que el público puede estar cómodo en una sala de cine, si su decisión fue correcta o no, solamente la taquilla y posterior visionado al corte del director lo pueden responder.

El guion es hábil en resumir años de crecimiento, inestabilidad y campañas bélicas dentro de su duración, así como presentarnos de manera muy orgánica a los importantes personajes que se cruzaron por la vida de Napoleón, sin embargo por momentos dota a sus personajes de diálogos y acciones algo ridículas, que si bien, se puede justificar en la búsqueda de relajar la temática y duración de la película, para mí resultó en un constante resquebrajamiento de la tensión, dando lugar a risas en la sala que no estoy tan seguro de que hayan sido voluntarias en su concepción.

La música a cargo de Martin Phipps (“Peaky Blinders”, “Black Mirror”) es opacada por la grandiosidad de sus imágenes, un acompañamiento adecuado pero que no logra realzar lo que vemos en pantalla, aunque por otro lado su diseño sonoro es bastante bueno e inmersivo, sobre todo en los momentos de mayor violencia gráfica.

Siguiendo los pasos de “Gladiador” (2000), Ridley Scott junto a su guionista David Scarpa (“Todo el dinero del mundo”, “La última fortaleza”) nos presentan ante todo una historia de amor (algo tóxico en este caso) al centro de eventos históricos que pretenden abarcar la leyenda del emperador y unirlas en una sola, el resultado no es el mejor y por más que insisten parecen dos películas en paralelo.

VEREDICTO

Sin duda, “Napoleon” y su dos horas con treinta y ocho minutos está destinada a dividir al público, poco se tendrá que objetar con respecto a su propuesta visual que resulta espectacular, pero a estas alturas apenas sobresaliente con respecto a películas del mismo género, un tributo a las grandes epopeyas que hicieron historia en la pantalla grande pero que no es del todo respaldada por su historia, menoscabada por la gran cantidad de sucesos que se tenían que retratar y que por su celeridad se sacrificó (posiblemente) los aspectos de construcción de personajes y contextos históricos que hubieran involucrado de mayor (y mejor) manera al espectador.

En lo personal, considero que vale mucho la pena asistir a ver lo que Ridley Scott armó, una combinación espectacular entre efectos prácticos y CGI que colocan a sus batallas en un lugar bastante privilegiado (que no en el Top 5 por decir algo) dentro de entregas parecidas, sin miedo a la sangre y al casi gore que justifica la clasificación “R” a nivel mundial, con la capacidad de entretener y mantener la expectativa del público acostumbrado a que siempre ocurra algo explosivo en pantalla, pero también capaz de decepcionar a los que busquen algo más profundo, una lástima porque no me cabe duda que el personaje daba para eso y más.

“Napoleón” de Ridley Scott llega a pantallas nacionales este 23 de noviembre, a tan solo unos días de que el director cumpla 86 años, así que acuda a festejar con el en la pantalla más grande que pueda y juzguen ustedes mismos si estuvo o no la altura del hype.

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Scarlett Johansson se enfrenta a Legión en El Exorcista: Mártires

Universal Pictures ha lanzado el primer tráiler oficial de El Exorcista: Mártires de Mike Flanagan, y la película tiene una pinta aterradora.

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Universal Pictures ha lanzado el primer tráiler oficial de El Exorcista: Mártires de Mike Flanagan, y la película tiene una pinta realmente aterradora.

Se ha publicado oficialmente el primer tráiler de The Exorcist: Martyrs, dirigida por Mike Flanagan.

Scarlett Johansson interpreta a la detective Julie Miller, quien presencia la ejecución del padre Sunday (John Leguizamo), un notorio asesino en serie al que ella misma capturó y que se hizo famoso por recrear macabras escenas del crimen que evocaban el brutal martirio de diversos santos católicos.

La ejecución no sale según lo planeado.

“Es detective de homicidios del NYPD y madre soltera de un niño llamado Max, que acaba de cumplir 12 años”, declaró Flanagan a Esquire en una entrevista reciente.

“Creo que lo primero es decirle a la gente que no están viendo una repetición de El exorcista“, añadió.

“No están viendo ningún intento de reiniciar, rehacer o emular la película de Friedkin. En realidad, están viendo una historia dentro del universo de El exorcista que no se había contado antes, que es única en la franquicia y que toma una dirección muy distinta a las anteriores”.

Puede que el cineasta haya revelado aquí un poco más de lo que pretendía.

El terror del El Exorcista: Mártires

Es muy probable que Johannson interprete a Julie Kinderman, hija de Mary y William Kinderman, el teniente de policía encarnado por Lee J. Cobb en el clásico de William Friedkin y por George C. Scott en El exorcista III.

En la tercera película, Kinderman se enfrentó al demonio conocido como Pazuzu y al espíritu del Asesino Géminis (Brad Dourif); ambos habían poseído al padre Karras (Jason Miller) mientras este agonizaba al pie de la escalinata, tras haber dado su vida para salvar a Regan MacNeil (Linda Blair) al final de la película original.

