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“AVATAR: EL CAMINO DEL AGUA” | Reseña sin spoilers
Trece años es demasiado tiempo para intentar revivir una franquicia ¿O no? James Cameron se atreve a lo impensable en su nueva entrega, pero acá te contamos si tiene o no lo necesario para conquistar al público (otra vez).
Después de numerosos retrasos regresa la historia que nos presentó a los Na’vi y al planeta Pandora, como si el tiempo no hubiera pasado, James Cameron retoma su creación a partir de donde la dejó en 2009 e intenta continuar el crecimiento de este universo que, aunque con algunos detractores, se convirtió en la película más taquillera y se nota la intención de repetir la hazaña.
Para lograr lo anterior James Cameron cuenta con un presupuesto de más de 250 millones de dólares, el retorno de los actores originales para los papeles principales, así como interesantes añadiduras tanto en personajes como expansión del universo. Hasta aquí todo suena muy bien, pero ¿tiene los elementos narrativos para conseguirlo? Continúa leyendo para enterarte de nuestra opinión.

¿DE QUÉ TRATA “AVATAR: EL CAMINO DEL AGUA”?
La película inicia con un breve resumen de lo ocurrido en la primer película para poner contexto de la vida actual de Jake Sully (Sam Worthington) ahora como Toruk Makto y su pareja Neytiri (Zoe Saldana), quienes años después de expulsar a “la gente del cielo” ahora tienen cuatro hijos: Neteyam (Jamie Flatters) el mayor y más responsable; Lo´ak (Britain Dalton), el más rebelde de todos, la pequeña y tierna Tuk (Trinity Jo-Li Bliss); además de Kiri (Sigourney Weaver), cuyo misterioso origen será crucial para el destino de esta familia.
Todo marcha en aparente paz para la familia Sully y la tribu Na’vi cuando una nueva estrella en el cielo perturba la calma, el regreso de “la gente del cielo” es inevitable y con ello comienza una guerra civil por el control de Pandora, enfrentamiento en el que el Toruk Makto es el objetivo principal, pero consciente de que ya no está solo tiene que cambiar de estrategia y contemplar un posible exilio. Este es el arranque de una historia que explora más rincones del vasto planeta Pandora, que dará pie a nuevas amenazas en nuevos entornos y de nueva cuenta el mensaje ecológico acompañado de mucha acción.

LO BUENO
La grandiosidad de las imágenes siempre cobijadas de una música de tintes épicos son una constante y visibles desde los primeros segundos de la película, yo tuve la enorme oportunidad de asistir a una sala IMAX 3D y (aunque depende de los gustos), todas las imágenes se ven aumentadas por el enorme tamaño y calidad de la pantalla, así como del sonido envolvente que es constantemente explotado con un buen diseño sonoro que le da mucha vida a los sonidos de fondo, todo lo anterior en conjunto le dan a la experiencia una sensación inmersiva que nos coloca en una posición de testigo privilegiado en el desarrollo de la historia.
Se nota cada dólar invertido en la producción y detalle tecnológico que intentan maravillarnos con los enormes paisajes de un bello planeta como Pandora (vegetación y fauna incluida), así como el aspecto hiperrealista de cada uno de los elementos que componen la historia, un trabajo fino y detallado que hacen de su parte visual todo un agasajo, sobre todo en el entorno marino en el que James Cameron le da rienda suelta a su obsesión y nos deja en claro que sus años de experiencia como documentalista en las profundidades del océano han rendido frutos.
El cierre de la historia es trepidante y lleno de acción en diversos frentes, por lo que la conceptualización de las coreografías en las escenas de combate cuerpo a cuerpo, pero también en los ambiciosos enfrentamientos a mayor escala lucen muy bien, dotando a la película de una tensión que parecía haber olvidado durante el resto de la película.