El tráiler no confirma nada, pero sí se menciona a Legión: la entidad compuesta por Pazuzu, Géminis y el espíritu de Karras, y que da título a la novela de William Peter Blatty en la que se basa El exorcista III.

El exorcista: Mártires también cuenta con las actuaciones de Sasha Calle como la detective de homicidios Gina Restrepo, Chiwetel Ejiofor como el padre William y Lawrence Fishburne como un misterioso sacerdote.

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XBOX crea una nueva división de cine, televisión y más

XBOX anunció el lanzamiento XP, una división estratégica diseñada para sus negocios de cine, televisión y más

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XBOX

XBOX anunció el lanzamiento de XP (abreviatura de Experience Points), una división estratégica diseñada para unificar y expandir sus negocios de cine, televisión, productos de consumo, alianzas comerciales y experiencias en vivo.

La entidad estará presidida por Kayleen Walters, exdirectora ejecutiva de Mojang y productora de A Minecraft Movie, quien aporta una trayectoria de 13 años en Lucasfilm para liderar este ecosistema de entretenimiento.

De acuerdo con Asha Sharma, ejecutiva de Xbox, el equipo de XP coordinará la expansión multiplataforma de franquicias globales como Minecraft, Call of Duty, Fallout, Warcraft, Gears of War, Candy Crush, Diablo, Forza, The Elder Scrolls y Halo.

Por su parte, Matthew Ball, director de estrategia de la marca, enfatizó que esta visión alinea capacidades históricas para construir vínculos más profundos con los jugadores y abrir nuevas oportunidades de crecimiento para sus comunidades en todo el mundo.

El proyecto responde a una evolución en el consumo cultural donde las audiencias interactúan con sus sagas favoritas más allá de las consolas.

La llegada de XBOX a otros medios

Como señaló Walters, los seguidores no solo juegan, sino que consumen producciones audiovisuales, asisten a eventos multitudinarios y visten la marca.

Con esta premisa, XP busca transformar los videojuegos de Microsoft en licencias de entretenimiento integral con presencia permanente en la cultura popular.

La creación de la división se respalda en éxitos recientes como el récord en taquilla de A Minecraft Movie, la aclamada serie de Fallout en Prime Video y la expansión de Minecraft hacia parques temáticos.

De cara al futuro, la hoja de ruta incluye proyectos de alto perfil como una serie animada de Diablo, la película de Call of Duty junto a Paramount, la adaptación audiovisual de Physint de Hideo Kojima, el regreso ampliado de la BlizzCon y alianzas estratégicas como la colaboración entre Gears of War: E-Day y la WWE.

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QUIERO TU SEXO (I WANT YOUR SEX) | Reseña

Quiero tu sexo nos entrega una película irreverente y que a través de dicha irreverencia sabe tocar temas incómodos, checa nuestra reseña

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Una divertida batalla generacional sobre deseo, poder y sexualidad.

Es difícil ncontrar una divertida y bien lograda película o serie que hable sobre temas delicados como el sexo, en todas sus distintas facetas, y es que muchas producciones abordan el tema desde puntos de vista misóginos, burlones y hasta degradantes, creyendo que eso es “comedía” (te estoy viendo a ti Happy Madison con la mayoría de tus películas). Por fortuna con Quiero tu sexo, Gregg Araki nos entrega una película irreverente y que a través de dicha irreverencia sabe tocar temas incómodos dentro del sexo, y nos lo cuenta de una manera bastante particular tomando como premisa las diferencias entre generaciones alrededor del sexo, el deseo, el cambio de roles y las relaciones de poder, todo de una manera amena, bien cuidada e incluso rompiendo estereotipos, haciendo sátira de los estereotipos. 

La sexualidad sin tabúes. 

La historia sigue a Elliot Bell (Cooper Hoffman), un joven veinteañero inseguro, ingenuo y con poca experiencia sexual que consigue trabajar para Erika Tracy (Olivia Wilde), una reconocida y provocadora artista contemporánea. Lo que comienza como una oportunidad laboral rápidamente se transforma cuando Erika lo convierte en su musa sexual y, eventualmente, en su subordinado dentro de una relación dominada por ella.

Y precisamente aquí está uno de los mayores aciertos de Quiero tu sexo: invertir los roles que tradicionalmente ha presentado el cine dentro de este tipo de historias; en lugar de recurrir al habitual hombre mayor que seduce, controla o introduce a una mujer joven en un mundo sexual desconocido, Araki coloca a una mujer madura, segura de sí misma, exitosa y sexualmente empoderada, frente a un hombre joven que acepta una posición de sumisión.