LO MALO
Me hubiera encantado hacer mención del trabajo actoral por parte del gran reparto (como el esfuerzo de Kate Winslet por mantener la respiración por más de siete minutos) y sin embargo en muchos momentos se reduce a un simple trabajo de voz, y no porque no hayan participado activamente en las escenas durante la película, sino porque el CGI hace que se nos olvide que debajo de capas y capas de efectos especiales están los actores, de cierta manera esto podría ser un cumplido, pero en mi opinión le resta expresividad y labor actoral a pesar de los grandes esfuerzos del equipo por mostrarnos personajes “reales”.
Tres horas y 12 minutos es demasiado para cualquier película, pero en el caso de “Avatar” lo que ocurre es que gran parte de esa duración consiste meramente en regodearse de los alcances efectistas que puede tener la presentación de escenarios increíbles e irreales, mucho de ese tiempo es consumido casi de manera documentalista para mostrarnos la belleza del lugar, sin que necesariamente aporte algo a la narrativa y a la par, es increíble que durante tanto tiempo el mejor arco narrativo lo tenga la fauna del lugar (sin ser más específico para evitar spoilers), el guion falla tremendamente en darle una mayor conexión a los personajes para con el público, así como olvidar (u ocultar información para próximas entregas), algunas situaciones importantes que le brindarían un mejor cobijo narrativo.
La amenaza y en general la situación que da origen al conflicto de toda la película es muy parecida a la que se nos presentó en la primer entrega, lo que le da por momentos un sentimiento repetitivo (quizá demasiado literal en una amenaza específica) y la tensión se pierde cuando queda claro que esa amenaza puede ser eterna, se pierde el sentido de peligro pero también el sentimiento de victoria por encima de “los malos”.
No todo es perfecto en el mundo CGI de Pandora y no son pocas las ocasiones que lo que vemos en pantalla es más bien un juego de video hiperrealista, sobre todo en las escenas de acción que tienen hasta el mismo movimiento de cámara y estilo (como de “cámara lenta”), es en estos momentos en los que el CGI flaquea, pero en realidad y a pesar de los evidentes grandes esfuerzos, Pandora nunca se siente real y siendo muy exigente, tampoco su poca interacción con los personajes humanos, las texturas, los fondos, hasta los animales y vegetación logran un acabado soberbio, son los personajes y sus expresiones faciales y físicas las que aún se ven limitadas y da la constante sensación de que lo que estamos viendo es una caricatura de altísimo presupuesto.

VEREDICTO
La experiencia positiva de cada espectador podría resumirse a dos vertientes principales, si ustedes son fanáticos de la primera entrega no hay manera de que salgan desilusionados, “Avatar: El camino del agua” es muy superior en todos los sentidos tecnológicos y visuales a su predecesora, la segunda opción depende si estás dentro de los espectadores que consideran una sala de cine como un gran entretenimiento, en este sentido el gran espectáculo visual hará que su duración no sea solamente soportable sino que les brinde una sensación de haber visto algo nuevo por primera vez (aunque cualquier parque de Disney ofrece una experiencia bastante similar en cuanto a la inmersión sensorial brindada por este show de tres horas).
Sin embargo, los que (como yo) no quedaron muy contentos con su predecesora, no esperen más fondo que forma, la película ofrece muy poco argumento como para justificar una duración tan larga, la construcción de personajes es débil, el reciclaje de ideas se hace presente y todo funciona con el único objetivo de darnos un golpe sentimental que no llega debido a la falta de empatía hacia los personajes, cambios de actitud casi incomprensibles en un par de ellos, así como una lenta (pero visualmente asombrosa) narrativa que pretende rescatarse a sí misma en su ambicioso tercer acto.
Pero como siempre, el mejor juicio lo tendrán ustedes y podrán satisfacer su curiosidad a partir de hoy en su estreno nacional, por mi parte (y a pesar de esperar muy poco de ella), considero que es una película destinada a recaudar taquilla con sus enormes efectos especiales, pero que no estoy tan seguro que rebase a su predecesora con unos efectos más avanzados, pero también con un público (espero) más exigente trece años después.
Cine
Sam Neill, el Dr. Alan Grant en Jurassic Park, fallece a los 78 años
Sam Neill, cuya carrera incluyó papeles memorables en la franquicia de Jurassic Park y Event Horizon, falleció, según un comunicado oficial

El aclamado actor Sam Neill, cuya carrera incluyó papeles memorables en la franquicia de Jurassic Park y Event Horizon, falleció, según un comunicado oficial de su familia.
Esta mañana se conoció la trágica noticia del fallecimiento del actor Sam Neill a los 78 años, según informes procedentes de Nueva Zelanda.
La noticia fue compartida inicialmente por su familia a través de la cuenta oficial de Instagram de Neill, antes de ser confirmada por varios medios de comunicación importantes.
Para millones de cinéfilos, Neill será recordado para siempre como el Dr. Alan Grant, el ingenioso paleontólogo que se convirtió en uno de los rostros más emblemáticos de la franquicia de Jurassic Park.
Su interpretación del reacio experto en dinosaurios lo catapultó a la fama y consolidó su lugar en la historia del cine.
El gran legado de Sam Neill
Es el tipo de papel estelar que define una carrera y que perdura para siempre tanto en el actor como en el público.
Pero este neozelandés dedicó más de cincuenta años a construir una trayectoria increíblemente ecléctica en Hollywood.
Mucho antes de ser perseguido por dinosaurios, ya cautivaba al público con intensos dramas como Calma mortal y la obra maestra de Jane Campion, ganadora del Óscar, El piano.
El público televisivo adoraba a Neill tanto como los cinéfilos.
Ofreció una clase magistral de villanía como el implacable inspector jefe Chester Campbell en Peaky Blinders.
Décadas antes, recibió una nominación al Emmy por dar vida al famoso mago Merlín en la exitosa miniserie de NBC de 1998.

Sin embargo, lo que realmente distingue a Neill es su disposición a transitar entre géneros muy diferentes.
Puede pasar sin problemas de un aterrador descenso a la locura en el éxito de culto de ciencia ficción y terror Event Horizon a una interpretación conmovedora y excéntrica en la comedia independiente Hunt for the Wilderpeople de Taika Waititi.
Recientemente, el actor anunció en abril de este año que estaba libre de cáncer.
Pero parece que su enfermedad, o los esfuerzos extremos que requirió para combatirla, le pasaron factura.
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Cine
Duna: Parte Tres muestra el lado despiadado de Paul Atreides
Ya está aquí el primer tráiler completo de Duna: Parte 3, y todo apunta a que será la entrega más oscura de la trilogía

Ya está aquí el primer tráiler completo de Duna: Parte 3, y todo apunta a que será la entrega más grande y oscura de la trilogía, mientras Paul Atreides se propone consolidar su poder.
Se ha estrenado un nuevo tráiler de Dune: Parte 3, y está claro que Avengers: Doomsday tendrá una dura competencia el 18 de diciembre en cuanto a espectacularidad se refiere.
La tercera entrega se proyectará exclusivamente en IMAX durante las fiestas, y el director Denis Villeneuve ha creado una película que sin duda merece estar allí.
Esta grandiosa conclusión de la trilogía presenta rostros nuevos y conocidos, junto con las esperadas batallas épicas que elevan la intensidad respecto a las dos primeras entregas.
También se ha confirmado que un avance extendido de la tercera entrega de Dune se proyectará junto con las funciones de IMAX de La Odisea a finales de este mes.
La historia de Duna: Parte Tres
Duna: Parte Tres se sitúa casi dos décadas después de que Paul Atreides tomara el control del Imperio.
Ahora, convertido en un emperador despiadado, Paul debe afrontar las consecuencias de su reinado mientras viejos aliados regresan, surgen nuevas y aterradoras amenazas y la traición acecha en cada sombra.
Atormentado por visiones del colapso del Imperio y la reaparición de su amor perdido, Paul se ve envuelto en una vasta conspiración, con Chani en el centro del misterio que se va desvelando.