Siendo esto el motor para hablar de cómo han cambiado las concepciones sobre el sexo entre generaciones: Erika representa una visión mucho más desinhibida y confrontativa, mientras que Elliot pertenece a una generación que observa el sexo, el consentimiento y los límites desde una perspectiva mucho más, digamos cautelosa, tomando en cuenta la hipersensbilidad de las nuevas generaciones en varios aspectos. 

La película se mantiene constantemente enfrentando ambas posturas y, en lugar de decidir quién tiene completamente la razón, encuentra humor precisamente en las contradicciones de ambos, pero también en los gustos de ambos por satisfacer sus deseos, siendo algo muy interesante es que logra este humor sin convertir la sumisión masculina en el objeto de la burla. Elliot puede ser ingenuo, torpe y estar constantemente sobrepasado por las situaciones en las que Erika lo introduce, pero la película no necesita ridiculizarlo por disfrutar de una posición tradicionalmente asociada con personajes femeninos, por lo que su vulnerabilidad se convierte en parte del humor, pero también de su desarrollo como personaje.

Actuaciones que te pararán… de tu asiento.

Olivia Wilde se roba prácticamente cada escena como Erika, interpretando a una mujer exagerada, provocadora y consciente del poder que ejerce sobre quienes la rodean, pero sin reducirla a una caricatura. Hoffman, por su parte, encuentra el tono adecuado para un Elliot que constantemente parece preguntarse cómo terminó metido en semejante situación. Y todo esto funciona gracias a la química entre ambos sostiene buena parte de la película, con todo y los momentos subidos de tono.

Poniendo picante en el arte.

El humor es otro de sus grandes aciertos, ya que funciona como una herramienta para hablar de temas incómodos: las diferencias generacionales, el consentimiento, las relaciones de poder, lo políticamente correcto, la inseguridad y la manera en que cada generación entiende el deseo, sabiendo combinar comedia sexual con comentario social y una mirada satírica hacia las actitudes sexuales actuales.

Visualmente la película tiene un toque muy particular, logrando que las escenas subidas de tono y los desnudos logren manejarse de una madura, erótica y cómica.

El punto donde acabó el efecto de la píldora azul (dónde se cae).

Sin embargo, no todo funciona igual de bien, siendo su principal problema el cierre de la cinta que rompe con el tono crudo y realista que busca darnos la cinta, no digo que sea algo exagerado o que sea un final de fantasía, y aunque no arruina la experiencia, sí se siente desconectado de toda la película.

Asimismo varios de los personajes secundarios que parecían tener un mayor peso, simplemente quedan rezagados y poco desarrollados, dejando la sensación de que se les tuvo que  recortar tiempo en cámara por cuestiones de tiempo.

Aún así, se pueden dejar pasar ya que la cinta no pretende darnos una lección sobre la sexualidad ni pretende convertirse en el nuevo referente del thriller erótico; sino ser una comedía que utiliza el sexo con una dinámica de poder distinta a la que conocemos, mientras refleja la gran diferencia generacional que ahora existe.

Conclusión.

Quiero tu sexo funciona mejor cuando se deja llevar por su lado de comedia sexual y por la extraordinaria dinámica entre Olivia Wilde y Cooper Hoffman. Es una película divertida, provocadora y visualmente llamativa que consigue hablar de temas incómodos sin caer constantemente en los clichés del género, especialmente al presentar una mujer madura que ejerce el poder y un hombre joven que abraza una posición de sumisión sin convertirlo en objeto de humillación. Aunque su tercer acto pierde parte de la fuerza y el ingenio del resto de la película, y algunos personajes secundarios quedan desaprovechados, Gregg Araki consigue regresar con una obra fresca, descarada y sorprendentemente accesible que utiliza el sexo no solamente para provocar, sino para hablar de poder, consentimiento, deseo y, sobre todo, de las enormes diferencias entre la manera en que distintas generaciones entienden la sexualidad.

Quiero tu sexo ya se encuentra en las salas de cine de México.

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Quiero tu sexo (I want your sex) | Reseña
Overall
4.5
  • Dirección
  • Actuaciones
  • Guion
  • Escenas eróticas y desnudos

Quieto tu sexo | Reseña

Quiero tu sexo funciona mejor cuando se deja llevar por su lado de comedia sexual y por la extraordinaria dinámica entre Olivia Wilde y Cooper Hoffman. Es una película divertida, provocadora y visualmente llamativa que consigue hablar de temas incómodos sin caer constantemente en los clichés del género, especialmente al presentar una mujer madura que ejerce el poder y un hombre joven que abraza una posición de sumisión sin convertirlo en objeto de humillación. Aunque su tercer acto pierde parte de la fuerza y el ingenio del resto de la película, y algunos personajes secundarios quedan desaprovechados, Gregg Araki consigue regresar con una obra fresca, descarada y sorprendentemente accesible que utiliza el sexo no solamente para provocar, sino para hablar de poder, consentimiento, deseo y, sobre todo, de las enormes diferencias entre la manera en que distintas generaciones entienden la sexualidad.

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