Mientras la rebelión se gesta y los enemigos se acercan, Paul debe afrontar el verdadero precio del poder y el destino de sus seres queridos.
Duna: Parte 3 se estrena en cines el 18 de diciembre, aunque su lanzamiento internacional comienza un poco antes, el 16 de diciembre.
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Cine
MOANA| Reseña
Moana regresa en una nueva adaptación en acción real del clásico animado de Disney y lejos de sorprender deja mucho que se pudo mejorar

Para quienes conocen y aman la película de 2016, será difícil evitar la sensación de que el viaje ya estaba contado de una mejor manera.
Los remakes o adaptaciones en acción real suelen tener sentido cuando una obra ha envejecido lo suficiente como para merecer una modernización que la acerque a nuevas generaciones: independientemente de que algunas hayan sido mejores recibidas que otras, la mayoría de los live-action de Disney encontraban una justificación bajo esa premisa; Moana, sin embargo, rompe por completo esa lógica y es que la cinta animada original apenas tiene diez años de haber llegado a los cines y, además, recibió una secuela apenas hace dos años.
Es una franquicia que sigue completamente vigente en la memoria del público, por lo que resulta inevitable preguntarse si realmente existía la necesidad de volver a contar exactamente la misma historia en formato de acción real, la respuesta, al menos tras verla, es que este remake apenas y logra sostenerse gracias a su propia historia que sigue siendo emotiva por sí misma, pero difícilmente logra justificar su existencia y a continuación les cuento el porqué.
“Yo soy Moana”.
Moana (Catherine Laga´aia) regresa en una nueva adaptación en acción real del clásico animado de Disney. Elegida por el océano para devolver el Corazón de Te Fiti a la propia Diosa, emprenderá una misión que definirá el destino de su pueblo, la joven navegante deberá abandonar la seguridad de su isla y adentrarse en una peligrosa travesía a través del Pacífico. En el camino unirá fuerzas con el semidiós Maui (Dwayne Johnson), enfrentándose a criaturas legendarias, antiguos desafíos y descubriendo que el verdadero liderazgo consiste en encontrar su propio camino y confiar en sí misma.
Lo mejor.
Si hay algo que sostiene a esta nueva versión es que respeta casi por completo la historia del clásico animado (sino es que en su totalidad). El viaje de Moana conserva toda la carga emocional que la convirtió en uno de los trabajos recientes de Disney más populares y exitosos: el llamado a descubrir quién eres realmente, encontrar tu propio camino, desafiar las expectativas y comprender que el verdadero liderazgo nace de escuchar tanto a los demás como a uno mismo. Ese mensaje continúa siendo igual de poderoso y, afortunadamente, la película evita alterar aquello que ya funcionaba desde el inicio.
También hay que reconocer el trabajo realizado en el apartado visual (no confundir con la caracterización de cierto personaje principal); los efectos especiales consiguen trasladar buena parte de la espectacularidad de la animación hacia un estilo mucho más cercano al hiperrealismo. El océano, las criaturas fantásticas y varios de los momentos más icónicos lucen convincentes en líneas generales, demostrando un alto nivel técnico.
La música
La banda sonora permanece prácticamente intacta, una decisión que se agradece enormemente,temas como “How Far I’ll Go” siguen siendo el corazón emocional de la película y mantienen gran parte de su impacto.
En cuanto a las actuaciones, son en general buenas y cumplidoras, Por su parte, Catherine Laga´aia como Moana entrega una actuación comprometida y hace todo lo posible por transmitir el carisma y la determinación del personaje, aunque ciertas escenas o decisiones dentro de esta adaptación no le favorezcan para sobresalir ni aportar un sello propio que permita diferenciarla de la versión animada.
Lo malo.
El mayor tropiezo de la película tiene nombre propio: Maui; resulta sorprendente que un personaje tan importante termine siendo uno de los aspectos menos convincentes del remake. Dwayne Johnson interpreta al semidiós al que ya dio voz en la versión animada, pero su caracterización dista mucho de funcionar y es que durante buena parte del metraje da la impresión de estar usando una peluca poco natural que jamás termina de integrarse con su apariencia, haciendo que sea difícil dejar de pensar que estamos viendo al actor disfrazado y no al personaje.
La mala caracterización
En cuanto a su físico, Disney optó principalmente por un traje prostético de aproximadamente 40 libras (unos 18 kg), complementado con maquillaje y retoques digitales, en lugar de construir completamente al personaje mediante CGI. El problema es que el resultado final tampoco convence y no es que el traje luzca falso, de hecho por sí mismo “luce bien”, el problema es que contrasta demasiado con la cara y su complexión de la Roca y termina entrando en ese incómodo “valle inquietante”, donde nunca parece completamente real.
Otro problema importante es que, precisamente por tratarse de un copy-paste casi escena por escena de la película animada, quedan expuestas las limitaciones del formato live-action: hay secuencias que funcionaban perfectamente en animación gracias a la exageración de gestos, expresiones y ritmo caricaturesco. Al trasladarlas prácticamente sin modificaciones a actores reales, algunas terminan sintiéndose rígidas, forzadas o incluso incómodas, como si estuvieran ahí únicamente para replicar el material original en lugar de adaptarlo al nuevo lenguaje cinematográfico.
A ello se suma que en diversas escenas resulta evidente el uso de pantalla verde y en gran medida se nota en la iluminación poco natural en varios de los escenarios tropicales. Aunque el trabajo visual suele ser sólido, hay momentos donde la iluminación no termina de integrarse con los personajes y el artificio termina rompiendo la inmersión. Esta sensación de exceso de efectos digitales ha sido una de las observaciones más repetidas entre la crítica internacional.
Conclusión sobre Moana
Moana (live-action) no es una mala película porque sigue apoyándose en una historia extraordinaria que continúa emocionando una década después, el problema es que casi todo lo que funciona ya estaba presente en la versión animada.
Más que ofrecer una reinterpretación o una nueva visión, Disney entrega una copia extremadamente fiel (lo cual fue su mayor acierto ya que eso es lo que la mantiene a flote) y que, salvo por algunos efectos visuales y el cambio al formato de acción real, es una adaptación entretenida y visualmente competente, pero también una de las más innecesarias (y eso ya es decir mucho) que ha realizado el estudio. ¿La recomiendo? Sí, pero principalmente para los mayores fans de Moana y para las niñas y niños del hogar quienes probablemente disfrutarán la aventura sin detenerse en los problemas de caracterización, las escenas que se sienten forzadas o los momentos donde la pantalla verde resulta evidente.
Para quienes conocen y aman la película de 2016, será difícil evitar la sensación de que el viaje ya estaba contado de una mejor manera.
Moana llega a las salas de cine este 09 de julio.
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Moana (2026) | Reseña sin spoilers
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Efectos especiales
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Fotografia e iluminación
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Actuaciones
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Dirección
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Caracterización
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Moana (live-action) no es una mala película porque sigue apoyándose en una historia extraordinaria que continúa emocionando una década después, el problema es que casi todo lo que funciona ya estaba presente en la versión animada. Más que ofrecer una reinterpretación o una nueva visión, Disney entrega una copia extremadamente fiel (lo cual fue su mayor acierto ya que eso es lo que la mantiene a flote) y que, salvo por algunos efectos visuales y el cambio al formato de acción real, es una adaptación entretenida y visualmente competente, pero también una de las más innecesarias (y eso ya es decir mucho) que ha realizado el estudio. ¿La recomiendo? Sí, pero principalmente para los mayores fans de Moana y para las niñas y niños del hogar quienes probablemente disfrutarán la aventura sin detenerse en los problemas de caracterización, las escenas que se sienten forzadas o los momentos donde la pantalla verde resulta evidente.














